Francisco
Ortiz Pinchetti.
Por supuesto
existen claras similitudes entre los casos del líder petrolero Joaquín
Hernández Galicia, “La Quina”, y la dirigente magisterial Elba Esther Gordillo
Morales, “La Maestra”. Ambos alcanzaron inmenso poder en sus respectivos
emporios sindicales y los dos fueron finalmente víctimas –independientemente de
sus fechorías evidentes– de una venganza política que los privó de su libertad,
al primero durante ocho años y a la segunda durante cinco años y medio.
Hay
coincidencia también en que tanto Joaquín como Elba Esther no fueron acusados
por los verdaderos delitos graves que pudieron cometer, sino que se les
fincaron acusaciones endebles y laterales como si se pretendiera desde un
principio dejar abierta la puerta de su liberación, una vez cumplido su
“castigo”.
Me tocó
documentar en varios reportajes la riqueza inmensa de “La Quina”, el poderío
económico y político de su emporio sindical y las atrocidades propias de un
cacicazgo que se inició en 1961, todavía durante el gobierno de Adolfo López
Mateos, y que resistió otros cuatro sexenios: Gustavo Díaz Ordaz, Luis
Echeverría Álvarez, José López Portillo y Miguel de la Madrid Hurtado. Con cada
uno de esos presidentes tuvo el líder petrolero conatos de enfrentamiento, que
en realidad eran hábiles maniobras suyas para encarecer el precio de su apoyo
al régimen priista.
Un supuesto
respaldo económico de “La Quina” en 1988 a Cuauhtémoc Cárdenas (que ganó en
todas las zonas petroleras del país), que incluiría el patrocinio para la
edición de un panfleto contra Carlos Salinas de Gortari, habría tensado sus
relaciones con el candidato presidencial del PRI. Tuvo con él un enfrentamiento
público, eso sí, en los inicios del gobierno y unos días antes de ser detenido,
al oponerse a las posibles intensiones del nuevo mandatario de “privatizar” la
industria. A esos factores se habría sumado la necesidad de legitimación a
través de un golpe mediático de un Presidente cuya elección había sido
ampliamente cuestionada.
El 10 de
enero de 1989, un comando militar irrumpió muy de mañana en la casa de “La
Quina” en Ciudad Madero, que fue tomada literalmente por asalto. El líder
petrolero fue detenido en pijama. También una docena de sus incondicionales. El
operativo fue dirigido personalmente por el célebre subprocurador federal
Javier Coello Trejo, que ganaría luego el apodo de “el Fiscal de Hierro”.
Según la
versión oficial, un agente del ministerio público, Gerardo Antonio Zamora
Arrioja, habría sido recibido a balazos y asesinado en la puerta de la
residencia. En el pequeño vestíbulo de la entrada –en el que estuve en más de
una ocasión, por cierto-–, los militares habrían “encontrado” cajas que
contenían metralletas y otras armas, destinadas a una supuesta sublevación
contra el gobierno.
La verdad
fue que en ese lugar no ocurrió muerte alguna. Tampoco hubo disparos. Constaté
que en ninguna funeraria de Ciudad Madero o Tampico se recibió el cadáver, que
nadie vio, y que el acta de fallecimiento fue enviada por “fax” desde la Ciudad
de México (Zamora Arrija murió efectivamente en esas fechas, pero en Ciudad
Juárez).
Por otro
lado, era absurdo el almacenamiento de cajas repletas de armas largas en el
recibidor de la casa, donde Joaquín solía atender cada miércoles a decenas de
petroleros y familiares de éstos que acudían a hacerle alguna petición.
“La Quina”
nunca fue acusado por la enorme corrupción que encabezaba (sobre todo referida
al tráfico de contratos y plazas) y en la cual estaban involucrados ex
funcionarios y funcionarios de Pemex. Fue acusado de homicidio y acopio de
armas, pero finalmente sentenciado sólo por este último delito a 35 años de
prisión. Sin embargo, fue “amnistiado” en 1997, durante el gobierno de Ernesto
Zedillo Ponce de León. Murió en Tampico en noviembre de 2013.
Por su
parte, Elba Esther, (a quien su antecesor y protector Carlos Jonguitud Barrios
puso el mote de “La Flaca” allá por 1973), tuvo diferencias con Enrique Peña
Nieto desde la campaña presidencial de 2012. La lideresa chiapaneca coqueteó
con su apoyo y el de su partido Nueva Alianza a AMLO, que no ocurrió en los
hechos, aunque sí se mostró intransigente ante la petición de apoyo del nuevo
mandatario a la Reforma Educativa.
Aunque
fueron ampliamente documentados y difundidos los despilfarros de la maestra en
viajes, lujos, joyas, casas, ropa, para lo cual dispuso de mil 978 millones de
pesos del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), la maestra
–detenida en febrero de 2013 en el aeropuerto de Toluca– fue acusada de
operaciones con recursos de procedencia ilícita y de delincuencia organizada.
El sindicato
pudo haberla acusado de desvío de recursos, pero nunca lo hizo. Ella siempre
alegó que el uso ilimitado de los dineros sindicales por parte de la dirigencia
era “habitual y legal”.
Los delitos
que se le imputaron acabaron por desvanecerse y el magistrado del Primer
Tribunal Unitario Penal, Miguel Ángel Aguilar López, declaró su inocencia y
ordenó su liberación el pasado martes 7 de agosto, justo en la víspera de la
entrega de la constancia de mayoría al Presidente electo Andrés Manuel López
Obrador. Y a menos de cuatro meses de que EPN deje el cargo.
La
coincidencia ha provocado especulaciones sin cuento. Se habla sin ninguna
evidencia de un “acuerdo” entre Peña Nieto y su sucesor, cuya virtual
secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, declaró que la decisión de
liberar a la ex dirigente del sindicato magisterial fue “acertada” e incluso
que “se lo merecía”. La coincidencia de fechas en que se da la liberación de
“La Maestra” es sorprendente, eso sí. También la semejanza de su caso con el de
Joaquín Hernández Galicia. Es el sistema político mexicano que… ¿se va?
Válgame.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario.