Jorge Javier
Romero Vadillo.
El tema de
la regulación de la mariguana ha sido de nuevo puesto en el centro de la
discusión pública por la futura secretaria de Gobernación, Olga Sánchez
Cordero, como parte del paquete de temas que se deben analizar para alcanzar la
pacificación del país, atenazado por la violencia homicida desatada en torno a
la guerra contra el crimen organizado. También el próximo embajador ante las
Naciones Unidas, Juan Ramón de la Fuente, ha reiterado recientemente su
posición favorable a un cambio en la política de drogas que comience por
eliminar la prohibición del cannabis, como una condición necesaria, si bien no
suficiente, para reducir la violencia. Se trata de dos voces muy influyentes
del entorno del futuro presidente y aunque es evidente que en el próximo
gobierno no existe un consenso en torno al tema, sus dichos son una señal
positiva en la dirección correcta.
En este
nuevo clima, que abre la posibilidad para un giro en la estrategia antidrogas
basada en la utilización de la persecución policiaca y la utilización del
sistema de justicia penal para combatir los consumos presuntamente peligrosos
de sustancias, y que tan malos resultados ha dado, el libro Mariguana a la
mexicana, escrito por el periodista Nacho Lozano y recién publicado por
Grijalbo, resulta especialmente pertinente.
Escrito en
un tono coloquial, dirigido al gran público, el libro de Lozano es un trabajo
basado en una acuciosa investigación de carácter periodístico: un gran número
de entrevistas a estudiosos, activistas, consumidores, detractores de la
mariguana, funcionarios públicos, médicos y neurocientíficos, que cubren
prácticamente todo el espectro de posiciones en torno al tema, combinado con un
buen análisis de fuentes escritas, de manera que el resultado es un bien
ensamblado mosaico que da cuenta del estado actual del debate en torno al
cannabis, pero que no se queda en la mirada aséptica del analista, sino que
termina por tomar partido claramente a favor de una regulación sensata de la
mariguana.
Dice Nacho
al inicio del libro que el motivo que lo llevo a escribirlo fue que simplemente
se había hartado de que muchos fumen mariguana, pero pocos la conozcan
seriamente. “Es tal la desinformación sobre la mariguana que hablar de ella es
referirse a algo sombrío, una cosa monstruosa, una nube verde que a ratos
arranca sonrisas y tranquiliza, un secreto que nos hace cómplices, un delito
que cometemos. Es el elefante verde en la habitación. Fumar mariguana en este
país es muy común, pero poco público. Es un clóset verde, una suerte de
homosexualidad a la mexicana porque se oculta; es una adicción que cubrimos por
muchas razones”. De ahí que se proponga sacar del clóset a la mariguana y
exponerla sin prejuicios ni tabúes a un escrutinio detallado, pero narrado con
ligereza y humor.
La discusión
sobre la mariguana dio un giro en México cuando en noviembre de 2015 la Suprema
Corte de Justicia de la Nación amparó a los cuatro integrantes de la Sociedad
Mexicana de Consumo Responsable y Tolerante (SMART) para que, con base en el
libre desarrollo de su personalidad, pudieran cultivar y transportar mariguana
para su consumo personal y, en consecuencia, declaró inconstitucionales varios
artículos de la Ley General de Salud en los que se sustenta la prohibición
absoluta del cannabis en México. Aquel fallo de la Corte abrió de nuevo un
debate que ha sido recurrente en distintos espacios durante los últimos diez
años. De ahí que, después de hacer una revisión bien resumida de los que se
sabe y lo que se cree sobre la mota, Lozano haga la crónica del amparo a SMART,
lo explique y documente las circunstancias en las que se logró ese paso contra
el prohibicionismo a partir de las conversaciones con sus protagonistas.
La parte del
libro que resulta más conmovedora es el tercer capítulo, dedicado a narrar
historias con la mariguana. En él se hace evidente la injusticia que rodea al
prohibicionismo, la tétrica manera en la que se seba con los más pobres y
débiles, mientras que los privilegiados apenas si viven sus efectos. Los
testimonios recogidos por Nacho contrastan cómo la misma conducta tiene
consecuencias muy distintas, dependiendo de la posición social del infractor:
un joven ejecutivo de publicidad evita ser detenido por fumar mota en la calle
con una mordida de mil pesos, mientras un albañil detenido con una cantidad
menor de mariguana acaba en la cárcel por narcomenudeo, tan solo por tener la
mala suerte de salir de comprarla cuando llegaba la policía a detener a los
traficantes que se la vendieron, mismos que por supuesto lograron huir. De esas
historias se pueden contar cientos: mujeres encarceladas por transportar o por
llevarle mariguana a sus maridos en prisión, jóvenes extorsionados y vejados y
miles de presos por delitos no violento relacionados con la posesión de
pequeñas cantidades de la droga.
Por
supuesto, Lozano nos cuenta las circunstancias en las que se abrió paso el
prohibicionismo, cómo en los Estados Unidos nació de la mano de los más burdos
prejuicios racistas, la manera en la que, con base en mentiras y con una agenda
oculta, se decretó la guerra contra las drogas en la década de 1970 y cómo fue
que México acabó enfrascado en la sangrienta guerra –”guerrita”, la llama
Nacho– en la que nos encontramos desde hace más de una década.
La parte
final del libro la dedica a los usos médicos del cannabis y a narrar el
viacrucis al que se enfrentan los pacientes y sus familiares para tener acceso
a os derivados de la planta con propiedades terapéuticas. De nuevo, los
testimonios recogidos le dan una enorme fuerza a la narración.
Se trata de
un libro oportuno, necesario, en un momento en el que ya resultan superfluos
más foros o consultas y cuando lo que es apremiante es ya dar el paso a una
regulación bien diseñada que tome en cuenta las experiencias existentes en
otros países, las cuales Lozano también revisa. Un texto bien documentado y
bien narrado que puede contribuir a destruir mitos y prejuicios que matan y
acaban con la libertad de las personas de una manera en la que, desde luego, la
mariguana misma no lo hace.
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