Martín
Moreno.
La imagen la
vimos todos. Ni es inventada ni interpretada. Allí está, lamentable, confusa:
“La verdad
estaba yo afuera viendo un…y la verdad no lo sentí. Si sentí una vez un temblor
que nadie más sintió, muy pocos sintieron hace… (el Presidente se toma el
rostro en actitud que pretende ser reflexiva, aunque termina en divagación) …fue
allá en Los Pinos y solamente se sintió ahí…no sé qué pasó…y éste (el temblor
del 7 de septiembre) no lo sentí porque estaba allí, caminando…”.
¿¡Qué
dijo…!?
Enrique Peña
Nieto se muestra extraviado en ese video convertido en imagen viral por las
redes sociales, cuando habla del temblor del jueves pasado. Peña habla de
manera confusa, extraviada, con gestos desarticulados y palabras desordenadas.
Parece – subrayo el “parece”- como si estuviera pasado de copas. Los ojos
enrojecidos. Una estampa, ciertamente, tan confusa como lamentable.
Pero más allá del “sentí una vez un
temblor que nadie más sintió…”, frase que se prestó a mofa sobre Peña Nieto y
que desató en redes sociales infinidad de memes y bromas, vale la pena
preguntarnos:
¿Cuál es el estado de salud mental
del presidente?
Por lo tanto:
¿Bajo qué condiciones de salud,
entereza y prudencia está gobernando a México?
No nos
equivoquemos: la salud del presidente de México no es un asunto exclusivo de
Los Pinos. En lo absoluto. Es un tema
que nos atañe a todos los mexicanos, por una razón de fondo: el presidente en
turno se va cada sexenio, pero el desastre que deja detrás lo sufrimos todos de
por vida.
Ejemplos,
sobran:
Los delirios de grandeza de quien
proclamaba ser descendiente directo de Quetzalcóatl, iluminado – según él- por
la grandeza de sus ancestros; hundido en una locura reflejada en la ofensiva
“Colina del perro” – emblema de la corrupción priista-, que transformó a José
López Portillo en un remedo de sí mismo, rodeado de una soledad que se
carcajeaba de sus chifladuras compartidas frente al espejo de su vanidad sin
límite.
Las promesas de un primer mundo
imaginario que solamente nos llevaron a la crisis económico – financiera más
grave de la historia, cuando un millón de mexicanos perdieron todo:
casas, negocios, bienes, autos,
empresas, sueños, etc; una huelga de hambre light impostada con su botellita de
Evian a un lado; un autoexilio en Dublín donde soñaba con crucificar a Ernesto Zedillo
mutó a Carlos Salinas de Gortari de ser un presidente que prometía, a un ex presidente
que daba vergüenza. Hoy por hoy, sus locuras pagadas por los mexicanos lo han
llevado al sitio que bien ganado merece: el repudio nacional.
La bocota que de candidato le sirvió
para derrotar al PRI, es la misma bocota que hoy nos intenta conmover con un
ruego cursi: “¡No me quiten mi pensión!”. Vicente Fox es un bocazas agraviante
para los mexicanos: él y su familia con vidas millonarias que no dependen, ni
lejos, de su pensión, y con una fortuna que invitamos a que nos explique
públicamente cómo la obtuvo. Lo de menos sería su traición al PAN en 2012 bajo su intención malsana
y de interés personal al apoyar a Peña Nieto. Lo más, es que sus desvaríos – que no son pocos-, ya suenan a burla en
un país que está harto de las burlas de sus políticos y gobernantes.
Hoy, se vale
preguntar:
¿Cuál es el estado de salud mental de
Enrique Peña Nieto, el personaje que siente temblores que nadie siente? ¿El
hombre que ve un México muy distinto al que todos vemos? ¿El mandatario que ha
hecho del cinismo su credo para gobernar, nombrando a un empleado propio para
que lo investigue por el affaire Casa Blanca y ser exonerado, en una de las
burlas más graves y humillantes para país cualquiera?
Y más:
¿A dónde nos llevará Peña Nieto en su
locura obsesiva de evitar, a cualquier precio, al costo que sea para el país,
que López Obrador gane la presidencia en 2018?
¿Qué sería capaz de hacer Peña bajo ese
estado de confusión mental?
Los desvaríos de Peña Nieto – no son
errores que cualquiera pueda tener, sino lagunas mentales e imprecisiones
propias de un analfabeta-, ni son nuevos ni mucho menos excepciones a la regla.
No. Han sido constantes, permanentes y de escándalo, más allá que haber
confundido en alguna ocasión a Krauze con Fuentes (aceptemos esto sí como un
error). Pero Peña ha dicho cualquier cantidad de absurdos inimaginables para
una persona con dos dedos de frente.
Revisemos
(extractos del libro El Derrumbe Martín Moreno Edit. Random House / Aguilar
Subcapítulo “Los dislates del señor Peña):
“Por un lado
acerca al gobernador del estado vecino de Lagos de Moreno, y de igual manera al
estado…de este estado…al estado de León, donde se ubica León…”
“Al
presidente municipal de Boca del Río, a quien agradezco su hospitalidad, y a la
presidenta municipal de su ciudad capital de Veracruz…muchas gracias…”
“Y de igual
manera quiero saludar a legisladores federales y locales, presidentes
municipales. A toda esta gran representación de la sociedad de Chihuahua que se
da cita aquí en Okinawa (en realidad era Ojinaga) …”.
“Desde esta
plaza, erigida en memoria del Benemérito Juárez, del Benemérito que fuera,
justamente, quien en 1969 justamente…ayer se cumplieron 144 años de la erección
del estado de Hidalgo…”.
“…En nombre
de los Estados Unidos Mexicanos es un honor recibir hoy al presidente de la
República Popular de China, Juan Yin…”
“…Que el
cien por ciento de los habitantes del estado de Tijuana…”.
Hasta aquí
lo publicado en el libro.
El poder enloquece a las mentes
débiles.
El poder trastorna a los ignorantes.
El poder obnubila a los soberbios.
No es cuestión de broma. Es un asunto
serio. Está de por medio, nada menos, que la viabilidad del país para los
próximos años.
¿La salud mental del presidente de
México le está permitiendo tomar decisiones acertadas para el país? Es
pregunta.
Porque Peña se va dentro de un año y
días. Tan millonario como desprestigiado.
Pero los
demás nos quedamos.
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