La comunidad
de Belém está ubicada en el municipio de Tlaltica, Estado de México, a 29.8
kilómetros de distancia del terreno donde se construye el Nuevo Aeropuerto
Internacional de México (NAIM).
De entre todos los pueblos de la
zona, que ya son un territorio de minas, Belém había logrado detener la
extracción de basalto del cerro de Texcatitla. En enero, el pueblo se dio
cuenta de las tareas de limpieza del lugar y días después se les notificó que
ahí habría una mina que llevaría piedras para la construcción del NAIM, la principal
obra de infraestructura de la administración de Enrique Peña Nieto.
Organizados
de manera inmediata en asambleas, los
pobladores coincidieron en que no permitirían la actividad extractiva.
Obligaron, “con Ley en mano” a sus autoridades a respaldar esa decisión y en
apariencia lo habían logrado.
Sin embargo, información que obtuvieron hace una
semana a través de transparencia les dejó claro que Jesús Alfaro Rojas,
Presidente Municipal de Otumba, firmó desde ese mismo mes los permisos para que
la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), use 990 kilos de explosivos por
un periodo de 10 años con posibilidad de ampliar otros 10.
¿Con qué fin? Para que la empresa
Obra Civil, Movimiento de Tierras y Transportaciones México S.A. de C.V., pueda
cumplir con sus objetivos con el NAIM.
Alma Cortés,
veterinaria y habitante de Belém, cuenta que desde por lo menos 100 años en su
pueblo “cada 1 de enero nos vamos como a la 1 de la mañana, caminando toda la
noche, cerca de 400 personas. Todos llegamos al mismo punto, que es uno de los
cerros donde pretenden abrir la mina. Cuando empieza a salir el sol y ya
estamos todos allá, nos repartimos en los montes y comenzamos a recolectar
brea. Luego de la recolección, toda la gente venimos con nuestros botes,
algunos van descalzos, van niños, ancianos, de todo. Ese día hay mariachi y
banda, sacamos al santo de la Iglesia y cruzamos un puente en el que iniciamos
una procesión”.
“Cuando no haya árboles pues
tendremos que ir más lejos”, dice mientras su sonrisa desaparece.
Hasta hace
una semana, los habitantes de Belém relataban la ruta que siguieron durante
meses para poder detener el proyecto minero que buscaban colocar en el cerro de
Texcatitla y del estado de alerta en el que estaban para frenar cualquier nuevo
intento.
Ejemplos para saber por qué no
quieren una mina, tienen de sobra: están rodeados de al menos 10 pueblos en los
que en la última década se han aprobado hasta más de 50 minas para extraer
material para el NAIM.
El
arquitecto Sergio Sánchez, también habitante del lugar, explica que parte de la resistencia al proyecto se debe al riesgo tan
grande que significa para el agua.
“Apenas
vimos las actividades previas y de inmediato nos organizamos. En la primera
reunión se presentaron 60 personas, pero luego se juntaron hasta 300. Sé que
para cualquier proyecto necesita un Dictamen Único de Factibilidad. Le pregunté al representante legal de la
empresa es Obra Civil, Movimiento de Tierras y Transportaciones México S.A. de
C.V., Francisco Arteaga Córdoba, si se podía empezar con la actividad sin ese
documento. Dijo que sí, que tenía todos los permisos. En la primera reunión nos
ofrecieron una obra como pavimentación, banquetas, adornar El Centro y dijimos
que no. El planteamiento de origen, y sigue siendo el mismo, es el agua”,
comenta.
El municipio no provee el servicio de
agua a la comunidad. El pueblo, a través de su organización interna, con un
Comité del Agua, se encarga de hacer la cobranza del servicio, de darle
mantenimiento a la bomba y abastecer de tomas a la gente que la requiera.
En enero de
2018, el Presidente Municipal firmó la
autorización de la Sedena y de Protección Civil. Es un contrato de la mina por
10 años con posibilidad de ampliar el plazo por otros 10 y aprueba el uso de
990 mil kilos de altos explosivos y agentes explosivos semestrales. El permiso
es para el consumo y explotación de un banco de piedra para la extracción de
roca basáltica.
A lo largo
de este primer periodo de 2018, el
Presidente Municipal negó haber firmado el permiso, la empresa intentó reservar
la información, pero la solicitud de transparencia por parte de los ciudadanos
entró antes que la reserva y descubrieron el aval de su mandatario.
Hay varios permisos en los que la
información no es reciente, aunque la ley indica que para otorgar un permiso se
tienen que hacer con información de no más de cinco años de antigüedad, la
información que se tiene es del año de 1990.
“Hay incongruencias en cuanto a los
dictámenes de ecología. Dicen que la filtración o la porosidad de la tierra
para filtrar el agua es muy alta en comparación de otros lados, entonces, si
hay una permeabilidad muy alta, también la hay para los contaminantes”, agrega Alma, habitante del lugar y
opositora a la mina.
VIVIR A 100
METROS DE MINA.
El 80 por ciento de la gente en Belém
todavía se dedica a actividades agropecuarias, a la agricultura de temporal y
también a la ganadería, especialmente de bovinos y otros como borregos y
chivos.
De acuerdo
con el abogado Carlos Rivero, el pueblo
nunca ha tenido problemas en la comunidad. Hasta enero de este año.
“Estamos en medio del boom de la
explotación de minas de materiales pétreos a los alrededores, desde hace dos
años. Empezaron poco a poco y de repente ya hay territorios llenos de minas,
todo con base a la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de México.
