En el libro
de texto de Física piden hacer una práctica de laboratorio con los alumnos de
telebachillerato comunitario. Es un ejercicio sencillo: hay que analizar la
alcalinidad de la tierra. Pero los alumnos del plantel de la comunidad de San
Francisco, municipio de Altamirano, a siete horas de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas,
tienen problemas para hacer la práctica.
No hay laboratorio ni reactivos para hacer los análisis. De hecho, apenas
tienen lo mínimo indispensable para tomar las clases.
“Si apenas tenemos dos aulas de
madera y lámina con piso de tierra. Solo una vez a la semana hay luz. No
tenemos agua. Los alumnos conocen una computadora porque otro profesor ha
traído la suya”,
explica Gladys Hernández, profesora del telebachillerato.
Los telebachilleratos comunitarios
eran parte central de la promesa del gobierno de Enrique Peña Nieto para
ampliar la cobertura de la educación media superior y facilitar que los jóvenes
de más escasos recursos tuvieran acceso a escuelas de calidad. No cumplió ni lo
uno ni lo otro.
Los
telebachilleratos comunitarios (TBC) se
crearon en 2013 con el objetivo de ampliar la oferta educativa a los jóvenes de
comunidades de menos 2,500 habitantes y donde no hubiera una preparatoria en 5
kilómetros a la redonda. Emilio Chuayffet, entonces secretario de Educación,
prometió que al final del sexenio habría 7 mil 500 TBC en todo el país. Cinco
años después apenas hay 3 mil 310.
De acuerdo
con información proporcionada por la Secretaría de Educación Pública (SEP) a
través de Transparencia, en el ciclo
escolar 2012-2013 había 99 mil 787 localidades de menos de 2 mil 500 habitantes
sin una escuela de educación media superior en un rango de 5 kilómetros a la
redonda. 3 mil 310 TBCs cubren apenas 3 % de ese total.
Tampoco se logró llevar educación de
calidad a los más desprotegidos. Los alumnos de los TBC tienen los peores
resultados en la prueba PLANEA. Más del 80 % de ellos no puede hacer
operaciones con fracciones ni con variables. El 60 % no es capaz de comprender
un texto complejo.
Christian
Solórzano, director de la Oficina de Apoyo a Proyectos Institucionales y
experto en Educación de El Colegio de México (Colmex) es contundente: “¿Qué se puede esperar si se les da un
servicio educativo pauperizado? Como la estrategia fue política (para cumplir
la promesa de la cobertura a los más necesitados) optaron por los TBC, la
opción más barata. No importó que con ellos se siga reproduciendo la
desigualdad”.
Sylvia
Ortega, subsecretaria de Educación Media Superior de la SEP, reconoce que los telebachilleratos tienen
las peores condiciones de infraestructura y equipo. Ella misma confirma que
solo 18 % tiene instalaciones propias. 54 %, mobiliario escolar adecuado. 94 %,
luz. Y sólo 19 % tiene conectividad.
Pero
justifica afirmando que es una modalidad nueva, y le traslada el reto de hacer
las mejoras a la administración de Andrés Manuel López Obrador. “Ya se han
recogido las recomendaciones del Instituto Nacional de la Evaluación Educativa
(INEE) –dice Ortega– ya hay una ruta de atención que la siguiente
administración decidirá cómo sigue para lograr que el TBC cumpla con lo que
dijimos que debe lograr: acceso, oportunidad, calidad”.
Los ahorros.
Los telebachilleratos se
constituyeron como programa federal en agosto de 2013. En la etapa piloto, en
ese año, se pusieron en operación 253. Un año después, en 2014, se abrieron mil
491. Para el ciclo escolar 2017-2018 había ya 3 mil 310 en todo el país, con un
total de 121 mil 491 estudiantes.
De acuerdo
con información de la Secretaría de Educación Pública, en el ciclo escolar 2012-2013, la población de entre 15 y 17 años en
las comunidades de menos de 2 mil 500 habitantes era de 583 mil 667 y de un
millón 051 mil 487 personas de entre 18 a 24 años de edad. Los más de 121 mil
estudiantes reportados en TBC representan solo 7.4 % de ese total.
Como en 2013 se arrancó solo una fase
piloto, el gobierno toma como arranque real el 2015. En la página de la
Dirección General de Bachillerato (DGB) de la SEP se registra que de la
generación 2015-2018 se graduaron de los TBC solo 27 mil 179 estudiantes.
La administración de Peña Nieto ha
ahorrado en estos centros por donde ha podido. De acuerdo con información
proporcionada vía Transparencia, de 2015 a 2017 se autorizaron 2 mil 898
millones 752 mil 233 pesos de presupuesto para telebachilleratos comunitarios.
Eso quiere decir que si en 2017 había 3 mil 032, el gasto promedio en cada
plantel fue de menos de un millón de pesos.
Eso es
factible, porque el gobierno federal
solo se encarga de cubrir los sueldos de los tres profesores de cada plantel,
durante el primer año. Al segundo año es 50 % presupuesto federal y 50 %
presupuesto del gobierno estatal. Lo demás corre por cuenta de la comunidad.
