Adela
Navarro Bello.
Cuando
Felipe Calderón Hinojosa, siendo dirigente nacional del Partido Acción
Nacional, reflexionó sobre la lucha por el poder que se avecinaba en su partido
al acceder al gobierno, decretó una de las frases que para los panistas habían
tenido más peso político en la construcción de su proyecto democrático, de bien
común, dignidad para el ciudadano y desarrollo para la sociedad. “Hay que ganar el Gobierno sin perder el
partido”, aleccionó.
Más de diez años después, aquella
frase es el antirreflejo de lo que hoy sucede en el PAN. Guiado por la batuta
de Ricardo Anaya, el PAN quiere ganar el Gobierno y está perdiendo el partido.
La intensa
lucha que desde 2015 planificó Anaya, para sucesiva e implacablemente
apoderarse de la cúpula albiceleste, imponer candidatos, ganar elecciones en
alianzas con la izquierda, pretender el manejo de las mesas directivas de las
Cámaras Legislativas Federales, y hoy prácticamente autoproclamarse candidato
del Partido Acción Nacional y sus aliados a la Presidencia de la República, van dejando una estela de militancia
lastimada y en clara desbandada. Tras cada triunfo de Ricardo Anaya al interior
del PAN con reflejo al exterior, hubo heridos, traicionados y minimizados
liderazgos panistas en todos los Estados de la República.
Fue el
empecinamiento de Anaya para lograr la candidatura del PAN a la Presidencia de
la República, desde la dirigencia nacional del Partido lo que, por ejemplo,
llevó a Margarita Zavala a renunciar a su militancia azul. Impensable hecho
considerando que fue la esposa de un dirigente de ese partido que a su vez fue
presidente de la República. Felipe y Margarita en muchos círculos panistas,
representaban a lo más tradicional de ese instituto político, y hoy ella está
fuera, y él se ha convertido en uno de los más férreos opositores a la cúpula
anayista.
Fue el ansia de poder lo que llevó a
las huestes de Anaya a querer controlar la mesa directiva del Senado de la
República, la causal de la separación de tres de los más reacios albiazules en
esa Cámara, a buscar apoyos con los partidos opositores para ganarle la
Presidencia del Senado. Efectivamente, Ernesto Cordero –disidente al anayismo-
fue electo titular de esa Cámara Legislativa con la ayuda de otros dos
panistas, Roberto Gil y Javier Lozano, quienes a su vez fueron arropados por
priístas en su mayoría para la lograr la victoria camaral. Los tres, Cordero,
Gil y Lozano, acompañados de otros panistas, llevan la contra al precandidato a
la Presidencia de la República, y lo más probable es que de ser Anaya el candidato,
harán campaña para el abanderado de otro partido (PRI)
Al
organizarse un acto de renuncia a la dirigencia nacional que fue mejor dicho el
primer acto de precampaña, Ricardo Anaya
pasó por encima de por lo menos tres panistas que aspiran también a la candidatura
azul a la Presidencia de la República, Luis Ernesto Derbez, Juan Carlos Romero
Hicksy Ernesto Ruffo Appel, no fueron considerados para hacer una “democrática”
presentación de los aspirantes azules. Caso contrario fueron minimizados de la
esfera electoral azul.
Apenas había tomado posesión como
dirigente nacional del PAN, cuando Ricardo Anaya traicionó a quien lo apoyó en
esa misión. Gustavo Madero, quien lo había dejado en la dirigencia cuando él
mismo se retiró en busca de una diputación federal, regresó para apoyarlo en
una contienda a ganar la posición. La aspiración de Madero era presidir la
fracción panista en la Cámara baja, para lo cual contaba con el apoyo del nuevo
dirigente, Anaya, quien decidió no darle el respaldo.
El rápido
ascenso político de Ricardo Anaya, considerando que entró al panismo a los 21
años y 18 años después ya es candidato a la Presidencia de la República, está
marcado por la división interna. Y está claro que el PAN dividido no gana
elecciones, las pierde. Ahí está el caso más reciente de Josefina Vázquez Mota
hace seis años y hace unos meses. Primero cuando buscó la Presidencia de la
República, y panistas con seguidores y peso en el partido desviaron sus votos
hacia el candidato del PRI, Enrique Peña Nieto cuando vieron que la mujer no
despegaba y Andrés Manuel López Obrador estaba cerca de ganar. Y recientemente,
cuando le dieron la candidatura al Gobierno del Estado de México, y ocurrió lo
mismo, solo que ahora a favor de Alfredo del Mazo y en detrimento de ella, para
afectar a la abanderada de Morena, Delfina Gómez.
¿A qué le apuesta el divisor Anaya? A
la fórmula que le ha dado resultados en estados como Veracruz, Durango,
Quintana Roo, y Baja California, gobiernos a los que el PAN ha llegado en
coalición con el Partido de la Revolución Democrática. Es decir, el panismo que
resta Ricardo Anaya, lo suma en perredistas, y ahora en simpatizantes de
Movimiento Ciudadano, con cuyos dirigentes nacionales, Alejandra Barrales
(aun), y Dante Delgado, respectivamente, ha conformado, primero el Frente
Ciudadano por México, y ahora registrado la coalición Por México al Frente, en
cuyas bases quedó asentado que en su alianza al 2018, la candidatura a la
Presidencia de la República, recaerá en el partido que más representación y
simpatías tenga de los tres, con lo cual el PAN se lleva la grande, haciendo a
un lado al primer damnificado de Anaya en otro partido, Miguel Ángel Mancera, a
quien la cúpula perredista ya había dado su respaldo para la candidatura a la
Silla del Águila.
En las
elecciones presidenciales de 2012, el Partido Acción Nacional quedó relegado a
un tercer lugar nacional con los 12 millones 786 mil 647 votos que logró
Josefina Vázquez Mota, contra los 15 millones 896 mil 999 sufragios ganados por
Andrés Manuel López Obrador respaldado por el PRD, el PT y el MC, ambos fueron avasallados por el actual
Presidente de la República, a quien en tribunales le validaron los 19 millones
226 mil 784 votos compra…, perdón, logrados por el PRI y su aliado el Verde.
La división
que arrastra tras de sí Ricardo Anaya, confirma aquello que en política dos más
dos no son cuatro. Seguramente un buen de panistas apoyará a otro candidato, lo
mismo que otro tanto de perredistas se irá a otras filas de la izquierda que no
esté aliada con la derecha.
Con todo que la capacidad de Anaya
para ejecutar todos sus movimientos para llegar al partido primero, y obtener
la candidatura después, ha sido ejemplar, especialmente para sobreponerse a los
golpes de sus detractores, la estrategia del joven panista no da la sumatoria,
pero si abona a la división interna que encamina a su partido, por segunda
ocasión, a la tercera posición política nacional. Pero además, perdiendo el
partido, entre alianzas, traiciones, rebases y desestimaciones, en su
pretensión de ganar el Gobierno.
O lo que es
lo contrario a la máxima de Felipe Calderón: perdiendo el partido para no ganar
el gobierno.
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