Martín Moreno.
Más allá de la valentía
del Gobernador Javier Corral de exhibir públicamente el autoritarismo
presidencial al cortarle – de manera ruin y vengativa-, 700 millones de pesos
federales a Chihuahua en represalia por investigar y exhibir el impune desvío
de recursos Hacienda-PRI que tiene de rodillas a Peña Nieto, Videgaray y Manlio
Fabio Beltrones, hoy vale la pena recordar el caso de otro Gobernador que
sufrió las mismas represalias desde Los Pinos.
Rescatamos el episodio, ocurrido en Nuevo León, de mi libro
El derrumbe, capítulo “El señor Peña” (Pgs. 17, 18 y 19). Extractos:
“…’El Bronco’, quien en su campaña hizo una promesa que todos
escucharon y que le valió la simpatía y el sufragio de la gente:
“Se investigará a
funcionarios de la anterior administración, incluido Rodrigo Medina, y de estar
involucrado en algún acto indebido, será procesado conforme a la ley…
“¿Cómo apretar al
‘Bronco’?
“Cerrándole la llave
del dinero desde la secretaría de Hacienda. Negándole recursos. Alegando
austeridad a sabiendas de que Nuevo León fue quebrado por el priista Medina.
´No hay dinero´, le decían a “El Bronco”.
“Por eso, el Gobernador
electo tuvo que hacer, al menos, dos visitas a las oficinas de otro selecto
integrante del Grupo Toluca: Luis Videgaray, a quien le planteó la necesidad de
recursos para Nuevo León y salir de la crisis heredada por Medina.
“El valor entendido, muy al estilo priista, funcionaba de
momento: habrá apoyo para Nuevo León,
pero a Rodrigo Medina no se le investiga.
“’El Bronco’ tuvo que
ceder…aunque no por mucho tiempo”.
Hasta aquí la cita del libro.
Lo mismo le hacen,
ahora, a Javier Corral: cerrarle la llave por andar investigando, denunciando y
persiguiendo a priistas.
La diferencia entre Jaime Rodríguez, “El Bronco”, y Corral,
es una, esencialmente: el chihuahuense
sí tuvo los güevos para denunciar, de manera pública, el cada vez más peligroso
autoritarismo presidencial de Peña Nieto quien, en la recta final de su
Gobierno y presintiendo una derrota brutal para el PRI el uno de julio próximo,
recurre a la amenaza, represión y sometimiento, bajo un presidencialismo de
esquizofrenia y brutalidad.
Sí: Peña ha enloquecido
de poder.
Lo que el Gobierno de
Peña Nieto está haciendo no contra Javier Corral, sino contra los
chihuahuenses, es una canallada.
Recortarles a mexicanos
dinero público etiquetado para salud, escuelas, servicios, etc., en revancha
por exhibir las corruptelas de César Duarte y la triangulación Hacienda
(Videgaray) – PRI (Beltrones), en favor de campañas electorales del priismo, es
algo ruin, y pinta, de cuerpo entero, la forma como se maneja el priato cuando
alguien se atreve a exhibir sus corruptelas.
Corral denuncia que el
Gobierno les recortó 700 millones de pesos acordados para Chihuahua. Señala
directamente al secretario de Hacienda, José Antonio González Anaya, de
reconocerle que las investigaciones (contra el PRI) propiciaron la suspensión
del envío de esos dineros a la entidad. Da nombres, citas, fechas y amenazas,
arropado por políticos, intelectuales y activistas, enviando, de forma
acertada, el mensaje de: “No voy solo en esta batalla”. Bien por Corral.
¿Qué responde el priato a las acusaciones de Corral?
“Fue un acto político”,
dice Peña Nieto, en una respuesta pobre de contenido y corta en su alcance,
precisamente, político.
“No permitiré que se me
injurie”, advierte Beltrones…pero en la bolsa del saco ya trae su amparo para
no ser aprehendido. Por algo.
“Nosotros no sabemos si se está cuestionando o no el
instrumento. Si el Poder Judicial nos dice que no, no tenemos problema en hacer
la transferencia…pero como sí está en sub júdice (pendiente de resolución) y se
revisan sus características jurídicas, entonces sería un despropósito hacerla
(la transferencia)”, dijo el subsecretario de Hacienda, Miguel Messmacher. En
pocas palabras: confirma que sí están retenidos los 700 millones de pesos de
Chihuahua.
Entonces, ¿cuál “acto
político”, señor Peña, si la propia secretaría de Hacienda confirma que,
efectivamente, hay retención de dineros debido a la investigación en contra de
priistas?
Lo dicho por Corral
tiene sustento, apuntalado por Hacienda, vía Messmacher.
Lo dicho por Peña y
Beltrones es retórica, palabrería, desmentida por los hechos.
Es el autoritarismo
presidencial en su expresión más canalla y ruin.
Enrique Peña Nieto ha
comenzado a perder el equilibrio emocional ante la derrota que se le viene al
PRI, y que tiene, entre muchos otros, a un culpable principal: el propio Peña
Nieto, qué de un inicio prometedor con las reformas vía Pacto por México, fue
presa de la soberbia, luego de la corrupción y, en la fase final de su mandato,
del autoritarismo.
En Los Pinos, hay un
Presidente fuera de sí, enloquecido ya con lo que está pasando, sin control de
sus emociones ni de sus actos, lo que lo convierte, con todo el poder que tiene
a su disposición, en un personaje peligroso para el país, por una razón de
fondo: responde más a sus intentos de venganza y de sobrevivencia a costa de
cualquier camino – incluida la violencia-, en lugar de llevar a buen puerto y
de manera responsable, la transición de Gobierno con quien resulte ganador (a)
el uno de julio próximo.
Lo de Chihuahua es una
muestra irrefutable de ese vendaval autoritario que se dejó sentir desde
inicios del actual régimen.
Ayer fue NL. Hoy es Chihuahua.
¿Quién sigue, señor Peña?
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