“Se le ha transferido el costo de la
educación a quienes menos tienen. Así es desde preescolar y primaria con los
servicios ofrecidos a través del Consejo Nacional de Fomento Educativo
(CONAFE)”, dice
Solórzano.
Para el
gobierno, los alumnos de
telebachillerato comunitario son los más baratos de todo el sistema de media
superior. En 2017, cuando el presupuesto para ese año de TBC fue de 954
millones 830 mil 824 pesos, se reportó que había 120 mil 002 alumnos. El gasto
por cada uno fue entonces de 7 mil 956 pesos. En cambio, la UNAM reportó que en
ese mismo año gastó 48 mil 712 pesos por alumno de educación media superior.
Casi siete veces más que en los de TBC.
Sin espacios
para el estudio.
Para no construirle planteles a los
telebachilleratos se aprovechó la infraestructura de las telesecundarias. La
idea era ocupar el espacio en las tardes, en contraturno. 82 % de los TBC
operan en instalaciones compartidas. La convivencia no ha sido feliz.
A pesar de que los responsables del
TBC han seguido los trámites estipulados por la SEP para que puedan hacer uso
de las instalaciones de las telesecundarias, el problema principal ha sido que
los directores de esos planteles no tienen siempre la disposición para abrir
sus espacios, de acuerdo con un estudio del INEE.
Por lo
general, los directivos consideran que
ponen en riesgo la integridad de sus instalaciones, del mobiliario y de los
materiales con los que cuentan.
“Ésta es la tercera instalación en la
que estamos. La primera nos la prestó la comunidad. Estudiamos ahí un ciclo.
Como creció la matrícula nos tuvimos que mover. Nos pasamos a una bodega. No
teníamos baño. Nos lo prestaba una vecina. Al siguiente ciclo nos fuimos a otra
casa”, contó un
responsable de TBC de Veracruz para el informe del INEE.
Cuando sí conviven telebachillerato y
telesecundaria, los estudiantes de un nivel y otro se acusan de causar
desperfectos o de robar material. Con tanto conflicto los preparatorianos no
sienten los planteles como propios.
En el
reporte del INEE aparece el testimonio de un estudiante de TBC de Morelos sobre
cómo le gustaría que fuera su escuela. “Que
estuviéramos aparte, no aquí, porque luego los maestros de telesecundaria son
muy delicados, que si les falta algo se enojan con nosotros y quieren que lo
paguemos”.
Además de los problemas de espacio,
los planteles tienen carencia de mobiliario e infraestructura. Los mesa-bancos
se consiguen por donaciones. No hay laboratorios ni bibliotecas.
Del trabajo en el plantel y los
servicios, lo que no hacen los docentes lo hace la comunidad. Cada TBC tiene un
comité de padres. Su principal tarea es obtener recursos económicos.
“Acá en Delgado de Arriba (municipio
de Comonfort, Guanajuato), los papás pusieron una tiendita. Venden alimentos
sencillos en el receso. Las ganancias son para comprar escobas, trapeadores o
para los pasajes de alguna salida de los muchachos”, cuenta en entrevista Erasto,
profesor de TBC de ese estado.
Los docentes
peor pagados.
Las reglas
de operación de los TBC dicen que
durante el primer año el gobierno federal se encargará del pago de tres
docentes. Al segundo año el gobierno del estado deberá pagar 50 % de esos
sueldos y de los costos de operación.
Uno de esos
tres docentes es también responsable del centro. “Aquí tú eres la encargada de becas, de control escolar, eres la
psicóloga, la enfermera, la mamá, el papá... no tengo a alguien que me ayude.
No, yo hago todo”, confirmó una encargada de un TBC en Sonora para el informe
del INEE.
La mayor parte de estos encargados no
están capacitados en gestión directiva y como cada plantel se organiza como
puede, el funcionamiento depende de qué tan bien se lleven los tres docentes.
Si hay conflicto eso será un problema más.
Sólo 89 % de los profesores de estos
centros tiene licenciatura. Su edad promedio es de 32 años. Cada uno se encarga
no de una materia o un grado, sino de un área completa para los diferentes
semestres: Matemáticas y Ciencias Experimentales, Ciencias Sociales y Humanidades
y Comunicación.
Les toca impartir asignaturas en las
que no son expertos. “Cuando llegué aquí participé para el examen de
Matemáticas. No me imaginé que iba a dar clases de Salud, de Biología. No me
imaginaba dando esas clases. Fue extraño y sí me pusieron a parir cuates”, confesó para el INEE una profesora
de Telebachillerato de Veracruz.
Gabriela De
la Cruz –investigadora de Equidad educativa del Instituto de Investigaciones
sobre la Universidad y la Educación de la UNAM– dice que tres docentes no bastan. “Si a los profesores se les complica
dar una asignatura, imagina cuando deben dar clases por área y en diferentes
semestres”. Y aunque se supone que hay televisión educativa, videos y libros,
“en comunidades donde no hay luz o no hay internet, como en la mayoría de las
escuelas, ¿cómo le hacen?”.
Los profesores de los TBC tienen las
peores condiciones laborales. Están bajo el esquema de honorarios y no tienen
prestaciones. Solo en algunas entidades les dan acceso a los servicios públicos
de salud.
Erasto, el
profesor de TBC de Guanajuato, dice que
gana 8 mil pesos al mes, pero está por honorarios y debe firmar un nuevo
contrato cada seis meses. No tiene prestaciones. “Apenas nos acaban de pedir
que nos afiliemos al seguro”.
Hay estados donde están mucho peor.
“No firmé un contrato. Solo una cosa que le llaman hoja de presentación. Ahí
dice que somos docentes voluntarios. Un abogado me confirmó que eso no sirve
para una demanda. No tengo ninguna prestación, ni siquiera seguro médico. De septiembre
de 2017 a mayo pasado solo me estuvieron pagando 50 % de mi sueldo. Solo la
parte que le corresponde saldar al gobierno federal. El gobierno del estado no
nos estaba pagando”,
cuenta Gladys.
La entidad que menos gasta en sus
profesores de telebachillerato comunitario es Nuevo León. De acuerdo con la información
proporcionada vía transparencia y datos del INEE, del presupuesto federal asignado de 2015 a 2017, ese estado gastó 257
mil 062 pesos en cada docente de TBC. Mientras en San Luis Potosí, la suma
llegó a un millón 21 mil 356 pesos por cada maestro.
Resultados a
la baja.
Los resultados de los estudiantes de
TBC en la prueba Planea 2017 son los peores de todo el país. En lenguaje y
comunicación, 60.8 % se encuentra en el nivel de logro I. No pueden comprender
textos extensos y complejos, ni identificar el proceso de investigación para
construir conocimiento. El promedio nacional en ese nivel es de 33.9 % y en el
bachillerato autónomo (prepas de la UNAM o la UAM) es de 20.4 %.
En matemáticas, 81.6 % de los alumnos
de TBC tiene nivel de logro I. Se les dificulta realizar operaciones con
fracciones y las que combinen incógnitas o variables. En ese nivel de logro se
ubica el 66.2 % del promedio nacional. En las prepas autónomas, 52 % tiene ese
resultado.
Las malas
condiciones del nivel preparatoria no son el único problema. El atraso en los aprendizajes es
acumulativo en los estudiantes de TBC. La mayoría viene de primarias multigrado
y de telesecundarias donde el nivel académico es bajo. El idioma es otro
problema. 13.6 % de los alumnos de TBC no tiene el español como primera lengua
y aunque lo entienden prefieren no hablarlo, les da pena.
“Yo entiendo el tojolabal –dice
Gladys– que es el idioma de aquí de la comunidad. Los muchachos me preguntan en
tojolabal y yo les contesto en español. Así nos entendemos. Muchos vienen y me
preguntan también de otras materias y les ayudo, porque como los otros
profesores no entienden su lengua, prefieren no preguntarles”.
¿Cuál
debería ser la estrategia?
En lugar de darle la educación más
pobre a los más desfavorecidos y reproducir la desigualdad, dice la
investigadora de la UNAM, Gabriela De la Cruz. “A quienes menos tienen se les
debe ofrecer más, tanto en recursos económicos como en instalaciones, en
formación y actualización docente y en oferta complementaria a la formación
escolar para compensar sus deficiencias de origen social y cultural”.
Cristian
Solórzano, investigador de El Colmex,
considera que sería mejor contemplar otros modelos de atención, como el de
Australia, donde en lugar de llevar la escuela a los alumnos de cada comunidad,
se les trasladan a los centros ya consolidados en infraestructura y personal.
“Se podría garantizar el transporte gratuito para todos, y aprovechar la infraestructura
que en muchas localidades se ha construido”.
La
subsecretaria de Educación Media Superior de SEP, Sylvia Ortega, dice que lo que se requiere es apoyo para
fortalecer las condiciones actuales de los TBC, como reorganizar su
operatividad e incorporarlos a los cuerpos colegiados que son el gobierno de la
media superior, como las comisiones estatales, donde hasta ahora no participan.
Además, hay que incrementar la inversión,
fortalecer las condiciones laborales de los docentes, capacitarlos en la
práctica y a los responsables en funciones directivas. Evaluar la calidad de
los programas y planeaciones pedagógicas. Asegurar instalaciones adecuadas
(aulas, sanitarios, biblioteca y laboratorio), explica. Y formalizar los
programas de apoyo a los estudiantes.
¿Por qué no
se pudo avanzar en este sexenio en esos puntos?, se le pregunta.
- Porque esto empezó en 2013. Lleva
tres ciclos escolares. Creció muy velozmente. No se pudo avanzar porque recién
estamos reconociendo que estos son los rasgos que se deben fortalecer. Ahora
hay que decirles: oigan no, no son de última categoría, no son de tercera. Son
una opción y si no los fortalecemos y resolvemos estos problemas, que
básicamente son de inversión, sí se van a hacer de tercera.
Van entonces 131 mil estudiantes de
los estratos más desfavorecidos que fueron un ensayo fallido de inclusión,
durante este sexenio, en la educación media superior del país.
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