Andrés
Manuel López Obrador dio marcha atrás: con permiso de Enrique Peña Nieto, el
presidente electo acudió a las secretarías de la Defensa y de Marina para
asegurarles a sus titulares que se mantendrán los “usos y costumbres” en la
designación de sus sucesores, algo que había criticado durante su campaña. Y
también al contrario de lo que había venido planteando con anterioridad,
declaró que las Fuerzas Armadas seguirán actuando en labores de seguridad, al
menos hasta que la Policía Federal sea capaz de enfrentar la violencia que
azota al país.
Andrés
Manuel López Obrador, se contuvo ante los militares. Su confrontación con los
altos mandos del Ejército y la Marina durante la campaña presidencial acabó en
acercamiento.
Apegado a “los usos y costumbres” del
estamento militar, no sólo fue él quien los visitó en sus centros de mando,
sino que designará a sus sucesores en las secretarías de la Defensa Nacional y
de Marina de entre los generales y almirantes que ellos le propongan. Entre los
prospectos destacan quienes han estado en primera línea en la estrategia de
“guerra al narcotráfico” que López Obrador ha criticado desde antes de ser
candidato presidencial.
El asesinato de civiles en Tlatlaya,
la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, el recrudecimiento de la
violencia en Guerrero y Michoacán o la desaparición forzada de personas en
Tamaulipas están detrás de las hojas de servicio de los generales y almirantes
del primer círculo de los altos mandos y que aspiran a ser los jefes militares
en el gobierno de López Obrador.
Si ya en los primeros días después de
su triunfo del 1 de julio López Obrador había dicho que respetaría la forma en
que se ha elegido a los secretarios militares desde el régimen del PRI, el
lunes 20 despejó cualquier duda al respecto. En la conferencia de prensa que
dio en el Palacio Nacional con el presidente saliente, Enrique Peña Nieto,
luego de la primera reunión formal de transición, afirmó sin equívocos que los
próximos jefes de las Fuerzas Armadas serían un general y un almirante en
activo.
Así puso fin a las especulaciones de
que constitucionalmente estaba en condiciones de designar a militares en
retiro. No son pocos los mandos retirados que lo han respaldado desde su
primera candidatura presidencial, en 2006; el más conocido es el general
tabasqueño Audomaro Martínez, quien desde que estaba activo apoyó abiertamente
a su paisano.
Las dos
visitas.
A diferencia
de los desencuentros con ellos durante la campaña (Proceso 2155) y de lo que ha
sido la dinámica de visitas a su casa de trabajo de quienes lo han querido ver,
fue él quien visitó a los secretarios militares en sus centros de mando.
El martes
21, sin anuncio previo, acudió a la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena)
para reunirse con el jefe del Ejército y Fuerza Aérea, el general Salvador
Cienfuegos Zepeda.
Por la noche, después del hermetismo
en torno a esa visita, el presidente electo anunció en su cuenta de Twitter:
“Me reuní con el general de división Salvador Cienfuegos; me dio sus puntos de
vista sobre el grave problema de la violencia y las alternativas. Reiteré que
el próximo secretario de la Defensa Nacional será un militar en activo del más
alto rango, honesto y leal a la patria”.
La mañana del viernes 24 fue al
cuartel general de la Marina Armada para encontrarse con el secretario,
almirante Vidal Francisco Soberón Sanz. En conferencia de prensa posterior
reiteró que designará a mandos en activo y, contrario a su discurso de campaña,
dijo que las Fuerzas Armadas seguirán participando en labores de seguridad.
Aunque
matizó que esa participación será transitoria, subrayó: “Quiero ser lo más
claro posible, sincero. Si no contamos con el apoyo del Ejército y la Marina no
podríamos enfrentar el problema de la seguridad”. Después de reunirse con
Soberón, añadió: “La Policía Federal no está preparada para sustituir lo que
hacen actualmente los soldados y los marinos; siendo realistas, no se ha podido
consolidar a la Policía Federal. No se avanzó”.
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