Las empresas buscaron material para el relleno de las pistas o lo que vaya a
ocupar ahí. Nosotros veíamos comunidades cercanas que estaban ya siendo
explotadas. En el pueblo de Belém no se ha dado nada por el estilo, pero en
enero toda la comunidad se percató de que están limpiando una cantidad
considerable de terreno y los rumores son: va a llegar una mina, pero en un
punto en el que está a 100 metros de un poblado”, en una zona en la que hay
coyotes, conejos, liebres, tlacoaches, cacomixtle y linces.
Recuerda que la empresa les dijo que tenían ya todos
los permisos, pero que desde una primera reunión, la gente estuvo en
desacuerdo, “no se necesita ser experto para saber que lo que traerá no serán
cosas buenas” y explica que han analizado que no proveen una derrama económica
para el pueblo, ya que además no se tiene la infraestructura para soportar el
funcionamiento de una proyecto de este tipo, como carreteras, material o
personal que no se dedique solo a acomodar camiones con una banderita.
“Pero la empresa dijo que si ellos querían y que
tenían los permisos, hasta la mitad del poblado podían explotar una mina, así todo el pueblo se opusiera. Así,
con esas palabras. Eso fue lo que dijeron en una primera junta”, afirma.
En Belém hubo reuniones posteriores y se formó un
equipo que coadyuvó en una investigación para ver las consecuencias y el marco
legal y todo se incluyó en un Informe Técnico. Cuando se presentó, el Gobierno
municipal y la empresa anunciaron que todo estaba en orden y que se tenían
todos los permisos, que ya se tenían todas las licencias para el uso de
explosivos y también el cambio de uso de suelo.
Ante el
descontento, el Presidente Municipal
dijo que no podía hacer nada porque cometería el delito de “obstrucción de la
inversión”.
“Estaba a punto de realizarse la
primera detonación y ley en mano pedimos al municipio nos hiciera caso.
Debatimos por horas y se logró realizar un cabildo extraordinario. Todos
votaron a favor de que no se diera permiso alguno para la explotación de la mina.
Le solicitamos entonces que se vinieran a clausurar las actividades ya
iniciadas y luego de algún tiempo después, vino”, agrega Rivero.
Texto en
mano, el abogado lee un extracto del
dictamen: “El Ayuntamiento manifiesta su desacuerdo en la instalación de esta
mina y en no otorgar ningún tipo de permiso para el funcionamiento de la misma.
Sin embargo, los recursos jurídicos, legales de los cuales puedan hacer uso los
interesados, se dejan a salvo para que los ejerzan de la manera en que mejor
les convenga”.
La empresa no argumentó nada luego de
eso.
“Esto no ha terminado. Aunque esté el paro de
actividades no quiere decir que ya no se vaya a revisar, porque son empresas
que han invertido y no creo que quieran perder su inversión”, alerta el litigante.
De acuerdo
con el arquitecto Sánchez, la razón que
determina todo el descontento es el riesgo que se tiene “es la afectación
ecológica, el tránsito, el riesgo de las viviendas, la fracturación. Todo lo
que conlleva una actividad así. El dictamen único es un requisito para obtener la licencia de funcionamiento. ¿Por qué
una mina está operando si no tiene eso? Ese documento puede otorgarlo sólo el
ayuntamiento. Es una contrariedad absurda”.
La gente en
Belém sabe del daño que la mina puede ocasionar. Incluso hay un acuerdo ejidal
en el que se prohibió la entrada de camiones. Un camión quiso entrar con un
generador y la gente, de inmediato, le cerró el paso, apenas en abril pasado.
“Si no es algo malo, ¿por qué hacerlo
de noche, por atrás? Esa noche hubo policías municipales y ellos llamaron al
ejército porque pensaron que nos íbamos a poner violentos, pero no. Todo lo que
hemos hecho es pacífico y ordenado. Nadie agrede ni insulta”, alega Alma.
El maestro
en Ciencias, David García, fue quien
lideró la elaboración del Informe Técnico. Explica que son tres hectáreas las
que se van a aprovechar. Y la primera casa colinda con dicho predio, abajo hay
un aprovechamiento pecuario y terrenos agrícolas.
“Hidrológicamente somos una zona que
depende de un río subterráneo que pasa por abajo de la localidad. Así nos abastecemos.
Lo que puede ocurrir con la mina, son deslaves y la parte geológica subterránea
es muy susceptible a los cambios que puedan desviar esa corriente. Nuestra
noria quedaría totalmente inservible. El agua se iría a otro lado. Hay un
abatimiento de los niveles de agua, porque las explosiones lo que provocan es
un reacomodo del subsuelo y no sabemos a ciencia cierta cómo se va a comportar
porque no son daños que puedan ser perceptibles como los problemas de salud:
cuando se trata del subsuelo, hasta que no hay un daño irreversible, uno no se
da cuenta que algo pasa”, planteó.
Eso disminuiría la cantidad de agua
por las fracturas.
De acuerdo
con Alma, la primera vez que el personal
Protección Civil llegó al municipio dijo que la mina estaba en un lugar en el
que iba afectar a la gente.
“En el debate del Aeropuerto, se
están basando en el tema económico, que no es viable. Pero nadie habla de las
afectaciones alrededor. A 20 minutos de aquí estará el NAIM. Se necesita
material y lo están extrayendo de aquí, pero nadie habla del daño ecológico,
social. Estoy seguro que las autoridades
ambientales del estado no saben ni el número de árboles que se han talado para
la mina. Y si la tienen no han tomado medidas al respecto”, concluye Rivero.
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