Salvador
Camarena.
“Aunque la mayoría de los grandes
bancos prefiere guardar silencio hasta después de las elecciones, Wall Street
ya se ha hecho a la idea de que Andrés Manuel López Obrador tiene altas posibilidades
de ganar y confía en que como nuevo presidente de México no cambiaría mucho en
el corto plazo.
“Se respira un aire de resignación
con respecto a la victoria de López Obrador, pero también existe consenso en
que en principio respetará el equilibrio macroeconómico, que no tocará la
política fiscal y que dejará tranquilo al Banco Central”, dijo a Reforma Jim Barrineau,
analista experto en América Latina de Alliance Capital Management.
En 2006 los mercados no querían a
AMLO, vaya novedad. De hecho, esto era lo que querían, según el entonces corresponsal de
Reforma en Nueva York, Alberto Armendáriz: “Si los analistas de Wall Street votaran en México seguramente apoyarían
al candidato del PAN, Felipe Calderón, que para la mayoría representa la continuidad.
‘Tiene un equipo reconocido, ortodoxo, liberal, que transmite confianza. Los
mercados se sienten cómodos con él, representa
una continuidad revigorizada”, destacó a Reforma Joydeep Mukherji, analista
de Standard & Poor’s. Según los
especialistas consultados, “Calderón tiene una imagen de prestigio, limpia, no
salpicada ni por escándalos ni casos de corrupción”.
O sea, los calificativos que hoy le
adornan a Meade ayer se los colgaban a Calderón.
Luego vino la elección con la cargada
priista para Calderón, el margen cerradísimo, el voto por voto, al diablo sus
instituciones, la toma de Reforma, la presidencia legítima, la mediocridad del
calderonismo, los escándalos de la corrupción en el peñismo y dos candidaturas
presidenciales después estamos donde mismo: AMLO genera temores.
No es infrecuente leer o escuchar el
rosario de calamidades que a México le pasarán si López Obrador gana. Es más,
las siete plagas comenzarían a caer –dicen– aun antes de que AMLO gane: el nerviosismo de los mercados
crecería a la par de las posibilidades de que salga triunfador el 1 de julio
(claro, si tal cosa ocurre, pues el tabasqueño es el cruzazuleador más grande
de México).
Entonces,
hay dos variables conocidas y una incógnita. Las conocidas son la agenda de
AMLO (incluida su impredecibilidad: ni Romo ni Taibo podrían decir hoy con
seguridad a cuál de ellos dos está choreando), y el disgusto que Andrés Manuel
provoca urbi et orbi a los dueños del dinero.
La incógnita es por qué los factores
de decisión en este país no hacen, junto con sus aliados en el PRIANRD, lo más
sencillo ante lo que tanto temen.
¿Les preocupa El Peje? Hay un
Congreso en funciones. Llamen a sus senadores y diputados para que cumplan con
la ley y aprueben los nombramientos pendientes de 18 magistrados y el fiscal
del sistema anticorrupción; que amarren una Fiscalía que sirva, que
no metan a otra Ximena en el INAI, y que los estados se pongan al día en sus
sistemas locales anticorrupción (doce no tienen ni Comité de Participación
Ciudadana, la Ciudad de México, por ejemplo).
Pidan a sus partidos que limpien de
indeseables las relucientes (es un decir) listas de sus candidatos al Congreso,
para que lleguen legisladores capaces y probos que defiendan a la República y a
la Constitución (reformas incluidas).
Incluso –y
aquí cito algo que propuso el viernes Ricardo Raphael en un foro de libertad de
expresión en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM– hagan en abril una buena ley de publicidad
gubernamental, de forma que un Peje presidente no pueda –como el actual gobierno–
utilizar a su antojo 40 mil millones de pesos en propaganda.
Hacer eso apuntala a las
instituciones. Todavía hay tiempo. ¿No les late? Entonces, de darse el caso de
una presidencia retrógrada como la que tanto temen, que quede claro quiénes
dejaron sin contrapesos al país.
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