Alejandro Calvillo.
En un país donde las elecciones de
autoridades se dan bajo el control del poder político de los partidos y las
influencias de ciertos sectores económicos, donde la corrupción y la impunidad
han marcado el devenir, donde los contubernios entre poderes políticos y
económicos llegan al grado de confundir a unos con otros, la posibilidad de que
se elija un Fiscal General de la República independiente, libre de conflicto de
interés, pone a los políticos y empresarios corruptos al borde de un ataque de
nervios.
La
corrupción en los gobiernos y en los partidos políticos es una práctica
extendida por el planeta entero, reducida y controlada en varias naciones del
norte de Europa donde existen fuertes controles autónomos, instituciones
independientes, mecanismos de transparencia y estrictas regulaciones del conflicto
de interés. Sin controles sociales, todo gobierno se dirige a la corrupción, el
ejercicio del poder lleva inevitablemente en esa dirección si no existen la
vigilancia y claras y duras sanciones contra esa práctica, contra el beneficio
personal a partir de los recursos públicos.
En México la corrupción ha sido la
práctica política imperante, salvo escazas excepciones, el enriquecimiento
exprés ha sido el motor de las carreras políticas. Así, nuestro país se ha
convertido en uno de los primeros lugares en el mundo en cuanto a corrupción e
impunidad. Este ha sido el mejor caldo de cultivo para la delincuencia
organizada y desorganizada, para la creación de una sociedad con profunda
desigualdad, para una sociedad que pierde referentes éticos, de servicio, de
comunidad.
En Brasil,
España, Colombia, Guatemala y en muchos otros países, la confianza y esperanza
en los partidos políticos se ha perdido totalmente y ha resurgido, en algunos
casos, con las acciones de fiscales contra la corrupción. Son los fiscales los
que han llevado a la cárcel a expresidentes, líderes políticos, legisladores,
funcionarios públicos y una serie de empresarios y agentes a sus servicios,
coludidos con los llamados servidores públicos.
Pensar en que puede llegar a ocupar
el cargo de Fiscal General de la República en México un verdadero servidor
público que comience a actuar como lo han hecho en otros países algunos
fiscales para sacar a la luz los grandes actos de corrupción y que pueda llevar
a la cárcel a un exmandatario, a legisladores, líderes de partidos políticos,
empresario, cabilderos y todos los que se han involucrado en nuestro país en
grandes actos de corrupción, pone al borde de un ataque de nervios a políticos
y empresarios corruptos que se han coludido.
Imagínese usted cuántos cientos de
políticos y empresarios mexicanos podrían ir a la cárcel si se iniciaran
investigaciones sobre el uso de recursos y contratos en México. En una plática con una experta en
investigaciones sobre el manejo transparente de recursos y rendición de cuentas
de la ciudad de Nueva York, me confirmaba que la gran corrupción se da, sin duda, con las grandes obras. De ahí
que el mayor escándalo que vivimos a escala regional en América Latina es
justamente de una constructora, el caso de Obedrecht. Internamente vivimos el de OHL, una empresa que llegó a México con
bonos basura y de la mano de ciertos políticos se apoderó del mercado de la
construcción de las grandes obras.
El mejor
ejemplo de los que puede ocurrir en México con un Fiscal independiente, sin
compromisos políticos, y comprometido con el ejercicio efectivo de la ley, es
el de Brasil. Varios ciudadanos brasileños me han comentado que son los
fiscales los que tienen en este momento la mayor confianza de los ciudadanos de
ese país. Los procesos de investigación de la corrupción entre políticos y
empresarios han llevado a la cárcel a una serie de legisladores y políticos de
muy diversos partidos, a funcionarios de la empresa Petrobras, a dueños de
otras empresas privadas, a cabilderos, etcétera. Las sentencias van de 2 hasta
23 años y la lista de sentenciados es larga y sigue creciendo.
Ningún
partido ha quedado limpio en este proceso, desde el PT hasta la derecha
gobernante. Denuncias contra 5 ministros del actual presidente de Brasil,
contra los presidentes de la Cámara de Diputados y del Senado, legisladores y
contra más de 200 personas sin fuero.
Las
denuncias contra el expresidente Lula Da Silva hablan de montos que suenan
ridículos frente a los montos no comprobados y desviados de varios de los
exgobernadores mexicanos a los cuáles se les siguen procesos, en la mayoría de
los casos, muy débiles, por una PGR que no da señales de interesarse en
avanzar. No vemos denuncias firmes frente a Javier Duarte quien enviaba dinero
en efectivo en aviones al Estado de México.
El caso de Obedrecht es público, se
ventila en los medios y está llevando a la investigación de presidentes y
expresidentes en la región. En México se conoce el caso a través de los medios,
a través de la prensa internacional. Las investigaciones que conocemos en
México por corrupción la han hecho los periodistas, no la PGR, las
investigaciones más recientes las conocemos por organizaciones civiles, no por
la PGR.
La
investigación por corrupción en Brasil conocida como Lava Jato o “autolavado”
se ha extendido hasta 1997, al gobierno de Fernando Henrique Cardoso, cuando
comenzó a instalarse un mecanismo de comisiones. Estas investigaciones han
incluido el descubrimiento de la donación de 98 millones de reales por parte de
empresas a los candidatos a la presidencia en la segunda ronda de 2014. Por su
parte, un socio importante de la Red Globo, el máximo canal de comunicación de Brasil
ha sido nombrado numerables veces envuelto en estos actos de corrupción.
Existe
actualmente una profunda crisis en el legislativo y tiene, en mucho, relación
con el nombramiento del Fiscal General de la República (FGR), en que el
“establishment” busca llevar al actual Procurador de la República al cargo de
FGR y quienes se oponen. El PAN se encuentra enlodado en esta situación más
allá de las declaraciones que hagan en sentido contrario quienes han tomado la
presidencia del Senado. El senador Cordero recibió el voto del priismo para
ocupar la presidencia del Senado, el partido que quiere al Dr. Cervantes,
actual Procurador General de la República y militante de ese partido, como FGR.
Lo anterior hace suponer que hay un
acuerdo entre ese grupo del PAN ligado al expresidente Calderón y el priismo. Y
de ahí se vienen muchas preguntas: ¿es para garantizar la protección desde la
FGR de dos administraciones o es solamente un acuerdo del PRI para contribuir a
que un grupo más aliado tome el control del PAN, o es para ambos?
Con un FGR independiente, millones de
documentos reservados podrían salir a la luz, miles de investigaciones podrían
ir al fondo, nuestro país podría dar un paso importante en un cambio urgente, los ciudadanos podríamos comenzar a
tener cierta esperanza en nuestro sistema de gobierno.
Por un Fiscal General de la República
que cumpla con los criterios de independencia y libertad de conflicto de
interés.
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