Javier Risco.
Nosotros y nuestro maldito olvido.
Ellos y su bendita impunidad.
Los acusados, seguro festejan el
aniversario del reportaje con una copa de champagne en mano. ¿Cuántos
escándalos acumulamos en el baúl de los recuerdos? ¿Cuánto nos indignó y nada
pasó?
Hace un año
se publicó el reportaje 'Contratos a la carta. Capufeleaks'. El periodista Raúl
Olmos, de la organización Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad, dio a conocer una cadena de correos
electrónicos que revelaban la filtración de información confidencial en Caminos
y Puentes Federales para dar ventaja a un grupo de empresas interesadas en
ganar licitaciones de obra. Esta filtración les había permitido ganar contratos
que superaban los 770 millones de pesos.
Así lo
explicaba Olmos en el reportaje publicado en
https://contralacorrupcion.mx/web/capufeleaks/: “El tráfico de información ha
emanado desde la oficina del número dos del organismo público encargado de
administrar y modernizar las carreteras en el país, entre otras tareas. Mauricio Sánchez Woodworth, director de
Infraestructura en Capufe, filtró datos que por ley están reservados, a un
conjunto de compañías para que pudieran ‘competir’ con ventaja en las
licitaciones. Lo hizo por medio de su cuñada, Estela Vega Montaño.
“Las empresas involucradas recibieron
con semanas de anticipación los montos máximos que puede pagar Capufe por
obras, así como detalles técnicos. Estos datos, a la postre, han permitido a
esas firmas tomar ventaja sobre sus competidores cuando se abren los
concursos”.
El reportero
de MCCI tuvo acceso a más de 80 correos
electrónicos que muestran el modus operandi de la triangulación de información
a unos cuántos empresarios; uno de los correos filtrados pertenecía al número
dos de Capufe.
Si usted
hace una revisión rápida a través de cualquier buscador puede encontrar notas como
“Pide Capufe a PGR investigar caso Capufeleaks”; “Capufe presenta denuncia para
que se indague el caso de filtraciones”; “Piden panistas a Capufe explicar
casos de corrupción”, todas fechadas
antes del 4 de mayo de hace un año. La indignación nos dura una semana, si bien
nos va.
Las investigaciones, en voz del
reportero Raúl Olmos, “fueron una vacilada, la Procuraduría General de la
República abrió una averiguación previa, pero ni siquiera nos solicitó la base
de correos filtrados, la cuál era la materia de investigación”, simplemente, como casi todos los
expedientes abiertos, simularon que
investigaban. Mauricio Sánchez
Woodworth, acusado directamente de filtrar información para beneficiar a
empresas por más 770 millones de pesos, sigue en el cargo. No hubo sanción a
nadie.
La
investigación de Olmos es un rastreo
detallado y corroborado de un conflicto de interés que nuevamente se conecta de
forma directa con el gobierno mexiquense de Enrique Peña Nieto, que exportó no
sólo a los funcionarios más cercanos a él cuando pasó de gobernador a
presidente, sino también a los beneficiarios de contratos irregulares que han
representado el robo sistemático de millones de pesos.
“En el actual sexenio, esa
constructora multiplicó 4.6 veces sus contratos con Capufe; de 152 millones de
pesos que obtuvo entre 2009 y 2012, pasó a casi 700 millones entre 2013 y 2016,
según información extraída de las bases de datos oficiales en Compranet. No
todas las obras adjudicadas son mencionadas en los intercambios de correos”, documentó hace 12 meses Olmos. Y no, no pasó nada.
¿Cuántos casos más se van a quedar en
la bolsa de las efemérides de la impunidad? ¿Cuántas denuncias en el olvido van
a quedar con el fin de este sexenio? Desde ese lejano y casi resignado tercer
lugar, al PRI le queda la tranquilidad de saber que, a pesar de la enorme
posibilidad que existe de dejar Los Pinos, ninguno de los abusos cometidos en
el poder será castigados. Total… ya una vez se fueron y, sin castigo,
regresaron.
¿Hasta
cuándo?
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