Arnoldo Cuellar.
Como cita el investigador y activista político Carlos Arce
Macías, lo que en política “no suena
lógico, suena metálico”.
Y eso es lo que pasa
con la inexplicable concesión de última hora entregada por Miguel Márquez al
Grupo México de German Larrea para explotar un libramiento carretero de cuota
en una de las conexiones más transitadas del estado: el nodo León-Guanajuato-Silao y su
intersección a las carreteras a San Luis Potosí, al Eje Metropolitano y a la
vía de cuota León – Salamanca.
Es difícil encontrar una concentración vial más urgida de
alternativas que la conformada por el corredor León-Puerto Interior-Silao. Cobrar peaje en una vía que facilite la
interconexión es un espléndido negocio.
Lo es más si la
concesión a treinta años es entregada sin licitación y bajo la más absoluta
opacidad, sin dar oportunidad a otros jugadores y dejando que el costo de la
obra lo fije el beneficiario, además de que él
mismo ha hecho los estudios, puesto las condiciones y formulado las corridas
financieras.
El precio de 111
millones de pesos por kilómetro de carretera construida suena excesivo, aún si
se incluyen las liberaciones de derechos de vía. 2 mil millones de pesos por
una carretera que en uno de sus ramales será de un solo cuerpo y que suma un
segmento del eje metropolitano ya edificado, huele a robo en despoblado.
En Europa, con cifras
del Tribunal de Cuentas Europeo, el kilómetro de carretera en promedio cuesta
178 mil dólares, tomando en cuenta variaciones entre los diferentes países,
donde los más caros son los más atrasados tecnológica y políticamente. En América Latina y en México, los costos llegan a elevarse
hasta los 2 millones de dólares por kilómetro, es decir, la corrupción y la falta de reglas claras
multiplica el costo once veces.
Pero nos faltaba ver
el último acto de ilusionismo del gobierno panista de Miguel Márquez Márquez,
el ex seminarista de la eterna sonrisa, quien lleva el costo a la cifra récord
de 6 millones de dólares por kilómetro construido. Es una carretera de oro.
El gobierno marquista
dice que no le costará al erario porque se trata de inversión privada. ES UNA
MENTIRA. La carretera la pagaremos todos con
nuestros peajes por los próximos años, dándole además al empresario una
espléndida ganancia, que se maximizará si sus costos están inflados, como
parece claro por los datos citados anteriormente.
Por decoro, por sentido
común, por apego a las mejores prácticas de gobierno, por transparencia y por
sentido de la decencia, un gobernador no debería tomar este tipo de decisiones,
pero menos aun cuando está por dejar poder
No es el caso. Igualando
a los sátrapas priistas que hoy son prófugos de la justicia, Miguel Márquez ha
elegido cerrar su administración con un acto de opacidad bajo sospecha de
corrupción. Así quiere ser recordado, así será, junto con Escudo, las compras de medicamentos a alto precio y
las compras de tierras intermediadas para Toyota.
Márquez ha dicho que ya
no tiene tiempo de hacer mayor esfuerzo en el terreno de la seguridad, que ya
“hice lo que me ha tocado”, dejando al estado al garete en medio de la más
profunda crisis de que se tenga memoria. En cambio, si tiene
todo el tiempo del mundo para validar un negocio sospechoso, con el débil
pretexto de una “urgencia en conectividad” que, si bien es real, hasta ahora no
había sido tema para el gobierno.
Sobre la concesión se
han pronunciado tres de los cinco candidatos a la gubernatura, Felipe Camarena, del PVEM; Gerardo
Sánchez, del PRI; y Ricardo Sheffield, de Morena, pidiendo que se frene el proyecto.
No han dicho nada Bertha Solórzano Luján, de Panal; y Diego
Sinhue Rodríguez Vallejo, el panista que encabeza las encuestas y quien aún
está pensando si prosigue con Escudo y ratifica a Carlos Zamarripa y Alvar
Cabeza de Vaca, pese al baño de sangre en que han sumido a Guanajuato, mientras
Márquez toma decisiones estratégicas que comprometen su campaña y su probable
futuro gobierno.
Todo esto, por si
quedara alguna duda de la soberbia con la que el PAN se está tomando la
elección de julio, seguros de que volverán a contar con el beneplácito de los
guanajuatenses, hagan lo que hagan.
Si leyeran libros de historia… pero no es el caso.
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