Ricardo
Ravelo.
Javier Duarte de Ochoa, ex gobernador
de Veracruz podría quedar en libertad en muy pocos días. Quizá antes de la
navidad el ex mandatario abandone la prisión en la que fue recluido tras su
captura efectuada en Guatemala en abril de 2017.
La Procuraduría General de la
República (PGR), convertida en instrumento del presidente Enrique Peña Nieto,
procedió a sustituir, ante el juez correspondiente, la acusación por
delincuencia organizada por la de asociación delictuosa, lo que le permitiría al ex mandatario
llevar su proceso en su domicilio y quizá plácidamente acostado en un cómodo
sillón inglés Chesterfield.
Esta maniobra, a todas luces una
acción orquestada por Peña Nieto – y consentida por el presidente electo,
Andrés Manuel López Obrador, quien nada ha dicho al respecto –podría poner en
la calle a uno de los personajes más polémicos del sexenio, quien en Veracruz
está acusado de realizar maniobras fraudulentas, mediante el esquema de las
empresas fantasmas, para desviar miles de millones de pesos a cuentas
personales y de terceros, es decir, sus testaferros.
De igual
forma, sobre Duarte de Ochoa pesan delitos
de lesa humanidad, enriquecimiento ilícito, desaparición forzada y uso de
dinero público para financiar campañas políticas de candidatos del PRI
–presuntamente como parte de un proyecto orquestado por el presidente Peña
Nieto, Luis Videgaray –entonces poderoso secretario de Hacienda –y Manlio Fabio
Beltrones, presidente del PRI en 2016, cuyo eje central fue el uso de dinero
público de varios estados, entre otros, Chihuahua, Chiapas, Quintana Roo y
Veracruz.
Duarte de
Ochoa también está señalado de comprar
decenas de propiedades tanto en México como en el extranjero –casas, hoteles,
ranchos, obras de arte, entre otros bienes –presuntamente a través del desvío
de dinero público que, de acuerdo con las acusaciones, fue realizado en
contubernio con sus más cercanos colaboradores: Vicente Benítez González, uno
de sus principales operadores financieros, quien terminó aliado con el
gobernador Miguel Ángel Yunes a cambio de impunidad. Benítez era candidato a la
cárcel hasta que pactó con Yunes.
En la lista de cómplices y sobre
quienes no se ha ejercido acción penal figuran Alberto Silva, ex diputado
federal y ex director de Comunicación Social de Javier Duarte en dos ocasiones,
acusado también del desvío de fondos de esa dependencia y sobre quien pesan
señalamientos del cobro de adeudos de algunos medios de comunicación mediante
el uso de facturas falsas.
En la lista también está el ex
diputado Jorge Carvallo, quien se ha enriquecido en forma descomunal cuando
hasta no hace muchos años era el responsable de cargarle la maleta a Fidel
Herrera Beltrán. De
2010 a la fecha, Carvallo fue secretario particular de Duarte, presidente del
Congreso de Veracruz y de ahí saltó al círculo de los multimillonarios. El SAT lo investiga, según el expediente
del caso, por utilizar una red de cómplices para que le ocultaran sumas
millonarias en sus cuentas personales. Dichas personas actualmente son
investigadas por el SAT debido a que no justificaron el origen de dichos
recursos. Pero Carvallo ni suda ni se acalora. Gracias a su pacto con Yunes
nunca ha sido molestado por la justicia.
El caso
Javier Duarte, por donde se le vea, es harto polémico. Para llegar a la
gubernatura de Veracruz, el actual gobernador Miguel Ángel Yunes Linares
ofreció encarcelar a buena parte del gabinete que acompañó a Duarte en su
gestión. Lo hizo. En el penal de Pacho
Viejo, cerca de la ciudad de Xalapa, están recluidos algunos de los más
truculentos ex funcionarios. Quizá otros peores están libres, como los ya
mencionados.
El caso es que ahora que corre la
versión de que el hombre más repudiado, rechazado y odiado de Veracruz –Javier
Duarte –puede salir en libertad, va en aumento el mismo rechazo y repudio hacia
la persona de Miguel Ángel Yunes Linares precisamente por incurrir en los
mismos excesos que Duarte: desvío de fondos del erario, malos manejos con los
bienes decomisados a Duarte y ex colaboradores y uso indiscriminado de dinero
público para intentar imponer a –Miguel Ángel Yunes Márquez, su hijo, como
gobernador del estado.
Yunes falló en su intento perverso. Y
eso lo festejan en Veracruz a grado tal que el miércoles 22 un grupo de
empresarios colocó un reloj en la ciudad de Xalapa para llevar la cuenta
regresiva de los días, las horas y los minutos que le quedan a Yunes en el
poder. En pocas palaras, aseguran: “Ya queremos que se largue”.
