Gustavo De
la Rosa.
“Un Gobierno cercano a la gente”,
“gobernar contigo”, “gobernar para tu familia”; estas frases tienen un gran
significado, pero en cuanto toman el poder (a sabiendas de que ni siquiera lo
iban a intentar) los presidentes que las usaron como eslogan de campaña las
olvidan.
El Gobierno de Andrés Manuel, que
empieza en diciembre, ha hecho un compromiso enorme: “Gobernar con el pueblo”.
Los que colaboramos con él, en el nivel del contacto ciudadano, hemos visto que
las relaciones Gobierno-gobernados son establecidas principalmente a través de
asociaciones civiles (y en segundo nivel a través de los partidos políticos).
Las organizaciones civiles han
cogobernado con el Estado mexicano porque este no ha atendido los problemas
básicos de la población de manera directa y ha ido delegando una enorme
cantidad de sus tareas a las iglesias, las sociedades de padres, clubes sociales,
etcétera.
Ante las
evidentes necesidades de la población, muchos
profesionistas y ciudadanos de bien se organizaron, auto-emplearon y fundaron
asociaciones civiles para obtener recursos a través de fundaciones o de alguna
rama de Gobierno; esto les dio la posibilidad de tener un trabajo digno y ser
útiles a su ciudad, pese a carecer de seguridad social y obligados a envejecer
en su tarea casi honorífica.
Al principio
sólo apoyaban las funciones gubernamentales, pero con el transcurso del tiempo y bajo el régimen neoliberal las
tareas de los ciudadanos organizados fueron creciendo y han llegado a sustituir
la responsabilidad gubernamental en algunas obligaciones, por lo que si
queremos acercar al nuevo Gobierno con el pueblo debemos hacer un diagnóstico
de la actuación de las organizaciones civiles en la ciudad.
La semana pasada, aún con el eco del
foro por la pacificación y reconciliación nacional, nos reunimos con los
representantes de algunas de las asociaciones que tienen mayor historia
trabajando con la población vulnerable; acudieron representantes de
organizaciones contra el cáncer, que atienden a miles de niños en escuelas
desde primaria hasta preparatoria y que luchan por justicia de la ciudad;
organizaciones musicales con cientos de niños aprendiendo música sinfónica y
otras que buscan modelos alternativos para atender a los jóvenes desertores de
secundaria o de preparatoria.
Así fue como pudimos advertir que muy
buena parte del trabajo que corresponde al Gobierno lo hace la sociedad y que
consigue recursos de otros ciudadanos o fundaciones; también pudimos advertir
que los gobiernos del PAN y el PRI se conforman con entregarles medallas y
reconocimientos a cambio de beneficiarse de su trabajo cotidiano.
No me explico por qué enfermos de
cáncer son atendidos por ONGs si es un problema de salud pública, o por qué en
esta ciudad de migrantes los que nos visitan en busca de trabajo o para
intentar cruzar el río tienen que acudir a un refugio organizado por la Iglesia
porque no hay un plan de Gobierno para atenderlos integralmente, ni por qué no
existe una estrategia gubernamental que ofrezca una opción educativa pertinente
a los 25 mil jóvenes que desertaron de secundaria y que se han convertido en el
ejército de reserva de la delincuencia organizada.
También sorprendió que organizaciones de
empresarios, industriales y comerciantes, estén trabajando para mejorar las
condiciones de vida de los trabajadores juarenses y busquen convencer a los
empleadores de la ciudad de que acepten y mejoren la propuesta de AMLO de
duplicar el salario de sus trabajadores, sector de la población que abarca al
menos a 120 mil operarios que ganan entre uno y dos salarios mínimos.
¿Dónde ha quedado el Gobierno al
momento de atender los problemas de todos los pobladores de esta región
fronteriza? Ni siquiera cumple con los servicios básicos, como seguridad
pública, alumbrado, cámaras de vigilancia, pavimento, parques o drenaje
funcional.
Cada día volvemos un poco más a la
época virreinal, cuando la encargada de los sectores vulnerables de la sociedad
era la Iglesia católica, aunque en aquel tiempo recolectaba el 10 % de las
ganancias de los novohispanos y ahora estas organizaciones dependen siempre de
la buena voluntad de otros ciudadanos, de fundaciones que canalizan parte de
los impuestos de personas físicas y morales a obras de beneficencia y de buenas
relaciones con algunos funcionarios.
Esta es una ciudad miserable donde
los ciudadanos se ayudan unos a otros y para “gobernar con el pueblo” se deben
hacer alianzas y coordinar funciones con las organizaciones civiles,
reconociendo con seguridad social el esfuerzo de estos trabajadores; también se
debe gobernar para el pueblo, porque hasta ahorita sólo se ha gobernado para
unos cuantos, ignorando y pisando al resto.
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