Salvador
Camarena.
Rubén Pat
fue asesinado la madrugada del 24 de julio en Playa del Carmen. Era periodista
y director del semanario Playa News, en Quintana Roo. Ese homicidio ocurrió
menos de un mes después de que un compañero suyo, José Guadalupe Chan Dzib,
también fuera ultimado en similares circunstancias.
Ahora que ha
iniciado un diálogo nacional sobre la violencia (la verdad exagero al llamar
así, diálogo nacional, a los foros que ha iniciado esta semana el pejismo), no
estaría mal que se hablara sobre lo que no ha hecho el gobierno para proteger a
los periodistas amenazados, como fue el caso de los integrantes de Playa News,
entre ellos Pat y Chan.
En junio de
2017 Pat había sido detenido, amenazado y torturado por policías municipales de
Solidaridad (Playa del Carmen). Tras esos hechos, Pat fue inscrito en el
Mecanismo para la protección de personas defensoras de derechos humanos y
periodistas, un invento en los albores de sexenio que, como es evidente, a Pat
no le sirvió de nada. El Mecanismo se ha probado como un invento de altos
vuelos en el terreno de las formalidades, pero nulo impactó en la realidad. De
parte del gobierno que está por terminar nunca se advirtió voluntad para hacer funcionar
esas medidas, como en su momento advirtió Article 19 capítulo México, que con
cifras hasta 2015 advertía que “a poco más de tres años de su creación, el
Mecanismo sigue sin dar los resultados esperados ante el aumento de violencia
en contra de quienes ejercen el periodismo”.
En el
informe anual para ese año, esa organización establecía no sólo la disparidad
entre el número de agresiones contra periodistas registradas frente a las
solicitudes de protección atendidas por el Mecanismo (apenas un 20 por ciento
de los casos), sino testimonios demenciales sobre cómo uno de los “pilares” de
ese programa, el botón de pánico que se otorga a quienes se acogen a ese
programa, no servía de nada. O servía para incluso amenazar a periodistas: “El
8 de agosto de 2015, Bartolomé Canché caminaba por Seyé, ocho días después de
haber recibido el botón”, consigna Article 19 en el informe ya referido. En
seguida, Canché cuenta que “estaba en la plaza principal de Seyé cuando escuché
que algo timbraba, y no era mi teléfono. Me percaté que era el botón, por lo
que lo miré; me estaban llamando de un número desconocido, con una clave lada
que no era de la zona, algo extraño para mí; decidí responder la llamada.
‘Bartolo, Bartolo’. ¿Sí, bueno?, dije para de inmediato escuchar. ‘Oye, pues ya
te llevó la tostada’”. Y no fue la única vez que lo amenazaron. Más allá del
botón de pánico, las insuficiencias del Mecanismo han sido denunciadas, en
fecha tan reciente como junio, por la Organización de las Naciones Unidas. Esto
dice la ONU en su “Informe Especial sobre la situación de la Libertad de
Expresión en México”: “El Mecanismo carece de recursos suficientes para ejercer
plenamente su mandato. Necesita recursos que le permitan incrementar de manera
sustancial la cantidad de personal; proteger a su personal y retenerlo;
asegurar un análisis oportuno de las amenazas; y capacitar al personal sobre
temas relacionados específicamente con cuestiones de género e indígenas. El
Mecanismo debería además recibir recursos para brindar apoyo psicológico
integral a los periodistas desplazados y sus familias. Debería brindar apoyo
que permita a los periodistas seguir trabajando desde su nueva ubicación e
impulsar estrategias que faciliten el regreso de los periodistas en las
condiciones de seguridad necesarias. Un esfuerzo ambicioso del gobierno para
aumentar la capacidad y el presupuesto del Mecanismo no sólo favorecerá el
objetivo de dar mayor protección, sino que además transmitiría la voluntad
política de que la seguridad de los periodistas sea un objetivo nacional
prioritario”. En lo que va de 2018 van 8 periodistas asesinados en nuestro
país. Para cambiar esa realidad hará falta mucho más que dar botones de pánico.
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