Pero algo
queda muy claro en el estado: si
Cuitláhuac García, gobernador electo, no encarcela a Yunes Linares o le exige
que se vaya del estado, el ex gobernador de convertirá en una pesadilla para el
nuevo gobierno. Algo tendrán que hacer Andrés Manuel López Obrador y su asesor
jurídico, Julio Scherer Ibarra, para mantener lejos de Veracruz al llamado
“Diablo Yunes”.
Por lo
pronto, el tiempo avanza y se acerca el
día de la entrega del poder. Yunes ha decidido que el proceso de transición se
lleve hasta noviembre. Nada congruente resultó Yunes cuando él ganó las
elecciones, pues exigió que dicho proceso se llevara de inmediato. Cuitláhuac
García ha mostrado civilidad –también educación y respecto –hacia el mandatario
veracruzano, sabedor de que el día de la entrega llegará y Yunes Linares deberá
entregar el poder a quien menos imaginó, pues daba por hecho que el relevo
sería su hijo, quien todavía está en proceso de restauración emocional tras su
derrota.
El tema central ahora en Veracruz
serán las finanzas, se asegura que a toda velocidad Yunes contrató a varios
despachos de contadores expertos en maquillar cuentas para tapar los huecos que
dejará en el erario público, pues se desviaron sumas multimillonarias tanto
para la candidatura de Ricardo Anaya como para Miguel Ángel Yunes Márquez. Este
es un tema que la nueva administración no debe perder de vista.
Durante el
periodo de Yunes no se cumplió con los
programas de obra pública. Tampoco se liquidó a cientos de empresarios que
todavía reclaman sus pagos. Menos existen cuentas claras sobre el dinero y los
bienes asegurados a Javier Duarte, ex colaboradores y testaferros.
Ahora que
casi es un hecho la liberación de Duarte quizá otro de los acuerdos entre Peña
Nieto y López Obrador sea el encarcelamiento de Yunes. O bien la negociación
para que se vaya del estado para siempre si quiere vivir en paz. López Obrador,
no hay que olvidarlo, fue blanco de agravios por parte de Yunes y fue
severamente ofendido por quien a lo largo de su historia ha resultado ser un
verdadero bagazo de ser humano, quien practica las artes más sucias de la
política barata y ruin.
No hay que
olvidar el año de 1994, cuando Cuauhtémoc Cárdenas era candidato a la
presidencia de la República. El café de La Parroquia de Veracruz de pronto se
inundó de vagabundos alcoholizados y homosexuales –travestis en su mayoría
–contratados por instrucciones de Yunes Linares –entonces poderoso secretario
de Gobierno de Patricio Chirinos –del centro nocturno Bum Bum de la ciudad de
Xalapa. El objetivo: arruinarle la visita a Cárdenas. No hace falta añadir
palabras a este hecho. Todos lo recuerdan con lujo de detalles.
Ese es Yunes. Jamás ha cambiado ni
cambiará. Su incursión en el PAN sólo fue una forma de reciclaje político. El
ser humano se mantiene igual hasta el final. Se puede actuar con honestidad,
pero jamás será un hombre honesto en el ejercicio del poder.
En las manos de López Obrador y de
Cuitláhuac García está el futuro de Yunes. De ellos depende si lo dejan libre,
deciden encarcelarlo o exiliarlo. Hay quienes afirman,
con sorna, que sería excitante que fuera recluido en Pacho Viejo, ahí donde
están Gina Domínguez, Arturo Bermúdez y Juan Antonio Nemi. Y existen elementos
para hacerlo tanto a nivel federal como a nivel local. Todo es cuestión de
voluntad. A ver que decide López
Obrador. De él depende. Si decide llevar el caso a una consulta pública quizá los
días de Yunes en libertad estén contados.
También falta ver qué dice Javier Duarte – quien
tiene sed de venganza y cuya opinión seguramente tomarán en cuenta –cuando
recobre su libertad. Duarte se ha comprometido a denunciar. Al conductor Ciro
Gómez Layva — su vocero — le ha prometido en diversas ocasiones que hablará y
contará su verdad. Seguramente tiene mucho qué decir, sobre todo, de Peña Nieto
y de Yunes Linares.
Lo que muchos le sugieren a Yunes es
que vaya juntando el dinero asegurado a Duarte y las casas que decomisó porque
antes de que termine su gestión como gobernador las tendrá que devolver
intactas.
O pagarlas si es que ya las vendió.
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