Julio Astillero.
El agente
corruptor del sistema partidista y electoral de México (como de muchos países)
es el dinero. En 1977, con la reforma electoral impulsada por Jesús Reyes
Heroles, secretario de Gobernación del entonces presidente José López Portillo,
se abrió la puerta de los recursos económicos para que los opositores que
entraran al juego institucional, con lo cual se les concentró en la pelea por
el reparto de rebanadas del pastel presupuestal y de los cargos de
representación proporcional, a la par que se consolidaba la premisa del dinero,
conseguido como fuera, utilizado con el mayor exceso posible, para poder
aspirar al triunfo electoral.
Esa lógica
perversa ha mantenido en tensión permanente la relación de principios éticos,
políticos e ideológicos con las necesidades prácticas de avance en la
consecución de espacios de poder político. Aferrarse a la recta recaudación de
fondos y a su pulcro gasto significaría, para los opositores al poder, en la
corrupta realidad mexicana, una especie de autocondena a la derrota permanente.
El
movimiento obradorista, en el Partido de la Revolución Democrática o, ahora, en
Morena, ha debido navegar entre las aguas de las convicciones doctrinarias y el
crudo pragmatismo. Aun siendo amplio y sostenido el apoyo de una importante
porción de la ciudadanía a la causa encabezada por el político tabasqueño, éste
hubo de negociar y convivir políticamente, por ejemplo, con deplorables grupos
dominantes en el PRD a fin de contar con plataformas institucionales de
registro y con fondos legítimos para campañas electorales.
En 2018,
López Obrador arribó a la que probablemente sería su última oportunidad viable
de alcanzar la presidencia de México, a la vez que el país parecía llegar a
niveles insoportables de corrupción, impunidad, injusticia, violencia y fraudes
electorales. En ese contexto, AMLO abrió como nunca las puertas al pragmatismo,
las alianzas y las cesiones, al grado de permitir y alentar la subida al
proyecto 2018 de personajes variopintos que significaran suma de recursos
económicos, políticos, mediáticos y electorales.
David León
Romero no parecería encaminado de manera natural a apoyar a Morena o a AMLO, y
mucho menos a dedicarse a la generosa tarea de recaudar fondos para un
movimiento que efectivamente ha contado con gran solidaridad física y económica
de sus seguidores.
Su historia
política ha estado ligada al deplorable ente de las cuatro mentiras, que no es
partido ni verde ni ecologista ni defiende a México, el PVEM. Fue coordinador
de comunicación social y de asesores en distintas bancadas del Verde en las
cámaras legislativas federales. Ocupó una dirección en la Secretaría del Medio
Ambiente y Desarrollo Territorial de Jalisco, a cargo de Magdalena Ruiz Mejía,
durante el gobierno del priísta Aristóteles Sandoval, quien llegó al poder por
la vía del PRI y el Verde. Luego se sumó, como consultor independiente, a la
oficina del gobernador de Chiapas, Manuel Velasco Coello, donde manejaba
asuntos de medios de comunicación y encargos políticos especiales.
Debido a los
buenos lazos que tejió con algunos personajes de Morena, recibió la invitación,
por vía de César Yáñez, para incorporarse a tareas de logística en el equipo
del presidente electo AMLO y, posteriormente, a la coordinación de protección
civil y a la dirección de una empresa estatal de distribución de documentos, a
la que ha declinado antes de tomar posesión. También es diputado federal
suplente por el distrito seis de Tabasco (zona surponiente de Villahermosa y
tres municipios de la zona de la sierra sur del estado), que ganó por mayoría
de votos el historiador Ricardo de la Peña Marshall, a nombre del Partido
Encuentro Social.
La clave de
todo este entramado, que es una reacción a la difusión del video y denuncia de
hechos de Emilio Lozoya, está en el ámbito del superprotegido ex gobernador
Manuel Velasco Coello. ¿Delación ajena a este entorno Verde o doble juego del
citado ex gobernador, antes peñista y garante de acuerdos, ahora llevado por
las circunstancias a propiciar videoamenazas en busca de armisticios?
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario.