Enrique
Galván Ochoa.
A una
economía global ya en crisis por el avance del coronavirus, ayer se sumó otra
tragedia. Los precios del petróleo cayeron hasta 30 por ciento en segundos,
tras la apertura del mercado el domingo por la noche, después de que Arabia
Saudita lanzó una guerra de precios que llevó al crudo a su nivel más bajo en
cuatro años. El Brent, el punto de referencia que sigue Europa, bajó de 45
dólares por barril a 31.52 en una de las mayores caídas de un día en su
historia. El West Texas –seguido por México– bajó 22.2 por ciento, a 30
dólares. Sin duda esta caída afectará al precio del petróleo de exportación de
Pemex. El viernes cerró en 35.75. Será esta tarde cuando la petrolera informe
el nuevo precio. Hay que tomar en cuenta que Hacienda adquirió un seguro que garantiza
un precio mínimo de 49 dólares por barril. Las monedas de los países
productores de petróleo fueron golpeadas. El dólar canadiense cayó 1.3 por
ciento frente al dólar, mientras la corona noruega descendió hasta 4.7 por
ciento a su nivel más bajo frente al dólar desde 1985, según datos de Reuters.
El peso no se salvó. Cotizaba en 21.17 por dólar, con una pérdida de 5.33
frente a los 20.10 del precio del viernes.
Ayer el
grito, hoy el paro.
Si no se
hubieran colado personajes de sospechosa filiación que provocaron brotes de
violencia y causaron daños a bienes de terceros como edificios, incluso la
agresión directa con gases a las mujeres policías que resguardaban el Palacio
Nacional, la marcha del M8 de ayer en la capital del país hubiera sido impecable:
una gran causa y un número de participantes que las autoridades calcularon en
80 mil personas, tal vez más. Salieron a decir ya basta a los feminicidios y a
toda forma de violencia contra la mujer. De las muertas de Juárez (1993) a la
fecha se ha acumulado un cementerio espeluznante. Justo también el reclamo al
Estado por su incapacidad de detener el derramamiento de sangre o de
incrementarlo como Felipe Calderón, con su narcoguerra orquestada por dos
narcos presos hoy en NY. Tampoco el gobierno actual de la 4T ha logrado detener
la ola funesta y hubo expresiones en el sentido de que en recientes semanas
López Obrador puso más atención a la rifa del avión. Ayer estuvo en Fresnillo y
dijo que se van a acabar los feminicidios y los crímenes de odio porque estamos
trabajando todos los días. Agregó: Que nadie se confunda, que nadie quiera
manipular la violencia en contra de las niñas y las mujeres no es compatible
con nuestros ideales, no lo queremos ni lo vamos a permitir en el gobierno de
la Cuarta Transformación, estamos ocupando todos los días en combatir la
violencia, atacando sus causas y sus efectos. Sin embargo, en la marcha de ayer
estuvo ausente el espíritu de la 4T. Después de las elecciones del 1º de julio
de 2018 la energía popular que generó fue dilapidada por Morena, sumido en sus
divisiones internas. No acertó a seguir abanderando causas ciudadanas, como el
reclamo contra la violencia. Parte de esa energía es la que se manifestó en la
marcha, sólo que ya no fue a su favor. Ayer fue el grito, hoy sigue el
silencio: el paro nacional de mujeres con el que nos demostrarán cómo sería la
vida sin ellas.
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