Esta vez la violencia en la comunidad
yaqui de Loma de Bácum, cuyos habitantes se oponen a la construcción del
gasoducto Sonora, empezó con la quema de un trigal y terminó con el asesinato
de un joven de 18 años, y el incendio provocado de varios vehículos y casas.
“Un joven, de los cholos de la
comunidad, le prendió fuego a un sembradío que está en renta. Las autoridades
tradicionales de Loma de Bácum lo detuvieron y lo llevaron ante el ministerio
público –cuenta Anabela Carlón, abogada y habitante de este poblado yaqui– pero
el afectado no quiso proceder con la denuncia para no tener más problemas.
Entonces dejaron ir al muchacho, pero continuaron las agresiones por parte de
él y su grupo (cinco familias, que están a favor del gasoducto Sonora al que el
resto de la comunidad se opone), nos gritaban insultos y majaderías”.
“En la comunidad no queremos tener
gente así –dice Carmen García, otra de las pobladoras yaquis que se opone al
gasoducto-, ya les habíamos dicho desde antes que se fueran, y no se iban, pero
tampoco se comportaban. Así que, el 30 de abril pasado, fuimos varios a
decirles a sus casas que se marcharan. Ni nos dejaron hablar. Nos recibieron a
balazos y uno le tocó a mi primo (Víctor Adolfo Molina Vázquez), de 18 años,
que murió al otro día en el hospital”.
Mientras en
la comunidad, casas y vehículos
pertenecientes a las personas que se oponen al gasoducto fueron quemadas por lo
que, durante la misma noche de la gresca, varios de sus pobladores huyeron a
Lomas de Huamuchil, otro pueblo yaqui.
El secretario de gobierno de Sonora,
Miguel Pompa Corella, declaró a medios de comunicación que la disputa entre
pobladores de Loma de Bácum no tiene nada que ver con el gasoducto y que en
realidad eso tiene que ver con un trasfondo político que se va a investigar.
Un poco de
contexto.
El gasoducto
Sonora es un megaproyecto de 835 kilómetros ubicado en los estados de Sonora y
Sinaloa, para llevar gas natural desde Arizona a los estados del Pacífico
mexicano. El primer tramo Sásabe-Guaymas está integrado por un gasoducto de 505
km. El segundo, Guaymas-El Oro, tendrá 330 km. La empresa a cargo es Infraestructura Energética Nova (IEnova), la
filial mexicana de la estadounidense Sempra Energy, que ha invertido mil
millones de dólares en el proyecto, con el consentimiento de la Secretaría de
Energía y la Comisión Federal de Electricidad.
El segmento
Guaymas-El Oro contempla una longitud de
más de 90 kilómetros sobre el territorio de la tribu yaqui y ocupará una franja
de 12 metros de terreno sobre los que la empresa tendrá el control durante 30
años. De los ocho pueblos que conforman la tribu, siete dieron ya su
consentimiento para que el gasoducto se construya en su territorio.
Loma de Bácum, en cambio, negó el
permiso e interpuso un amparo ante un juez federal, en el juzgado séptimo de
distrito con sede en Ciudad Obregón, que ordenó la suspensión de la obra, desde
abril de 2016, por no tener el consentimiento de toda la tribu. Sin embargo, la empresa IEnova, acusan los pobladores, no acató esa resolución judicial
y continuó con los trabajos.
Los habitantes de esa comunidad en
desacuerdo con el gasoducto dicen que lo rechazan porque no hubo una consulta
abierta a toda la tribu para aprobarlo. “No hubo una consulta general, no hubo
un consenso. Apartaron a las autoridades de los otros siete pueblos, se los
llevaron a hoteles y pollerías y ahí les dieron el dinero. Pero las comunidades
en realidad no quieren la obra”, afirma Carmen García.
Raquel
Padilla Ramos, investigadora del Instituto Nacional de Antropología, quien se
ha dedicado a estudiar la historia y la cultura del pueblo yaqui, avala lo
dicho por Carmen. La historiadora
comenta a Animal Político que “siete de los ocho pueblos firmaron el
consentimiento para el gasoducto, pero eso no significa que las comunidades
están a favor del proyecto. En general, la tropa yoemia, es decir las familias
yaquis, no están de acuerdo pues no fueron bien informados o de plano no fueron
informados”.
La abogada
Anabela Carlón afirma que han hablado
con gente de base de los otros pueblos y “nos dicen que no están de acuerdo con
el gasoducto, pero que no pueden hacer nada porque sus autoridades ya no los
toman en cuenta”.
No les hemos
pedido nada.
