Javier Risco.
Quizá haya pocos presidentes
mexicanos que, en funciones, hayan sido criticados y cuestionados tan
frecuentemente como el actual, por una administración marcada por varios
escándalos de corrupción. Y aunque eso puso en crisis a su partido, disminuyó
su nivel de aceptación y generó una percepción generalizada de impunidad. Aun
así, con exgobernadores en prisión siendo juzgados por este mismo mal, el
presidente está protegido por la Constitución para ser juzgado… hasta ahora.
De acuerdo
con el artículo 108 de la Constitución federal, el titular del Ejecutivo tiene una veda durante los seis años de su
administración en los que no se le puede juzgar penalmente, a menos que caigan
en el antiguo concepto de ‘traición a la patria’ o ‘delitos graves del orden
común’.
Cualquiera que piense que tal como pasa
con senadores o gobernadores, un juicio político basta para ser investigado por
actos de corrupción, está en un error.
Para llevar al presidente a un juicio
político es necesario probar que sus acciones atentan contra la nación, pero
por mucho daño que le haga a México la corrupción, ésta no se incluye en esos
supuestos.
Y aunque la Constitución es la máxima
norma en el país, es una ley y como tal es susceptible de ser modificada y
adecuarse a las necesidades actuales. ¿Y es necesario flexibilizar los mecanismos
por los que un mandatario federal puede ser enjuiciado? Senadores del PAN creen
que sí.
Ante la intocable figura
presidencial, cinco blanquiazules: Juan Carlos Romero Hicks, Ernesto Ruffo,
Francisco Búrquez, Marcela Torres y Víctor Hermosillo presentarán hoy una
iniciativa en la Cámara de Senadores para reformar los artículos 108, 110 y 111
constitucionales y que casos de corrupción tan graves como la 'casa blanca' o
el escándalo Odebrecht sean causales válidas para iniciar un juicio político hasta
tres años después de concluido el mandato del primer mandatario.
“La actuación de los servidores
públicos debe estar en total apego de los principios éticos de legalidad,
honradez, lealtad, imparcialidad y eficiencia y no sólo al cumplimiento que
establece la norma por el temor a ser sancionado por el incumplimiento de la
ley”, señala la
iniciativa.
Además de la
propuesta de reforma, el documento
signado por un partido que históricamente había defendido la importancia del
fuero constitucional detalla cómo la figura presidencial tiene 100 años
convirtiéndose casi en intocable y de cómo la evolución de la realidad hace
urgente la necesidad de quitarles ese velo que, más que protección para ejercer
con libertad sus facultades, parece uno de impunidad.
“La realidad que vivimos en la
presente administración indica que la inmunidad e impunidad ha llevado a
conductas de los servidores públicos que en el ejercicio de la función pública
hoy se traducen en irresponsabilidades en el desempeño de sus funciones”, se lee en el documento.
Nada que
países como Chile o Perú, en América Latina, no tengan contemplado. Y como la ley no es retroactiva, esto no
aplicaría para ningún expresidente… incluidos los dos panistas, pero sí para
Peña Nieto, aún en funciones.
Vale la pena revisar la propuesta,
pues para dejar de acumular expresidentes como villanos, que se exilian en el
extranjero huyendo de las críticas por los abusos en sus administraciones,
primero debemos asegurarnos de que no sean nuestras propias leyes su mejor escudo.
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