Rosario
Robles Berlanga acusó que en los señalamientos que la mantienen en prisión “hay
venganza de unos y cobardía y silencio cómplice de otros”.
A través de
una carta escrita a mano y difundida a través de sus redes sociales, la titular
de Desarrollo Social en el gobierno de Enrique Peña Nieto lamentó también
que haya acusados de delitos más graves e incluso miembros del crimen
organizado a quienes se les respetan sus derechos y están en libertad, mientras
ella lleva un año en el penal de Santa Martha Acatitla.
“Se me
acusa de una omisión (que no de corrupción) que no merece prisión, se han
violado mis derechos al debido proceso y a la presunción de inocencia.
“[…]
Llama la atención que soy la única en esta condición. A quienes se les ha
acusado de delitos más graves se les respetan sus derechos, y a los
delincuentes del crimen organizado se les ha dejado flagrantemente en libertad.
La conclusión es clara: no se trata de un ánimo de justicia”, se lee en la carta.
La también
exjefa de gobierno del otrora Distrito Federal acusó que se la ha juzgado
por ser quien es y no “por lo que supuestamente” hizo, e incluso aludió a su
condición de mujer como elemento en contra.
“Se me
juzga por quien soy y no por lo que supuestamente hice. […] Estoy aquí porque
me llamo Rosario Robles. También porque soy mujer”, sentenció.
En ese mismo
tenor, la expresidenta nacional del PRD recurrió a pasajes históricos en los
que, escribe, “a mujeres que se han atrevido a subvertir el orden patriarcal se
les ha condenado; se les ha mandado a la hoguera o a la guillotina, se les ha
obligado a vestirse de hombres para ser reconocidas o confinadas a un
convento”.
“Miles han
sido asesinadas por su pareja; a otras nos mandan a la cárcel para excluirnos,
borrarnos”, considera Robles.
El motivo
de la carta escrita por Robles se debe a que este 13 de agosto cumple un año en
prisión acusada del delito de ejercicio indebido de servicio público, derivado
de la investigación conocida como “La estafa maestra”.
En la
antesala de la publicación de la carta, el fiscal general de la República,
Alejandro Gertz Manero, señaló que la diferencia en el trato entre Emilio
Lozoya Austin, extitular de Pemex señalado por los casos Odebrecht y
Agronitrogenados, y Robles Berlanga es que el primero está cooperando con la
justicia mexicana y ella, no.
Carta
íntegra de Rosario Robles.
Hoy cumplo
un año de estar privada de mi libertad injustificadamente. La venganza de unos,
la cobardía y el silencio cómplice de otros, y una procuración de justicia
selectiva me tienen aquí. Se me acusa de una omisión (que no de corrupción) que
no merece prisión, se han violado mis derechos al debido proceso y a la
presunción de inocencia. Se me juzga por quien soy y no por lo que
supuestamente hice.
Se ha puesto
en marcha toda una maquinaria para denostarme, difamarme, hacer escarnio de mi
persona, con una saña que es proporcional al miedo y al odio que me tienen.
Llama la atención que soy la única en esta condición.
A quienes se
les ha acusado de delitos más graves se les respetan sus derechos, y a los
delincuentes del crimen organizado se les ha dejado flagrantemente en libertad.
La conclusión es clara: no se trata de un ánimo de justicia. Estoy aquí porque
me llamo Rosario Robles. También porque soy mujer.
Quieren
borrar una vida entera de lucha por mejorar nuestro país, y por abrir espacios
y pelear por los derechos de las mujeres. Quieren borrar mi historia, anularme,
silenciarme. No es la primera vez.
A mujeres
que se han atrevido a subvertir el orden patriarcal se les ha condenado; se les
ha mandado a la hoguera o a la guillotina, se les ha obligado a vestirse de
hombres para ser reconocidas o confinadas a un convento. Miles han sido
asesinadas por su pareja; a otras nos mandan a la cárcel para excluirnos,
borrarnos.
Pero más
temprano que tarde aparecerán en mi camino juzgadores que con valentía apliquen
la ley y me hagan justicia. Yo estoy tranquila como dijo recientemente el
Presidente “mi tribunal es mi propia conciencia”.
El problema
es para quienes mandan mensajes equivocados a la sociedad: mejor huye porque si
te presentas voluntariamente, tu delito no es grave y eres leal a tus
principios, pero eres considerado adversario/a, tu destino es la cárcel.
A veces
despierto desolada, pero entonces pienso que lo mío es nada frente al duro
hecho de que más de 55 mil familias mexicanas están de luto y abandonadas en su
dolor, que muchos tienen hambre, que cientos de miles se han quedado sin
trabajo y que muchas madres tendrán que optar entre trabajar para darle de
comer a sus hijos o quedarse en casa para hacerle de maestras o cuidadoras
porque el Estado ha delegado en ellas lo que es su responsabilidad.
A fin de
cuentas, a pesar de la situación, estoy agradecida porque estoy viva y sana.
Porque mi hija Mariana (mi mayor tesoro) goza de salud y ante esta adversidad
ha mostrado una fuerza que me hace sentir orgullosa, porque mi familia y mis
amigos se encuentran bien y no me abandonan, porque muchísima gente a la que no
conozco me ha enviado su solidaridad y bendiciones.
Por otra
parte, siempre me he sentido orgullosa de que soy de los pocos políticos/as que
han recorrido el país, que han llegado hasta los lugares más recónditos.
Siempre he dicho que he trabajado por las comunidades más pobres, y porque las
mujeres rompan las cadenas que las atan (hay una ley Robles, por ejemplo). Pero
ahora he tenido oportunidad de estar con las olvidadas entre las olvidadas. Con
las mujeres que nadie voltea a ver (yo misma no lo había hecho), muchas de las
cuales son inocentes.
Algunas
porque son indígenas o porque no tienen recursos para una buena defensa. He
conocido de primera voz relatos desgarradores. La cárcel tiene cara de pobreza.
La injusticia tiene cara de mujer. Aquí he asumido una causa más. La de muchas
de estas mujeres que se me acercan con la esperanza de encontrar una luz, una
palabra de aliento, una solución.
Porque el
poder (de servir) no te lo da un cargo, sino la fuerza interior y una
trayectoria que aún en este lugar de oscuridad muchas respetan. No dejo de luchar
entonces. Quiero demostrar mi inocencia. Pronto dejaré atrás este episodio.
Estoy segura.
Mientras
tanto, gracias, muchas gracias a las y los que con su fuerza me han sostenido,
en especial a mi Mariana que no me deja caer.
Pronto
podremos darnos un abrazo.
Rosario
Robles
13 de agosto
2020
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