Enrique
Quintana.
Hay personas
que me han preguntado con frecuencia: ¿cuándo regresaremos a la situación que
teníamos antes?
La respuesta
es que esa ‘normalidad’, que prevaleció incluso hasta febrero… ya no la
volveremos a ver. Despidámonos de ella.
El mundo ya
no será el mismo y la vida diaria tampoco. Hoy, permítame hablar del entorno y,
en una próxima entrega, de nuestra vida de todos los días.
Algunas
ideas de este texto derivan de lo que ha escrito el presidente de Eurasia
Group, Ian Bremer, y otras son de mi cosecha.
Y, desde
luego, son reflexiones completamente debatibles.
1.- Habrá
una fuerza creciente en contra de la globalización. Aunque es algo que ya se
había observado desde el Brexit y la elección de Donald Trump, este proceso va
acentuarse. La razón es la globalización lo que le ha dado una dimensión sin
precedente a esta pandemia. Las reacciones de la población en contra del mundo
interconectado e interrelacionado van a intensificarse.
2.- Se
afianzarán aún más los populismos y los nacionalismos. Precisamente por el
hecho de que ya no se ve a la integración de la economía mundial como un
proceso capaz de producir bienestar a la mayoría, adquirirán más fuerza los
movimientos que buscan cerrar las economías, que están en contra de las
influencias externas y que son capaces de vender al electorado ofertas
políticas irrealizables pero atractivas. Esto ya lo hemos visto en Europa,
América Latina y Estados Unidos. Esta tendencia adquirirá aún una mayor fuerza.
3.- China
aumentará su peso en el mundo. Aunque el origen de esta pandemia fue en China,
todo indica que será el país que se recupere con más rapidez. Al ser la segunda
economía del mundo y estar en esta condición ventajosa, crecerá el peso
relativo de su economía en el mundo. Habíamos visto en años recientes que
diversas empresas buscaban opciones para relocalizar sus operaciones en China
ante los riesgos de la guerra comercial con Estados Unidos. No es imposible que
esta tendencia se revierta y que China vuelva a ser un polo atractivo para las
empresas.
4.- En el
ámbito político puede perder respaldo la democracia. Si se percibe que un
gobierno como el de China logró ser exitoso en el control de la pandemia, es
probable que ganen prestigio quienes consideran que los regímenes autoritarios
funcionan mejor que los gobiernos democráticos, que no logran tomar decisiones
oportunas y además son ineficaces al instrumentarlas.
5.- Hay el
riesgo de crisis sociales en el mundo en desarrollo. Aún no sabemos si la
pandemia podrá causar mayores estragos en países de menor desarrollo y con
elevada población como India, Brasil, Filipinas o incluso México. En la medida
que existe una infraestructura de salud más débil no se puede descartar que,
como consecuencia de los estragos derivados de la pandemia, veamos en algunos casos
de crisis social que podrían conducir a crisis política.
Para México
las interrogantes son más que las respuestas. Lo único tangible es que ya
tenemos con nosotros una crisis económica de grandes proporciones, de acuerdo
con los datos sobre el empleo que ayer presentó la secretaria del Trabajo.
La presencia
de la recesión ya está fuera de discusión. Lo único que está por definirse es
su profundidad y su duración, y ello dependerá de lo que suceda con Estados
Unidos y de las decisiones políticas que tome el gobierno.
Sin embargo
lo que observaremos es probablemente un cambio completo en las ecuaciones
políticas y en la autoridad, tanto del presidente de la República como de otras
fuerzas.
La caída en
la popularidad presidencial que las encuestas recientes han revelado es apenas
la punta del iceberg de un proceso en ciernes cuyo desenlace hoy es
completamente incierto.
Así, que
olvídese del mundo que teníamos antes de la pandemia.
Ese, ya no
volverá.
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