Enrique
Quintana.
El domingo
por la noche, la Secretaría de Economía dio a conocer que la Inversión
Extranjera Directa (IED) en el primer semestre del año ascendió a 17 mil 970
millones de dólares, que fue prácticamente la misma cifra que se reportó cuando
se dio a conocer la información preliminar del primer semestre de 2019.
La
conclusión planteada por el gobierno es que el resultado es muy bueno pues aun
en medio de la pandemia, la IED siguió fluyendo a México.
Permítame
hacer unas breves consideraciones, antes de llegar a las conclusiones que se
derivan de los datos.
1.-Si
comparamos los dos trimestres de 2020, observamos una reducción sensible en el
segundo trimestre. En los primeros tres meses del año la cifra fue de 10 mil
334 millones y en el periodo abril-junio el dato fue de 7 mil 636 millones de
dólares, lo que implica una baja de 26 por ciento respecto al trimestre previo.
Si la comparación se hace contra el segundo trimestre del año pasado, la caída
es de sólo 4 por ciento, pero es visible que hay caída. Es decir, la pandemia
sí bajó los flujos de IED que se realizan en México.
2.-Si
observamos la estructura de la IED resulta que las nuevas inversiones
representaron solamente 17 por ciento del total, mientras que 83 por ciento
correspondió a la reinversión de utilidades o a cuentas entre compañías.
3.-Si
comparamos las nuevas inversiones del primer semestre contra las que se
realizaron en el mismo periodo de 2019, observamos una caída de 30 por ciento.
4.-No hay
aún cifras de la inversión total que se realizó en México para el primer
semestre del año, pero hasta el mes de mayo tenía un retroceso de 20.6 por
ciento respecto al nivel del mismo periodo de 2019, lo que es consistente con
el comportamiento de las nuevas inversiones de la IED.
5.-Aun
suponiendo que tomamos a toda la IED, su valor representa sólo 20 por ciento de
la inversión total realizada en el periodo, por lo que en realidad influye de
manera marginal en la inversión total.
En realidad,
cuando observamos el comportamiento de la inversión extranjera en el mediano
plazo, encontramos que se mantiene más o menos en los mismos niveles desde hace
ya varios años.
En 2014, ya
con las reformas estructurales en curso, el volumen de IED alcanzó 30 mil 429
millones de dólares. El nivel promedio de 2015 a 2019 fue de 33 mil 827
millones de dólares.
La realidad
es que México no ha sido un imán para las inversiones desde hace ya seis años y
las circunstancias actuales no han cambiado ese hecho.
La
percepción de que el conflicto de Estados Unidos con China podría ser el gran
motor de nuevas inversiones en nuestro país se quedará como eso, como
percepción, si no se hace un intenso trabajo de promoción y se ofrecen
garantías y seguridad a los inversionistas.
Es cierto
que sigue dándose la reinversión de utilidades. La mayoría de las empresas
extranjeras que tienen inversiones en nuestro país no se han ido ni se van a
ir. Quieren consolidar su posición.
Pero las
señales recientes han sido muy malas y la posibilidad de que incluso las
reinversiones bajen es tangible. De hecho, la cifra del primer semestre de este
año es inferior en casi 30 por ciento a las reinversiones realizadas en los
primeros seis meses del año pasado.
Dijo ayer el
presidente López Obrador que en un par de semanas podría dar a conocer el
programa de infraestructura, incluyendo el sector energético, para empujar al
sector privado a que invierta.
Veremos si
finalmente hay una señal positiva. Si ésta no se da, olvidémonos de la
inversión local y también de la IED.
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