Raymundo
Riva Palacio.
Andrés
Manuel López Obrador, como se apuntó en este espacio el viernes pasado, mostró
una cara moderada y un perfil socialdemócrata alejado de la imagen beligerante
y radical que se ha construido en torno a él, durante la entrevista a siete
manos en el programa Tercer Grado, el jueves por la noche. Por tiempo y formato
se quedaron en la mesa preguntas, réplicas y contrarréplicas –que son los
recursos en donde se obtiene la información de mayor calidad–, que habrían
permitido un mayor conocimiento de lo que piensa y siente el candidato. López
Obrador respondió todo, muchas veces a su manera, y consumía minutos-aire con
su larga experiencia cuatro por cuatro. Quedaron de esa forma aspectos
importantes sin aclararse, y surgieron momentos en donde no hubo coyuntura para
que profundizara. Como botones de muestra:
Cuando se le
preguntó sobre el porqué negó a su hermano Arturo cuando en la elección para
gobernador en Veracruz apoyó al candidato del PRI, respondió: “La Patria es primero”. Con esta frase evocó a Vicente
Guerrero, quien la expresó cuando en 1815, a través de su padre, las fuerzas
realistas le ofrecieron el indulto a cambio de que depusiera las armas. Aquella
era la lucha por la Independencia de México, que no es lo que ha propuesto al
no hablar de una ruptura, sino la de una transformación. Es decir, evolución,
no revolución. Cambio, no guerra. Pero López Obrador no se percibe como héroe,
como lo señaló en Tercer Grado, pero ayuda a consolidar el calificativo de
'mesiánico'.
No hubo
mayor tiempo para discutir la propuesta de amnistía, aunque se trazaron
paralelismos con la Ley del Punto Final en 1986 en Argentina, con la cual el
presidente Raúl Alfonsín dejó sin efecto los delitos de desaparición forzada
cometidos por la dictadura, a fin de facilitar el retorno de la democracia. Esa
Ley, como la amnistía a movimientos armados, ayudan a la reinserción social y a
restablecer el tejido social. Una amnistía por delitos de narcotráfico es
totalmente diferente en su naturaleza: la amnistía a quienes participaron en
luchas políticas y sociales ayudó a su reinserción, ayudó en procesos
democráticos; cancelar condenas a narcotraficantes, cuya actividad es un
negocio con fines de lucro, no combate al narcotráfico ni resuelve el problema
de la inseguridad. Al contrario, otorga carta de impunidad a los cárteles de la
droga.
Cuando se le
preguntó sobre el choque de proyectos de nación para saber cómo gobernaría a
quienes votaron contra el suyo, dijo que hay un punto donde encuentran vasos
comunicantes: la lucha contra la corrupción. López Obrador elaboró sobre el
fenómeno de la corrupción, sin que se pudiera saber por qué quiere fincar los
dos proyectos de nación en el ámbito de lo moral, cuando se trata de dos modelos
económicos claramente opuestos. El Estado de bienestar que plantea retoma el
modelo de desarrollo iniciado en el segundo lustro de los 50, y termina en 1971
cuando, ante un déficit en la balanza comercial, el presidente Richard Nixon
abandonó el patrón oro, sustento de los acuerdos de la posguerra en Bretton
Woods, y convirtió al dólar en una moneda fiduciaria. López Obrador desea para
México regresar medio siglo a aquel modelo económico, que choca contra lo que
plantean los demás candidatos, que es una economía de libre mercado, que es lo
dominante en el mundo actual.
No hubo
tiempo para hablar de su proyecto de aeropuerto alterno en Santa Lucía. Por
tanto, no pudo explicar cómo piensa conciliar operaciones aéreas simultáneas
comerciales, que añadan 56 vuelos más por hora a las seis que tiene la base
militar, que son las que tiene el actual aeropuerto en la Ciudad de México,
puesto que los modelos de operación simultánea muestran que los aviones
chocarían al despegar. Tampoco pudo expresar de dónde saldrá el dinero para la
conectividad de Santa Lucía. López Obrador asegura que el costo será de 40 mil
millones de pesos, un ahorro de 140 mil millones, pero sólo se refiere a la
terminal. No incorpora el costo de derechos de vía para las expropiaciones, ni
el tiempo de negociación que ello significa. No ha hablado de que Santa Lucía
sólo resolvería 50 por ciento de lo que el nuevo aeropuerto proyecta, con lo
cual será tanto como construir una terminal 3, de vida efímera, y no una
solución duradera.
Ciertamente
faltan todavía muchos puntos que tiene que aclarar López Obrador sobre qué
piensa y cómo piensa el nuevo país que quiere llevar a una “cuarta
transformación”, que no tiene nombre. Le ayuda que a quienes quieren votar por
él, estas precisiones no importan, y por lo mismo no le exigen nada. Pero a
muchos más les interesaría que respondiera las dudas y eliminara las
preocupaciones de qué esperar si gana la presidencia.
Nota: Andrés
Manuel López Obrador encabezó en 1996 una protesta en Tabasco que incluyó la toma
y el bloqueo de instalaciones de Pemex y pozos petroleros, por lo que fue
acusado por el gobierno de incitar a la violencia y provocar pérdidas
millonarias a la empresa, como secuela de un conflicto electoral, pero NO quemó
los pozos, como se reportó originalmente en esta columna.
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