Alejandro
Calvillo.
La historia económica muestra que la
creación de empleos en un país no proviene tanto de las empresas como del poder
adquisitivo de la población, de los propios consumidores.
Se ha
demostrado en los Estados Unidos y en otras economías del mundo que los
impuestos bajos a las grandes empresas y a los sectores de altos ingresos, como
lo ha demandado la teoría neoliberal, la ideología del capitalismo salvaje, no se traduce en la creación de más empleos
y mejores condiciones de vida.
En cambio, la distribución de la
riqueza, a través de políticas fiscales y el establecimiento de salarios
justos, de financiamiento a las pequeñas y medianas empresas, a los pequeños
productores, logra enfrentar las desigualdades, sacar de la pobreza a la
población, fortalecer los mercados internos, las economías locales.
Autores como
Campos, Esquivel y Chávez (2014, 2015) han obtenido estimaciones de lo que sucede en ese México, podríamos decir,
desconocido: al 1% más rico le corresponde un 21% de los ingresos totales de la
nación. El Global Wealth Report 2014 señala, por su parte, que el 10% más rico de México concentra el
64.4% de toda la riqueza del país. Otro reporte de Wealth Insight afirma
que la riqueza de los millonarios
mexicanos excede y por mucho a las fortunas de otros en el resto del mundo.
Este
planteamiento viene también desde exitosos empresarios como Nick Hanauer, que plantea justamente que los bajos impuestos
a las grandes empresas y a los ricos no generan más empleos ni contribuyen a
mejorar la calidad de vida de la población (https://bit.ly/1lEKpiP). Esta charla generó una gran polémica ya que
TedTalk la censuró. Hanauer, ha ido más allá de este planteamiento en
otra charla en la que se enfoca en la gran desigualdad social y cómo esta puede
desencadenar violencia social, refiriéndose a las condiciones previas a la
revolución francesa (https://bit.ly/1qVuUEK ). Se pregunta: “¿Qué veo en el futuro?”, y responde: “veo
horcas, turbas enojadas con horcas, porque los plutócratas vivimos más allá de
los sueños de la avaricia y el otro 99% está cayendo cada vez más”. Y se
refiere a que si en 1980 el 1% de los estadounidenses tenía el 8% de la renta
nacional, ahora tiene el 20%. Y si en 1980 el 50% de la población de menores
ingresos tenía el 18%, ahora tiene el 12-13%. Si esta tendencia sigue, Hanauer
prevé que el 1% llegará a poseer el 30% de la renta nacional y el 50% de la
población de menores ingresos el 6%. Y estamos hablando de los Estados Unidos.
En un
reporte de Oxfam se reveló que en 2014,
sólo 85 personas alrededor del mundo poseían la misma riqueza que la mitad de
la población mundial. Para enero del 2015, el número se había reducido a
80.
Para el caso
de México, el reporte de desigualdad para México presentado por la misma
organización señala que autores como Campos, Esquivel y Chávez (2014, 2015)
habían estimado que el 1% más rico del país poseía el 21% de los ingresos
totales de la nación. Cita el reporte al Global Wealth Report que en 2014
señalaba, que el 10% más rico de México concentra el 64.4% de toda la riqueza
del país. Otro reporte, del Wealth
Insight afirmaba que la riqueza de los millonarios mexicanos excedía y por
mucho a las fortunas de otros en el resto del mundo.
Cuando la riqueza se concentra, esta
se invierte en acciones, en propiedades, se acumula, no se traduce en trabajo. Se
invierte en acciones en grandes empresas que utilizan esos recursos para
expandir su mercado a escala global, se invierte en bienes que con el tiempo
generan plusvalía. Ese 1% no tiene
capacidad de gastar lo que acumula, lo señala el propio Hanauer, al declarar que tiene propiedades, un yate,
un avión privado, pero ni así puede gastar lo que acumula.
Cuando la riqueza fluye por la
sociedad, circula, se vuelve productiva, se ejerce con mayor igualdad. A través
de políticas económicas con sentido social y el aumento de los salarios, la
población excluida tiene mayor acceso al mercado, se incrementa la demanda, se
fortalecen los mercados internos.
Cuando se
habla de iniciativa privada como la creadora de empleos, se suele referir a las
grandes corporaciones, tanto por quienes mencionan el concepto, por quienes lo
escuchan. Sin embargo, las grandes
corporaciones generan una parte menor de los empleos en comparación a los que
generan las pequeñas y medianas empresas. Sin embargo, son las grandes empresas
las que hablan por todas las demás, ejerciendo su poder, sin permitir
diferencias.
En muchas
ramas de la economía, la concentración
de la producción en unas cuantas empresas y la falta de competencia significa
una reducción de puestos de trabajo. Piense usted en la producción de pan.
¿Cuántos empleos se generan si sólo existe una gran panificadora industrial y
cuántos empleos se generarían si esta industria estuviera conformada por
decenas y cientos de empresas?, ¿cómo se distribuiría la riqueza de esa gran
corporación en medianas y pequeñas empresas, fortaleciendo economías regionales
y locales? Estamos hablando de pan industrializado, no nos referimos a las
panaderías. Esta situación se repite en la acumulación que generan las cadenas
de comida rápida frente a la distribución que generan los restaurantes
familiares o pequeños. Las tiendas de conveniencia y los supermercados frente a
los negocios de barrio. Estas
diferencias pueden apreciarse mucho en naciones europeas donde, incluso, como
en Alemania, algunas grandes cadenas de supermercados han sido rechazadas para
la protección de los comercios locales.
Las pequeñas y medianas empresas
generan en México alrededor del 80% del empleo.
Se estima que las grandes empresas
generan un 15% de los empleos.
Varias ramas
de la economía, por su naturaleza tecnológica, descansan en grandes
corporaciones. No se trata de hacer un
discurso contra las grandes corporaciones, pero si señalar las prácticas
negativas que varias de ellas realizan a partir del poder que tienen. Y una de
ellas es hablar por toda la iniciativa privada, incluyendo a las medianas y
pequeñas empresas, y aquellas que se han beneficiado de su cercanía con el
poder político, sus estrategias para no perder privilegios, empezando por los
fiscales y terminando por los regulatorios.
Se requiere en este país de políticas
económicas socialmente orientadas, monetarias. fiscales y regulatorias que
permitan el desarrollo macroeconómico pero con un beneficio social, dirigido a
reducir las desigualdades.
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