Martí Batres.
El Consejo
Nacional de Morena, celebrado hace unos días, tuvo aciertos y omisiones.
Respaldó la
convocatoria del Comité Ejecutivo Nacional para renovar la dirigencia a través
de una encuesta abierta a la militancia partidaria.
Esa
convocatoria cumple con la sentencia del Tribunal Electoral del Poder Judicial
de la Federación que ordena elegir la presidencia y la Secretaría General por
encuesta abierta.
Encuestar a
la militancia tiene sentido. No se elegirá una candidatura, sino la dirigencia
de un partido.
La figura de
la encuesta existe en los estatutos de Morena para seleccionar candidaturas
uninominales. Se realiza a población abierta para saber quién tiene mayores
posibilidades de triunfar en una elección constitucional. Permite escoger a
quien tenga el mayor apoyo externo, aunque no necesariamente tenga el mayor
apoyo interno, pues se trata de obtener el mayor número de votos.
Los métodos
tradicionales de selección de candidaturas, como asambleas o elecciones
primarias, propician conflictos y vicios como el acarreo y la compra de votos.
La encuesta también tiene la virtud de evitar esos problemas.
Por eso hace
casi un año, ante la aproximación de un proceso interno convulsivo, y después
de la atropellada elección de la propuesta de Morena para la Mesa Directiva del
Senado, en una reunión con los legisladores federales, el Presidente de la
República propuso elegir la dirigencia nacional de Morena a través de una
encuesta.
Sin embargo,
esa encuesta no se encontraba en los estatutos del partido. Para realizarla
había dos caminos: 1) reformar el Estatuto o 2) un acuerdo entre los contendientes.
No sucedió ni una cosa ni otra.
El Congreso
reunido el 26 de enero de este año, avalado por el Tribunal Electoral, rechazó
la realización de la encuesta como método de elección de la dirigencia.
No obstante,
el mismo Tribunal ordenó elegir a la dirigencia por encuesta abierta, aún sin
encontrarse la figura en el Estatuto.
El CEN
resolvió el dilema entre cumplir una sentencia judicial o aplicar el Estatuto,
a través de una convocatoria que establece la realización de una encuesta a los
morenistas una vez realizados los congresos distritales y estatales.
Algunos han
criticado esa convocatoria, defendiendo una encuesta que esté abierta también a
los ciudadanos abstencionistas y simpatizantes de otros partidos.
Sin embargo,
no se trata de elegir candidatos, sino dirigentes. El candidato necesita el
mayor apoyo posible de la ciudadanía. El dirigente requiere el apoyo de la
militancia de su partido.
La encuesta
a la que convoca el CEN cumple con el objetivo planteado por el Presidente:
evitar conflictos y vicios que ocurren en elecciones y asambleas internas. Y
con el propósito de que la militancia de Morena, en ejercicio de su
autodeterminación, elija a su dirigencia.
El Consejo
Nacional, además, eligió a tres personalidades de probada rectitud para
integrar su Comité de Encuestas.
Ahora bien,
debe observarse críticamente la falta de un debate político sobre los grandes
temas nacionales. El Consejo se concentra en la vida interna.
Lo demuestra
la resolución para continuar auditorías contra la Secretaria General del
partido. Es cuestionable que aún sin haber terminado auditorías, la dirigencia
la haya acusado ante la Fiscalía General de la República de un delito tan grave
como lavado de dinero. Ello muestra que su prioridad es la lucha interna y no
la batalla al exterior.
Sería muy
bueno para el país, que los órganos dirigentes de Morena discutieran temas
como: la estrategia para defender al gobierno de la República; la política de alianzas;
la agenda de reformas legislativas; la integración plural de órganos
electorales como el INE; las políticas económicas para proteger a trabajadores
y empresas frente a la crisis derivada del coronavirus; las políticas de salud
para proteger a la gente de la pandemia.
Urge que
Morena deje de verse el ombligo y mire hacia el país.
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