Francisco
Ortiz Pinchetti.
Quienes claman por el encarcelamiento
de Enrique Peña Nieto debieran tener presente que para enjuiciar a cualquier
persona se requiere que haya una demanda penal en su contra y tener pruebas de
su presunta culpabilidad. No basta con el señalamiento público ni las denuncias
de activistas o políticos en los medios. Un caso típico es el de Carlos Salinas
de Gortari, que fue acusado de mil infamias. Se hizo célebre su imagen pública en
la caricatura de un pelón que huía con un costal de dinero sobre el
hombro. Y 30 años después de dejar el
cargo el ex presidente vive en libertad y tan campante: nunca se probó nada en
su contra.
En el caso
del todavía Presidente de la República, los que serían supuestos motivos para
llevarlo a prisión, algunos de los cuales rayan en el absurdo, se han
convertido en lugares comunes que no tienen ningún sustento legal para
enjuiciarlo. Tampoco se ha presentado
hasta ahora denuncias en su contra.
Le achacan
como culpas, entre otras, la llamada Casa
Blanca, la Estafa Maestra, los supuestos sobornos de Odebrech, la matanza de 43
normalistas en Ayotzinapa, la casa de Malinalco, los muertos y desaparecidos de
la guerra del crimen organizado, el socavón de Cuernavaca, los lujos y
despilfarros de su familia y hasta el avión presidencial que compró Felipe
Calderón Hinojosa, su antecesor. Ninguno de tales “cargos” tiene hasta ahora un
sustento jurídico.
Molesta y hasta decepciona a esos
acusadores la postura de Andrés Manuel ante el caso de Peña Nieto. Lo dijo al
final de su campaña y lo ha reiterado como Presidente electo: “No meteré a Peña
Nieto a la cárcel”. Esta decisión abona inclusive a la sospecha de un pacto
secreto entre ambos, que comparten algunos de los más radicales otrora
promotores del tabasqueño.
En primer
lugar, no estará entre sus atribuciones
como titular del Ejecutivo federal “meter a la cárcel” a nadie: eso compete a
la autoridad judicial. En segundo lugar, no tiene en sus manos las evidencias como para hacer una denuncia
formal. Seguramente sabe que lo más grave es que las acusaciones sin fundamento
tangible y sin pruebas se convierten a la postre en bonos de impunidad. Los
ejemplos abundan.
Hasta ahora, el único caso
documentado que podría conducir a un enjuiciamiento de Peña Nieto es el desvío
al PRI de casi 250 millones de pesos, dispuesto por la Secretaría de Hacienda
en 2016, para financiamiento de las campañas del tricolor en Chihuahua y otras
entidades. El asunto involucra directamente
al ex gobernador chihuahuense César Duarte Jáquez, pero también a personajes
del más alto nivel. La SHCP estaba encabezada entonces por el hoy canciller
Luis Videgaray Caso.
El PRI nacional era presidido nada menos
que por el sonorense Manlio Fabio Beltrones Rivera. Una operación de tal
magnitud tuvo que tener la anuencia del Presidente de la República.
Así lo confirma la descarada
protección que el gobierno federal ha dado hasta ahora al ex gobernador Duarte
Jáquez, escondido en El Paso, Texas. El gobierno de Chihuahua encabezado por el
panista Javier Corral Jurado ha presentado ya 14 solicitudes de extradición en
su contra, fundamentadas en sendas demandas penales con sus respectivas órdenes
de aprehensión, a la que se suma otra de origen federal. La PGR ha entregado
sólo ocho de ellas, las que corresponden a delitos menos graves, a las
autoridades estadunidenses, que no han actuado.
Hay que considerar el tema que
directamente toca a uno de los políticos más poderosos de este país, Beltrones
Rivera, y a un funcionario clave en el equipo más cercano de Peña Nieto como es
el canciller Videgaray Caso. El involucramiento de ambos lleva
irremediablemente a la casona de Los Pinos.
Por eso Corral Jurado ha afirmado que él sí puede tener pruebas para
encarcelar a Peña Nieto
El
gobernador de Chihuahua acusó colusión
entre el Presidente y su actual secretario de Relaciones Exteriores, para bajar
de la solicitud de extradición la orden de aprehensión por el desvío de 250
millones de pesos en la cual participó Alejandro Gutiérrez Gutiérrez (entonces
secretario general del CEN del PRI y principal operador de Beltrones Rivera),
recursos que fueron a parar al partido.
Corral
Jurado, que ha sufrido presiones y represalias del gobierno federal por no
ceder en su afán de llevar el asunto hasta sus últimas consecuencias, detalló que en la investigación de
Gutiérrez Gutiérrez, actualmente preso en una cárcel de la entidad norteña,
conduce en términos objetivos no sólo al secretario Videgaray Caso, sino
también al presidente Peña Nieto. “No pudo (EPN) permanecer ajeno a los desvíos
del Fondo de Fortalecimiento Financiero para las campañas del PRI”, aseguró.
Precisó que la estrategia del Mandatario es quitarle los cargos más pesados a
Duarte Jáquez porque involucran a funcionarios de su administración y de su
partido. ¿Y a él mismo? “Si traen a Duarte, Duarte se lleva a Peña”, dijo el
gobernador al atribuir “directamente” al Presidente la responsabilidad de este
caso.
El asunto
pone al descubierto, además, un modus operandi común en el sistema político
priista desde hace muchos años. El valor de la denuncia de Corral Jurado es
precisamente que por primera vez se documenta y prueba esta práctica perversa
de canalizar de manera subrepticia recursos públicos a las campañas electorales
del tricolor. Este tema reviste enorme trascendencia y se convierte así en
oportunidad única y cierta de llevar a juicio al mandatario actual. Es el caso
clave.
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