Jorge Zepeda
Patterson.
Para los
que creemos en las banderas de López Obrador, aun cuando no siempre estemos de
acuerdo con la forma y el modo de desplegarlas, las entregas de dinero de David
León a Pío López captadas por el video difundido son un verdadero batacazo.
Se concede
que hay muchos atenuantes frente a la comparación inevitable con los videos y
documentos presentados por Emilio Lozoya; no solo en la desproporción
exorbitante en las cifras entre un caso y otro, también en la escala casi
industrial de parte de la élite política para saquear los recursos de la
nación, como resulta evidente en la denuncia del exdirector de Pemex. El millón
y medio que cambió de manos en el caso de los militantes de Morena a lo largo
de más de un año son una bicoca comparado con la rapiña multimillonaria en
dólares de panistas y priistas. El impacto de ambas acciones sobre los bienes
públicos también contrasta notoriamente; en el caso del saqueo a Pemex
representa poco menos que la ruina de la paraestatal; en el de Chiapas el
efecto es nulo en la práctica, las entregas de dinero financiaron, todo indica,
mítines y actos de campaña que no consiguieron cantar victoria en ninguno de
los distritos electorales que se disputaban.
Pero no hay
que llamarse a engaño. León y Pío protagonizaron escenas que no dejan dudas
de su ilegalidad. Los montos metidos en bolsas de papel exceden el límite de
aportaciones en efectivo que permitía la ley en ese momento (poco menos de 7
mil pesos); por otro lado, David León no era funcionario, pero sí consultor político
del Gobierno de Chiapas, lo cual provoca preguntas legítimas sobre el origen
del dinero. Y sobre el destino final, la irregularidad también es evidente:
para ser utilizado en actos de campaña, como indica la conversación, tendrían
que haberse registrado en los gastos reportados a las autoridades electorales.
Más allá de estas probables violaciones, que serán objeto de una investigación,
el sentido común es aún más contundente. Quien grabó los videos, sea con
propósito de chantaje o a manera de seguro político, estaba consciente de que
las escenas constituían un delito. Y no se necesita ser un genio para entender
que uno de los dos que estaban en la mesa es el autor de las grabaciones (León,
por lo visto). Otra cosa es saber quién filtró las imágenes a Carlos Loret;
pudo haber sido algún allegado que los traicionó o un hackeo de los archivos
digitales guardados, pero esa es otra discusión.
El tema
está lejos de apaciguarse. En el mediano plazo seguirá su curso jurídico, en el
corto plazo será objeto de una furiosa batalla en el que ambos bandos
intentarán ganar la narrativa en la arena política. La oposición buscará
equiparar este video con todos los anteriores para neutralizar los escándalos
de corrupción que le ha dañado tanto; la Presidencia y los suyos buscarán hacer
control de daños y minimizar los hechos. Un affaire con muchos ángulos, de los
cuales me gustaría resaltar dos por ahora.
Uno. La
torpeza del equipo y de los parientes del Presidente. Más allá de la ética, lo
cual no es poca cosa, lo que revela el video es una estupidez política
inexplicable por parte de Pío López. Con los antecedentes de Bejarano y Ponce,
¿en qué cabeza cabe hacer un remake de aquellos videos, pero ahora
protagonizado por un López Obrador, así se llame Pío? ¿En qué estaba pensando?
Y del otro lado, ¿qué deducir del hecho de que el Presidente escogió para
sanear al corrupto sector de las medicinas a un hombre capaz de traicionar a
los suyos con una grabación clandestina?
En
ocasiones da la sensación de que los propios allegados son el principal
obstáculo del Presidente. En la mañanera de este viernes, AMLO encaró con
aplomo y sin tapujos el tema pidiendo a su hermano y a León enfrentar las
consecuencias y no solicitar amparos dilatorios; luego intentó ofrecer
atenuantes, en realidad insostenibles, citando la manera en que se financió la
Revolución. Pero en general, había salido razonablemente bien librado. Para
desgracia de su causa horas más tarde Beatriz Gutiérrez Müeller, su esposa,
mencionó en un acto oficial que Leona Vicario, 200 años antes, no había sido
captada en un video entregando recursos a los héroes patrios. Intentaba ser un
comentario sarcástico, supongo, pero fue tomado como una expresión de burla o
cinismo, según se vea. Horas más tarde, aún más inexplicable para quien ha sido
Ministra de la Suprema Corte, Olga Sánchez Cordero replicó el comentario con
una expresión fuera de lugar para una Secretaria de Gobernación que está
hablando de un posible delito electoral. El día anterior, la Secretaria de la
Función Pública, Irma Sandoval, presumió la multa de casi un millón de pesos y
la inhabilitación de la revista Nexos, liderada por Héctor Aguilar Camín, uno
de los más conspicuos críticos del Presidente. La irregularidad cometida hace
dos años durante el trámite para recibir una publicidad de 72 mil pesos, un
mero tecnicismo, fue utilizado por Sandoval con una saña y una desproporción
evidentes para convertir a Aguilar Camín en víctima del sistema. El timing fue
igualmente desafortunado; el mismo día que AMLO festejaba probablemente su
mayor victoria política en el sexenio con la exhibición de la denuncia de
Emilio Lozoya, Irma Eréndira ofrecía al circo mediático un manotazo político
repudiado por tiros y troyanos; una injusticia como las muchas que recibió el
propio López Obrador por parte del sistema durante años de oposición. Uno
tendría que asumir que con estos parientes y colaboradores, el Presidente no
necesitaría enemigos.
Dos, ¿qué va
a hacer AMLO? No es el fin del mundo, pero hay costos políticos indudables: “todos
son iguales”, no es el menor de ellos. La imagen de su hermano será utilizada
en todas las campañas electorales de los próximos años. El Presidente puede
intentar minimizarlo o ignorarlo, pero yo soy de la opinión que en el fondo
está ante una oportunidad histórica. Su cruzada en contra de la corrupción en
las altas esferas no será verosímil hasta que no la ejerza sobre alguno de su
círculo íntimo; solo entonces los que no son sus partidarios entenderán que va
en serio. Pero no es citando a Leona Vicario o a la Revolución para disculpar a
su hermano como va a conseguirlo.
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