Javier Risco.
Usted que todo el tiempo lee sobre la
violencia contra periodistas, que sabe que estamos en un gobierno donde se
espía a los reporteros críticos, que está consciente de que la publicidad
oficial condiciona líneas editoriales, usted que no sabe si debe confiar en lo
que ve en la televisión porque no tiene idea de qué tanto es una versión real
oficial, ¿CREERÍA QUE LA LIBERTAD DE PRENSA QUE HAY ES LA CULPABLE DE QUE DESDE
2000 MÁS DE UN CENTENAR DE PERIODISTAS HAYAN SIDO ASESINADOS? Mario Vargas Llosa lo cree.
“Que hay más libertad de prensa en
México que hace 20 años: sí, sin ninguna duda. Y el que haya 100 periodistas
asesinados yo creo que es en gran parte culpa de la libertad de prensa, que hoy
día permite a los periodistas decir cosas que antes no se podían permitir. Que
en todo eso el narcotráfico juega un papel absolutamente central y que por eso
habría que llegar a la raíz de los problemas que muchas veces está en el
narcotráfico y en la existencia de unos cárteles poderosísimos, de los que
emana una violencia que tiene unas consecuencias políticas atroces en el país.
Yo no estoy negando que existan todos esos problemas, lo que estoy diciendo es
que respecto a lo que era el pasado hay unos progresos en México
indiscutibles”, le
dijo ayer Mario Vargas Llosa a la periodista Carmen Aristegui durante una
entrevista.
Habría que decirle al Nobel que no,
que la libertad de prensa no consiste sólo en decir lo que sea y que al
incomodar a alguien eso justifique su asesinato.
Habría que decirle que no es la
libertad de prensa la culpable de que Miroslava Breach o Javier Valdez cumplan
próximamente un año de muertos, sino un gobierno que no garantiza seguridad ni
justicia.
Habría que hacerle saber que el hecho
de que con recursos públicos se contrate un malware que espíe a periodistas o
saber que la mayor fuente de intimidación y agresión contra la prensa viene del
Estado, no se puede atribuir a la libertad.
No es culpa de tener más libertad, es
culpa de una democracia que simula la posibilidad de decir, pero que en lo
fáctico presiona, silencia, persigue y amenaza cuando las voces críticas no le
favorecen.
Y de una
democracia simulada es precisamente de lo que hoy tratará el Informe 2017, que
la Organización Artículo 19 presentará. Hace una década que tiene presencia en
México. Llegó cuando el sexenio de Felipe Calderón ya había iniciado la guerra
contra el narcotráfico, la violencia se había vuelto una marca de su
administración y cuando ser periodista ya implicaba una profesión de riesgo. En 2008 ya era muy grave contabilizar 10
periodistas muertos y era la cifra más alta desde 2000 en que se hace el conteo
de manera más formal.
Desde entonces, 85 periodistas han
sido asesinados. Sólo el año pasado fueron 12. Hasta ahora, en 2018, llevamos
dos homicidios. Los reclamos de la sociedad civil se hacen más fuertes, pero
también lo es la impunidad. En el 98 por ciento de los casos no hay justicia ni
culpables ni respuestas.
Y aunque hay
que festejar la lucha y la vigilancia que Artículo 19 hace sobre la libertad de
expresión, no se puede tener una
celebración en un país como México, donde padecemos instituciones de justicia
con intereses políticos y electorales. Donde se aprueba una ley como la Ley de
Seguridad Interior que pone en riesgo los de por sí vulnerados derechos
humanos.
De acuerdo
con este informe, no sólo hay zonas que
se agravan, sino que incluso por las afectaciones que han tenido en la prensa
regional, ya son consideradas zonas de silencio.
“La rápida
expansión de las zonas de silencio se deben a la autocensura por miedo a las
autoridades locales, pero, sobre todo, al crimen organizado. El peor de los escenarios es cuando las
autoridades están al servicio del crimen organizado. Antes había un trato de
socios entre políticos y delincuentes, de igual a igual, pero ahora, en muchas
regiones hay una subordinación de las autoridades a la mafia”, dice el texto
que desde hoy podrán consultar en línea.
Y es que fue
un informe de la propia Comisión Interamericana de Derechos Humanos quien identificó a Veracruz, Tamaulipas,
Oaxaca, Guerrero y Chihuahua, como aquellas entidades en que el miedo a las
agresiones ha vetado temas y ha silenciado periodistas. El miedo y el silencio
también son una forma de muerte.
Las exigencias son muchas y urgentes,
pero al menos hay dos que caen en el terreno legislativo y que ya están en
tiempo de ser aprobadas. En menos de dos meses, el Congreso deberá regular la
publicidad oficial que contribuya a quitar la mordaza del dinero con el que
sobreviven la mayor parte de medios del país. Para que aquellos recursos
destinados por el gobierno para su publicidad no sean la cadena que mate la
verdad.
También urge la reforma del artículo 102 que
permita una Fiscalía autónoma, una institución que pueda limpiar desde el
interior las fiscalías especializadas en esclarecer las decenas de casos de
periodistas muertos, por los que no nos cansaremos de exigir justicia. Hasta
entonces, tiene razón nuestro comandante en jefe: no hay nada qué aplaudir.
Y es que
como dice este informe de Artículo 19: “No
hay democracia sin el respeto a los derechos humanos. No hay democracia sin
justicia. No hay sociedad democrática sin prensa libre”.
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