Darío Ramírez.
Más de 68 millones de
pesos que serían destinados para los damnificados de los sismos de septiembre
de Oaxaca y Chiapas no aparecen. Jodiendo a los más jodidos.
No es la primera vez
que después de una catástrofe natural las autoridades aprovechan para robarle a
los más pobres. Se repite cíclicamente en nuestra historia: noticias de desvíos
de fondos públicos destinados a los damnificados. El huracán o terremoto es el
pretexto perfecto para desaparecer dinero.
Según una investigación de Thelma Gómez, Miriam Castillo y
Lucía Vergara de Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI),
encontraron que la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) detectó irregularidades en el programa de
tarjetas para damnificados de los sismos en Oaxaca y Chiapas (los pobres de los
pobres) que puso en marcha el Banco Nacional de Servicios Financieros
(Bansefi).
La Comisión informó en su investigación que Bansefi –cuyo director es Virgilio Andrade, quien
pasó a la historia como aquel funcionario que intentó explicar, sin lograrlo,
el escándalo presidencial de la Casa Blanca-
emitió tarjetas a 1,495 damnificados/beneficiarios de su programa de
atención. Para esas tarjetas Bansefi depositó 68.8 millones de pesos, suma nada
despreciable para subsanar las necesidades más básicas de damnificados cuyo
terremoto causó serios daños a sus humildes viviendas.
Hasta ahí todo parece estar dentro del marco de la ley. Sin embargo, en la lista de beneficiarios
–aquellos a los que les tocaría parte de los 68 millones, aparecen nombres que
se repiten 34, 26, 18, 16 y 14 veces (lo que indicaría que recibieron ese
número de tarjetas). MCCI contactó a algunos damnificados cuyos nombres se
repiten y pudieron corroborar que algunos de los damnificados no habían
recibido ni una tarjeta o bien solamente una o dos, pero no las decenas que
dice la lista. Esto quiere decir que 68
millones no llegaron a manos de los damnificados como afirma la autoridad.
Mientras el dinero desaparecía, habitantes de Villaflores,
Chiapas veían sus casas de adobe destruidas, los techos de teja vieja en el
suelo y los muros con grietas tan grandes que solo preveían una futura
tragedia. Peña Nieto llegó hasta ese poblado días después de los sismos
prometiendo ayuda. Bansefi sería la institución encargada. Funcionarios de la institución bancaria dependiente de SHCP iban casa
por casa levantando registros que después serían alterados para desaparecer el
dinero destinado a los más pobres.
Peritos oficiales determinaban qué casas tenían que ser
destruidas. Como el caso de Reynaldo a quien Bansefi le dijo que su casa tenía
que ser demolida, que si lo hacía él entonces el dinero para la reconstrucción
llegaría más rápido. Reynaldo decidió no hacer nada porque solo le dieron una
tarjeta de 15 mil pesos y sabía que con eso no podría hacer prácticamente nada
para levantar una casa más segura. Decidió reconstruir lo que pudo y
resguardarse con su familia en su derruida casa a pesar del peligro que ello
representa. Meses después la ayuda jamás llegaría. Reynaldo afirmó que sabía que no podía confiar en los que le dijeron
que demoliera su casa.
Sin embargo, según la investigación de MCCI, “lo que Reynaldo no sabe es que su nombre
aparece en 34 tarjetas, a las cuales se les depositó un total de 510 mil
pesos”. Pero de la diferencia -495 mil pesos- a Reynaldo y su familia jamás les
ha tocado nada. Según Virgilio Andrade, es una “incidencia”, no un fraude. Los
damnificados claramente opinan diferente.
Mientras eso le sucedía
a Reynaldo y a otros, José Antonio Meade era el Secretario de Hacienda y estaba
informado sobre el reparto de tarjetas Bansefi a damnificados. Queda por resolver si de una
operación de asistencia tan importante y relevante el secretario tenía desconocimiento de los detalles. Difícil creer que
Virgilio Andrade ideó y ejecutó el posible desvío de recursos para beneficiar
algún partido político.
Sigue sorprendiendo que
ante un atraco a los más pobres la sociedad sigue, pasmadamente, coleccionando
anécdotas de corrupción que afectan directamente a los más pobres y no hacemos
más que algún liviano gesto de indignación y aceptamos que el sistema actual se
perpetuará ad eternum.
LOS POBRES SERÁN MÁS
POBRES Y EL GOBIERNO SIEMPRE ROBARÁ. PARECE SER QUE LA ACEPTACIÓN ES TÁCITA.
“La investigación realizada por la CNBV, a la cual Mexicanos
contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI) tuvo acceso, detectó los mecanismos
que se utilizaron para robar dinero de las tarjetas de débito que el Banco
Nacional de Servicios Financieros (Bansefi) distribuyó entre los damnificados
de los sismos del 7 y 19 de septiembre de 2017.
Buena parte de los
cargos se realizaron, incluso, antes de que se entregaran las tarjetas a los
afectados por los terremotos. Y esto ocurrió porque Bansefi, instancia
responsable de depositar el dinero del Fondo de Desastres Naturales (Fonden) a
las tarjetas y de repartirlas, carece de mecanismos que permitan prevenir
fraudes en los plásticos que emite, de acuerdo con la investigación de la CNBV.
Hasta el pasado 22 de noviembre, 258 damnificados habían
denunciado que las tarjetas entregadas por Bansefi registraban cargos que ellos
no reconocían. La CNBV confirmó que
96.5% de esas tarjetas sí fueron hackeadas y se extrajeron a través de ellas,
de manera ilegal, dos millones de pesos.
El fraude, sin embargo,
podría ser mayor: la CNBV encontró que el mismo modus operandi se utilizó para
realizar transacciones irregulares en cientos de tarjetas más, de las cuales no
se tenía denuncia hasta el 22 de noviembre.”, dice la investigación de MCCI.
El intento de
explicación de la autoridad es insatisfactorio. La ausencia de procuración de
justicia únicamente provocará que se sume a la lista de hechos que fortalecen
la impunidad de este país. Robarle a los más pobres parece ser que no es un
delito lo suficientemente grave para tomarlo en serio.
¿Dónde está exactamente
el dinero? No se sabe. ¿Por qué o para qué se clonaron las tarjetas y después
se registraron cargos a éstas lejos de las localidades? No se sabe y
probablemente nunca lo sabremos. Lo cierto es que una
vez más la corrupción transita libremente e impávidos nos quedamos. Lo cierto
es que los damnificados –en un importante número de casos- tendrán que
reconstruir su vivienda bajo el olvido –al cual están acostumbrados- de las
autoridades federales.
Necesitamos que nos
importe el robo a los más pobres. Porque si decidimos no hacer nada al
respecto, entonces perpetuamos el círculo vicioso de nuestra sociedad.
Necesitamos pensar que el bienestar del otro es importante
para el bienestar social. No son unos
“pobres”, son nuestros pobres que necesitan nuestra ayuda después del sismo.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario.