Gustavo De
la Rosa.
La
incapacidad de los mandatarios estatales de pagar el costo político que
representa gobernar y tomar decisiones los obliga a conducirse de manera
patética. La solicitud de los nueve gobernadores que integran la Alianza
Federalista para que López-Gatell renuncie porque no se ha podido controlar la
epidemia del Coronavirus es una maniobra perversa, carente de solidaridad
ciudadana y, lo que es peor, una actitud irresponsable e igualable a una
traición en tiempos de guerra.
Pretenden, y
así lo señalan, responsabilizar a López-Gatell por los terribles efectos que
está teniendo la pandemia en el territorio nacional y en los estados de los
quejosos. En Chihuahua, en particular Ciudad Juárez, hemos vivido los efectos
terribles del virus en la población vulnerable y los obreros industriales.
México y los
estados de los nueve iban muy bien mientras se ejecutaba la orden de frenar
toda actividad con riesgo de contagio, logrando mantener a salvo a la población
durante los meses de marzo y abril, pero al final de ese periodo la economía
mexicana ya no soportaba un mes más de aislamiento.
Es difícil
ignorar lo sencillo que resulta el contagio del virus y a su vez lo sencillo
que es evitarlo, basta con evitar el contacto humano porque cualquiera puede
ser portador, pero esto quiere decir que para combatir el contagio se debe
detener a la sociedad, y al detener a la sociedad se hunde la economía. Se
debía elegir, entonces, si mantener bajas las tasas de contagio, y por lo tanto
de fatalidades, o arriesgarnos y reactivar la economía, con consejos e instrucciones
que fácilmente podían ser olvidadas o descuidadas, aumentando el número de
contagios y muertes.
El mensaje
que debe darse a la población entonces es sencillo y lo repite diariamente Hugo
López-Gatell: no existe medicamento que cure el Covid-19, lo único que se puede
hacer es evitar el contagio y para evitarlo hay que mantener la sana distancia.
Y este mensaje debe ser reproducido por cada uno de los gobernadores estatales
y presidentes municipales del territorio nacional; sin embargo, colectivizarlo
y lograr que todos los mexicanos lo reciban y acepten, en la lógica de los
políticos, tiene el alto riesgo de fortalecer indirectamente al Gobierno
federal porque es el que está definiendo la estrategia general, y para los
políticos no hay mayor pecado que fortalecer al contrincante.
Tratar de
convencer a la ciudadanía de tener cuidado y evitar el contagio durante cinco
meses, y con poco apoyo estatal y municipal, empezó a causar incredulidad entre
la población y mayor dolor a los que ya han visto morir a alguno de sus
familiares, todavía sanos un mes atrás (porque casi todos los mexicanos hemos
perdido a un hermano, un pariente, amigo o conocido cercano), pero a los
políticos adversarios de AMLO les sigue pareciendo imposible hablar con
sinceridad y honestidad a su gente, rechazando la ciencia y la realidad que
enfrentamos.
Ellos sólo
quieren buscar culpables, a quien responsabilizar de la epidemia y de las
muertes y el dolor que sufren sus gobernados, y de manera vulgar e insensible
generan grandes dudas y contradicciones en la ciudadanía para evitar que los
vayan a culpar a ellos.
Es
irresponsable decir que la información de López-Gatell es falsa cuando ellos
mismos, en su estado, saben de la dificultad y lo complicado que resulta reunir
información confiable de todos sus municipios; protestan porque se han
incrementado los contagios en sus territorios, pero también exigen que haya
mayor apertura económica y social, olvidando que una mayor apertura llevará a
más contagios y más fallecimientos; la Alianza Federalista es incapaz de asumir
su responsabilidad y de pagar el precio de gobernar, sus miembros se asemejan a
los niños que quiebran un vidrio y salen corriendo, diciendo que van
persiguiendo al que lo quebró.
Qué lástima
de gobernadores que no pueden gobernar.
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