Julio Astillero.
El proceso
de selección de candidatos a ocupar los cuatro asientos vacantes del Consejo
General del Instituto Nacional Electoral (INE) quedó lastimado, en una
dimensión aún impredecible, a causa de ciertos criterios aplicados por los
otros miembros del comité técnico de evaluación de esas candidaturas, según
denunció ayer uno de los integrantes de ese comité, el académico John Ackerman.
Impugnado de
manera feroz a lo largo de las semanas recientes por una corriente política de
derecha en la que destaca el calderonismo y, por lo que ahora se ve, con el
propósito de desacreditar su papel en el citado comité de evaluación, Ackerman
aseguró que las 20 candidaturas finalistas son el resultado de un proceso de
deliberación sesgado, que varios perfiles valiosos para ocupar las consejerías
fueron descartados por fobias ideológicas y personales, a la vez que se
incluyeron personas con trayectorias cuestionables y que incluso tienen
conflictos de interés con los propios integrantes del Comité Técnico.
Ackerman
señaló, a título de ejemplos negativos de lo hecho en esas deliberaciones, a
Javier Aparicio, Alma Eunice Rendón, Iulisca Bautista, Carla Humphrey y Jessica
Rojas Alegría. Y aseguró que el INE se ha convertido en un elefante blanco,
ineficaz y desprestigiado, y requiere de un giro de 180 grados. Es muy
importante seleccionar consejeros con una agenda de cambio y también con las
capacidades de corregir los profundos vicios de la autoridad electoral. Urge
modificar el procedimiento para futuros procesos de selección.
Por el contrario,
en una carta que lleva como referencia a la periodista Sara Lovera, se
establece que los demás miembros del comité de evaluación realizaron un trabajo
de análisis y deliberación transparente, respetuoso y profesional, y se
califica al Instituto Nacional Electoral como una de las instituciones baluarte
de nuestra frágil democracia, producto de décadas de luchas por hacer de México
un país más libre, justo e igualitario. Además de lamentar los juicios emitidos
por el doctor Ackerman, aseguran que no hubo en ningún momento del proceso de
evaluación, situación de conflicto de interés o que afectara la objetividad en
el juicio de los integrantes del comité.
El
desacuerdo en esta fase preparatoria de la designación de cuatro consejeros
electorales por parte de la Cámara de Diputados resulta preocupante, así fuera
entre un solo miembro (John Ackerman) y el resto de los integrantes del
multicitado comité, por cuanto parecería que las pretensiones de dar un giro
positivo al INE podrían seguir entrampado por procedimientos insuficientes o
distorsionantes.
La gran
expectativa nacional de cambio exige mecanismos plenamente confiables de
organización y calificación de los comicios, que hoy no se aprecian en el INE
ni en el tribunal electoral federal. Durante largos años y con pocas
excepciones, la integración de estos organismos se ha dado a partir de arreglos
entre grupos políticos, al estilo de los bucaneros repartiéndose un botín. Los
nuevos consejeros del INE, en concordancia con los nuevos tiempos nacionales,
deben estar exentos de puntos oscuros o negativos.
En
particular, debe cuidarse que las elecciones de 2021 sean realizadas en un
marco de la máxima confiabilidad posible. La trascendencia de los próximos
comicios radica en su amplitud, la mayor de la historia nacional, con casi la
mitad de los estados en selección de gobernadores, además de congresos
estatales y presidencias municipales en buena parte del país y la renovación o
relección de diputaciones federales. Pero, sobre todo, la condición delicada de
2021 deriva de la prevista confrontación dura de posiciones entre el
obradorismo y sus opositores, todo en preparación de la consulta sobre
revocación del mandato de López Obrador y la elección presidencial de 2024.
Y, mientras
Enrique Alfaro ha corrido suerte parecida a la del guanajuatense Diego Sinhue,
en cuanto a reacomodos y temporales reconciliaciones con el obradorismo,
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