Carmen
García asegura que los gobernantes de
los otros pueblos aceptaron solo por el dinero que les iban a pagar, un peso
con treinta centavos por cada metro cuadrado de tierra, que en total da 7
millones de pesos para cada pueblo, por rentar sus terrenos a IEnova por 30
años.
“No sabemos si los gobernadores de
los otros pueblos hicieron un análisis, pero nosotros en Loma de Bácum sí
analizamos el contrato que querían que firmáramos, es por 30 años la renta,
¿qué renta es por 30 años? ¿Cómo se puede rentar algo por tanto tiempo? Eso es
una venta, y nos querían pagar 1.20 pesos por cada metro cuadrado, pero a
nosotros no nos importa el dinero, nuestro territorio es sagrado”.
Carlón
completa la explicación de por qué no quieren un gasoducto en sus tierras. “Nos han dicho que nos oponemos al
desarrollo, pero ¿al desarrollo de quién? Si ese gas no es para nosotros. No,
nosotros no vamos a tener ningún beneficio de eso y no les hemos pedido que
traigan nada. Nosotros no somos pobres, tenemos nuestra tierra, y sembramos,
cazamos, tenemos nuestras plantas medicinales. De qué nos serviría el dinero
sin nuestro territorio, se nos acabaría y pasaríamos a ser parte de los
cinturones de miseria de una ciudad”.
Además, las
dos yaquis dicen que su comunidad teme a
las explosiones que podría provocar el gas. Algo que parece no ser una
paranoia. La infraestructura de IEnova ya ha tenido accidentes.
Pese a lo
anterior, César Cota Tórtola, capitán del pueblo de Cocorit, ha declarado en medios de comunicación que
los habitantes de Loma de Bácum se oponen al gasoducto porque asesores
externos, como Rodrigo González Enríquez, doctor en Ciencias de la Tierra y
académico del Instituto Tecnológico de Sonora (Itson) los han mal informado.
“Ellos son los que generan este problema, cuando es un asunto que compete solo
a la tribu yaqui, pero por intereses, gente externa, asesores se inmiscuyen y
ocasiona todo esto”.
Lo que ha
dejado el proyecto.
Hasta ahora,
los yaquis de Loma de Bácum dicen que el
gasoducto solo ha llevado tres cosas a su comunidad: la división, la violencia
y los muertos. Primero, dicen, toda nuestra comunidad estaba de acuerdo en
rechazar el gasoducto, luego un grupo de cinco familias cambió de opinión y se
pronunciaron a favor, junto con los otros siete pueblos. “A esas familias las
compraron también. Les dieron dinero y camionetas”, denuncia Carmen.
Ante el
desacuerdo interno, la violencia se
desató. Luego de la orden judicial para suspender la obra por la falta de
consenso entre los ocho pueblos yaquis para autorizar el gasoducto, las
familias de Loma de Bácum a favor del proyecto intentaron destituir a las
autoridades tradicionales y cambiar al gobernador.
El 21 de octubre de 2016, cuando la
mayoría de la comunidad se encontraba en asamblea, los disidentes, acompañados
de integrantes de los otros pueblos yaquis, principalmente de Lomas de
Guamúchil, “llegaron hasta la comunilla (donde se reúnen los Yaquis para sus
asambleas) y quisieron imponernos otro gobernador, que estuviera a favor del
gasoducto, como en un golpe de estado”, explica Carlón. Los yaquis se agredieron entre sí: volaron piedras, salieron machetes y se
oyeron balazos. En la riña resultó un hombre muerto, Cruz Buitimea Piñas, tres
heridos y 12 autos incendiados.
“A mi esposo (Fidencio Aldama) lo
culparon del homicidio de Cruz, y lo sentenciaron a 15 años. Los mismos
testigos de ellos señalaron, basándose en fotos, que mi marido traía una
pistola calibre 45 y al muchacho lo mataron con una 22. Mi esposo traía la
pistola porque es de la vigilancia, de la guardia, pero él no mató a nadie, lo
agarraron a él porque mi mamá (Francisca Vázquez) es la que habla en las
asambleas por las mujeres y acusaron a mi marido para que ella y yo nos
enfoquemos en su defensa, pero no, aun así vamos a seguir en la lucha por lo
del gasoducto”.
Ahora, los pobladores de Loma de Bácum temen otro
ataque mayor. Carmen García asegura que amigos de los otros pueblos la han
alertado sobre eso. “Me marcaron y me dijeron que César Tórtola, el capitán de
Lomas de Huamuchil, anda en las calles buscando cholos (drogadictos) y les
ofrece dinero para que vengan con él a atacarnos. Puede suceder otro 21 de
octubre”.
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