Diego
Petersen Farah.
Los casos de Elba Esther Gordillo y
Javier Duarte han puesto nuevamente en evidencia a la Procuraduría General de
la República. Ya no sabemos si es ineficiente a secas o intencional y
perversamente ineficiente. Ojalá fuera lo segundo, que las pifias, los hierros
y la falta de pericia para perseguir delitos de corrupción sean porque hay una
mente macabra pensando cómo ayudar a sus “carnales”, pero me temo que no, que
el problema es la ineficiencia a secas, sin adjetivos, que, efectivamente, en
este país la justicia es ciega, pero también sorda, muda y lerda: da palos de
ciego, no escucha a nadie, no tiene una voz autorizada y hace tonterías por
sistema.
Uno puede entender que políticamente
el sistema tenga interés en que el ex Gobernador priista de Veracruz, Javier
Duarte, salga de la cárcel lo antes posible, quizá hasta para cumplir algún
pacto tipo “compadre, te tienes que ir a la cárcel pero yo me comprometo a que
salgas antes de que yo me vaya y te quedes con tu lana para que sigas
mereciendo la abundancia”, pero me cuesta muchísimo trabajo pensar que la PGR y el gobierno federal
hayan tenido la más mínima intención de ayudar a que la maestra Gordillo saliera
del bote y revivir al enemigo. Con la debilidad política que saldrá el grupo de
Peña Nieto (quizá sea el expresidente más débil de los últimos años, y
particularmente el ex secretario de Educación y responsable de la desastrosa
campaña de Meade, Aurelio Nuño, por supuesto que no les conviene tener en la
calle, empoderada y enojada, a quien le hicieron la guerra, por las razones que
haya sido.
Me temo, pues, que no estamos ante
una justicia selectiva sino ante una Procuraduría tan ineficiente que cualquiera
que tenga dinero y abogados la puede vencer. Los pobres seguirán siendo la
carne de cañón y los que engrosarán las cifras del informe presidencial el
primero de septiembre, pero los llamados “peces gordos” se libran de la cárcel
literalmente como peces en el agua.
¿La autonomía es un requisito
indispensable para que la fiscalía sea eficiente? Jurídicamente no. En eso
tienen razón quienes defienden la visión de López Obrador de no ceder la
Fiscalía, la independencia no basta, pero no deja de ser una trampa discursiva.
La eficiencia y la autonomía son cualidades distintas, ambas necesarias. No se
trata de escoger entre una u otra sino de que se cumplan ambas para que
realmente sirva. La “independencia de facto” que plantea el presidente electo
depende de la voluntad del jefe, es estar parado sobre una pierna ajena.
La verdadera
autonomía y eficiencia dependerán de un fiscal fuerte y con voluntad política,
pero sobre todo diseño institucional inteligente.
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