Raymundo
Riva Palacio.
A finales de
agosto de 2015, Reforma publicó una fotografía donde aparecían Amado Yánez,
propietario de Oceanografía, y Arturo Henríquez Autrey, en ese entonces
director de Procura y Abastecimiento de Pemex. La gráfica fue tomada en octubre
de 2013, y el periódico sugería que se habían negociado apoyos para el rescate
de la empresa, a la cual estaba persiguiendo abiertamente el entonces
procurador Jesús Murillo Karam, y tras bambalinas, el director de la empresa
paraestatal, Emilio Lozoya. Henríquez Autrey envió una carta al diario para
desmentir que el motivo de ese encuentro hubiera sido el de una negociación
para el rescate de Oceanografía, y que se había tratado simplemente de un
encuentro de “carácter social”. Tenía razón en su primer punto, pero mentía en
el segundo.
El viaje de
Henríquez Autrey a Los Cabos tuvo un peor propósito. El colaborador de Lozoya,
revelan personas que conocen de aquella reunión, le exigió a Yáñez cuatro
millones de pesos mensuales para que el director de Pemex intercediera por él
ante el procurador Murillo Karam. De otra manera, amenazó, lo perseguirían. Las
personas recuerdan que Yáñez accedió al chantaje y durante los siguientes tres
meses pagó puntualmente cuatro millones de pesos. El “encuentro social” dio
como resultado ingresos ilegales e ilegítimos para el equipo de Lozoya por 12
millones de pesos. El dueño de Oceanografía dejó de pagar y así le fue.
En plena
crisis por un diferendo con Banamex que sirvió de pretexto para que la PGR y
Pemex actuaran en su contra, Lozoya lo presionó para que vendiera la empresa a
un banquero que le señaló. Yáñez habló con los abogados del banquero y al
revisar los papeles de compra-venta descubrió que no le iban a pagar nada por
la empresa. Su ganancia, le dijeron, sería no ir a la cárcel. Estuvo a punto de
firmar, pero el día que tenía que concluir el traspaso gratuito de
Oceanografía, un banco en Nueva York aprobó un crédito puente de emergencia con
lo cual pudo mantener a flote la petrolera. El costo que pagó, sin embargo, fue
la cárcel y que hasta la fecha, libre de las acusaciones, no termina de
resarcir todo el daño que le hicieron.
Lo que le
sucedió a Yáñez no fue único. Proceso publicó en mayo del año pasado una
entrevista con Javier Camargo, propietario de Evya, una empresa de Ciudad del
Carmen vinculada al sector petrolero, donde describió cómo Lozoya, “artífice de
una trama de corrupción, tráfico de influencias y amenazas para apoderarse de
la compañía” –en palabras de la revista–, lo presionó para que transfiriera la
empresa que tenía 27 contratos con Pemex por 10 mil millones de pesos. Camargo
explicó que cedió al chantaje porque estaba viendo lo que estaban haciendo con
Oceanografía, acusada de un delito de fraude similar al que le endilgaban a
Evya.
En octubre
de 2015, cuando Lozoya todavía era el rey de Pemex, se publicó en este espacio:
“Nadie quiere decir en voz alta lo que para algunos es un escándalo palaciego:
la confrontación entre dos secretarios de Estado, Luis Videgaray, de Hacienda,
y Pedro Joaquín Coldwell, de Energía, con el director de Pemex, Emilio Lozoya.
Los temas son variados: mala gestión de la empresa por presuntas ilegalidades,
como comisiones multimillonarias por entrar a la licitación petrolera, o pagos
para conseguir citas con Lozoya.
“Varios
inversionistas mexicanos y extranjeros se han quejado en los últimos meses de
abusos por parte de mandos en Pemex. Funcionarios federales dijeron que el
secretario de Energía investigó denuncias que uno de los colaboradores más
cercanos a Lozoya le pidió siete millones de pesos a un empresario petrolero
mexicano para conseguirle una cita con el director de Pemex. Otro caso se dio
(en 2014), cuando representantes de una empresa petrolera texana estuvieron en
Pemex para preguntar detalles sobre la Ronda Uno de la Reforma Energética. Les
pidieron 20 millones de dólares, dijeron personas que hablaron con los
inversionistas. Los petroleros se negaron y dejaron de interesarse en los
campos que se pondrían a subasta meses después”.
Esa
investigación conducía a la oficina del coordinador ejecutivo de la dirección
general, Froylán Gracia García, muy cercano a Lozoya, y quien se encargaba de
mantener una casa en la colonia Nueva Anzures, con barra libre y mujeres
eslavas, a donde se invitaba a políticos y empresarios a hacer negocios, y que
fue referida en este espacio en mayo de 2017 con el título 'La fiesta
inolvidable'. Lozoya y Gracia García siempre negaron actos de corrupción cuando
estaban en la Torre de Pemex. Lozoya, incluso, mencionaba que sus colaboradores
no tenían ninguna razón para pedir dinero, porque lo tenían de antemano, como
Henríquez Autrey, cuya familia se había asociado con Alonso Ancira cuando se
quedaron con Altos Hornos de México. Ancira se encuentra preso en España
acusado de corrupción junto con Lozoya, en la compra-venta de Agronitrogenados
con un sobreprecio.
Agronitrogenados
es uno de los casos por los cuales se abrió un proceso a Lozoya, junto con los
sobornos de Odebrecht y el Proyecto Etileno XXI. Las presiones a empresarios
para quedarse con sus empresas petroleras, sin embargo, no tienen nada que ver
con las acusaciones por las cuales Lozoya se encuentra en juicio, pero ayudan a
entender que mucho de lo que se está viendo en este momento es apenas un fragmento
de lo que se ha vivido en este país.
El
exdirector de Pemex se encuentra en una situación de privilegio tras un acuerdo
con el fiscal general, Alejandro Gertz Manero, de colaboración a cambio de
ofrecer información que permita romper cadenas de corrupción. Pero también se
abre ahora una nueva vertiente de lo que pudiera enfrentar Lozoya, si los
empresarios que se quejan de extorsiones y de que pidió millones de pesos, se
animan y lo denuncian penalmente por sus atropellos.
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