Raymundo
Riva Palacio.
Emilio
Lozoya, como le exigió el fiscal general Alejandro Gertz Manero para
garantizarle la libertad, imputó al gobierno que encabezó la némesis del
presidente Andrés Manuel López Obrador, Felipe Calderón, en temas de
corrupción. El 2006 no se olvida, y el fiscal está armando el ajuste de cuentas
políticas con el que sueñan en Palacio Nacional, con la denuncia de hechos
sobre corrupción de funcionarios y empresarios involucrados en el Proyecto
Etileno XXI, la planta petroquímica en Coatzacoalcos que provocó un quebranto
de mil 900 millones de pesos al erario.
Lozoya,
según dijo Gertz Manero, afirmó que Odebrecht, a través de su filial de
petroquímica Braskem, y su socia mexicana en el Proyecto Etileno XXI, Idesa,
tuvieron “una serie de beneficios de carácter económico”, y se les dio “una
serie de privilegios en precios de insumos, en los que el gobierno federal tuvo
pérdidas muy grandes”. Frente a ellas, los 10 millones y medio en sobornos que
pagó Odebrecht a Lozoya, que ahora dice el exdirector de Pemex que fue para la
campaña presidencial de 2012 y para comprar voluntades políticas para las
reformas del Pacto por México, palidecen.
La acusación
es extemporánea. Calló cuando dirigía Pemex, hasta febrero de 2016 en que lo
cesaron. El contrato fue denunciado por quien lo sustituyó, José Antonio
González Anaya, quien formuló la querella contra el Proyecto Etileno XXI, en enero
de 2017, y la Procuraduría General de la República abrió una investigación que
también revisó la parte de la gestión de Lozoya sobre la planta heredada por el
gobierno de Calderón. La Fiscalía General tendrá camino andado en sus
pesquisas, pues la PGR le dejó el expediente 117, donde se encuentra una
reveladora declaración, la de Arturo Arregui García, director de Pemex
Transformación Industrial cuando se firmó el contrato, el 28 de abril de 2017.
Arregui
García declaró durante más de dos horas, y detalló la cadena de funcionarios de
Pemex involucrados en el proyecto, donde figuraban el entonces director de la
empresa, Juan José Suárez Coppel; el exdirector de Pemex Gas y Petroquímica
Básica, Jordy Herrera, muy cercano a Calderón, y el exdirector de Pemex
Exploración y Producción, Carlos Morales Gil, a quien ratificó Lozoya. La
investigación era por su presunta responsabilidad en los beneficios otorgados
al consorcio Braskem-Idesa, que es lo que ahora señaló Lozoya en su denuncia de
hechos.
El testimonio
contiene el eslabón perdido que anduvo buscando el gobierno de López Obrador,
que es la relación de todo el proceso del proyecto, con la Presidencia de
Calderón. Se encuentra en la pregunta 59 formulada a Arregui García: “¿A qué
persona de la Presidencia se informó de los trámites y gestiones del proyecto
de contrato de suministro de etano?”. Su respuesta: “La Oficina de la
Presidencia invitaba a Pemex, a Sener, a los representantes de Hacienda, a los
asesores financieros y técnicos a informar periódicamente de los avances del
proceso, sin recordar quién era la persona que coordinaba dichas reuniones”.
El contrato
de Etileno XXI se asignó en febrero de 2010 mediante un proceso de subasta, y
quien ocupaba el cargo de jefa de Oficina era Patricia Flores. A partir de
junio de ese año y hasta el final del gobierno de Calderón, el responsable de
esa oficina era Gerardo Ruiz Mateos. El contrato de suministro de etano, cuyo
costo bajo, considerado como subsidio por el gobierno de López Obrador, es el
centro de la investigación que se inició el martes, y fue firmado el 19 de
febrero de 2010. Braskem Idesa niega ventajas, y afirma que la fórmula del
precio la había utilizado Pemex más de tres lustros antes de ese contrato, y se
había aplicado a clientes de Pemex anteriores a ella.
Con la
denuncia de hechos de Lozoya, Gertz Manero tiene un manjar político sobre la
mesa. Son 11 los exfuncionarios de Pemex directamente relacionados con el
Proyecto Etileno XXI, además de dos exjefes de Oficina de la Presidencia. Por
el testimonio de Arregui García, también se abre la puerta a que sean llamados
a declarar el exsecretario de Hacienda, Ernesto Cordero, y los exsecretarios de
Energía, Georgina Kessel, José Antonio Meade y Jordy Herrera, junto con los
miembros del Consejo de Administración de Pemex.
Los
ejecutivos de Odebrecht, así como los de Braskem-Idesa en ese entonces, también
tendrían que ser llamados a declarar por Gertz Manero, quien se topará con un
tema delicado. Idesa fue fundada y es propiedad de la familia política de
Javier Jiménez Espriú, el exsecretario de Comunicaciones y Transportes, quien,
a la vez, era consejero de la empresa en los años donde se concretó la subasta
y se firmaron los acuerdos que el gobierno lopezobradorista, al que perteneció
hasta recientemente, asegura que se realizaron con subsidios y privilegios para
las empresas. Lozoya aseguró en su declaración de hechos que la empresa
mexicana tuvo beneficios económicos de ese proyecto.
Todos los
imputados por Lozoya deberán ser citados a declarar por la Fiscalía General.
López Obrador pidió ayer que Calderón fuera llamado a declarar, porque Lozoya
lo había involucrado en posibles actos de corrupción. A menos que el Presidente
sepa algo que no dijo Gertz Manero, Lozoya no lo imputó cuando habló de los
beneficios por el contrato de Proyecto Etileno XXI, de cuya obra y detalles del
contrato supo cuando fue director de Pemex.
Pero eso es
lo que quiere López Obrador que le regale Lozoya, que Calderón tenga que rendir
cuentas ante un juez. Esto será posible sólo si lo mencionó en su declaración,
lo que no parece inquietar a Calderón, quien en una entrevista en Radio Fórmula
esta semana con Ciro Gómez Leyva, dijo que a él, López Obrador y Lozoya, que
van tras su pista, “me van a hacer los mandados”.
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