Diego Petersen Farah.
El 2 de julio pasado, después de conocer el resultado
electoral escribí una columna titulada “Se busca oposición”. El llamado sigue
siendo válido y cada vez más urgente. No, como piensan algunos, para
obstaculizar al nuevo gobierno, sino simplemente para equilibrar: los gobiernos
sin oposición se equivocan más.
De los partidos que
conformaron nuestro espectro político los últimos 25 años podemos esperar poco:
están hechos añicos, y lo que viene es todavía peor. Los Calderón, en una
declaración que algunos ven como chantaje y otros como promesa, amenazan con
salirse del PAN y formar otro partido si no gana su candidato, Manuel Gómez
Morín. El PRI se desbarata en los estados para engrosar las filas de Morena y
el PRD muere de inanición. De los nuevos partidos ninguno tiene la presencia
nacional para hacer contrapeso.
No serán pues los
partidos quienes lideren la oposición en este país sino los organismos de
sociedad civil, y un primer atisbo son los aglutinados en el movimiento
11-11-11. Fifís, fresas, empresarios, como sea, la marcha del domingo es la
única manifestación de oposición que se vislumbra en este momento.
Independientemente de que estemos o no de acuerdo en sus planteamientos, la
marcha 11-11-11 es el primer intento por generar un equilibrio frente a un
proyecto de nación que, más allá de sus bondades y defectos (tiene mucho de
ambos) su peor falla es que es único: no hay diálogo, no hay debate ni
contrapesos.
El gran reto de este movimiento, marcadamente pero no
solo empresarial, es convertirse en interlocutor en medio de un ambiente de
crispación. López Obrador, como buen político tratara de minimizarla: si son
muy pocos siendo condescendientemente; si son muchos -más de 50 mil-
descalificándola; si son muchísimos -arriba de cien mil- polarizando. El reto
de los organizadores de la marcha es hacer sentir fuerza sin romper el diálogo
y los canales con el próximo gobierno.
Desde los estados solo dos gobernadores parecen tener
la voluntad y la fuerza para ser, sino contrapesos, sí al menos voces disonantes:
Javier Corral en Chihuahua y Enrique Alfaro que tomará posesión del gobierno de
Jalisco el 5 de diciembre. Ellos podrían liderar movimientos regionales, el
primero en el norte el segundo en el centro-occidente, pero no tienen apoyo
suficiente en la Cámaras ni partidos sólidos que les respalden.
El tercero son los
medios, los llamados tradicionales y las “benditas redes”. Muchos medios
tradicionales van a sufrir con la nueva política de comunicación. Si, como ha
prometido, López Obrador reduce al mínimo el presupuesto para medios, no pocos
van a desaparecer, pero los que queden serán más libres para ejercer lo que
debe ser su papel en una sociedad democrática: un contrapoder
Por más compleja e
incómoda que pueda ser, la pluralidad es siempre mejor que el pensamiento
único. Se busca oposición (segunda llamada).
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