En al menos una decena de casos en
este proceso electoral familiares de políticos y funcionarios obtuvieron una
candidatura, y aunque esas postulaciones no son ilegales, expertos señalan el
riesgo de incurrir en nepotismo.
Para estas
elecciones, hay candidaturas como la de
Miguel Ángel Yunes en Veracruz, quien es hijo del gobernador de ese estado y
aspirante al mismo puesto; Rodrigo Gayosso Cepeda, hijastro del gobernador de
Morelos Graco Ramírez y candidato a la gubernatura; o Erika Alonso, esposa del
exgobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle, y candidata por ese estado.
Respecto a
ese tipo de postulaciones, teniendo en cuenta que cada caso tiene sus
particularidades, Federico Estévez, profesor de Ciencia Política en el ITAM, considera que no es negativo que un
familiar decida participar en política, sino el hecho de “heredar puestos a
hijos, parejas, primos y familiares y darles un nombramiento discrecional en la
burocracia”, cuando no tienen experiencia o los méritos propios.
El académico
menciona que el apellido en común trae más ventajas que inconvenientes, para
los familiares de políticos o funcionarios que obtuvieron candidaturas.
En primer
lugar, ya hay un reconocimiento de su apellido entre la gente; y además, este tipo de candidatos heredan los
contactos políticos, empresariales y sociales de su familiar que ya tuvo o
tiene un cargo público. Estévez lo resume en un viejo refrán: “La gente piensa
que más vale malo conocido, que bueno por conocer”.
Para el
experto, las dinastías políticas
implican nepotismo tácito, en el sentido del uso o abuso de ventajas y
privilegios, como el acceso a vínculos con la élite que, en definitiva,
“implica mayores probabilidades para que se queden con los premios
electorales”, es decir, con los triunfos electorales.
“En algunos campos de la sociedad
esto despierta muchas dudas; es un problema si un familiar monopoliza las vías
de acceso a candidaturas, aun cuando eso no garantice el triunfo en la
contienda; y hay quienes piensan que es corrupción, porque tiene que ver con la
compra de influencias, pero nombrar candidatos y luego ganar la elección no
tiene nada que ver con eso, y no es un delito. Más bien es un defecto de la
democracia electoral, pero es un defecto muy común”, expresa el académico.
Tradición y
nuevos vínculos.
Uno de los
casos más llamativos de lazos familiares en candidaturas para esta contienda
electoral es el de Margarita Zavala,
esposa del expresidente Felipe Calderón y candidata a la presidencia.
Sin embargo,
en contraste con otros candidatos, Zavala cuenta con una trayectoria política
propia: se enroló en las filas juveniles del PAN desde los 16 años, en donde
ocupó diferentes cargos, fue diputada en dos términos, local (1994-1997, en el
entonces Distrito Federal) y a nivel federal (2003-2006).
Otro caso es el de Morelos. Rodrigo
Gayosso Cepeda, hijastro del gobernador, Graco Ramírez, compite como candidato a suceder en
el cargo a su padrastro, pero además su
esposa, Melissa Torres Sandoval, es candidata a diputada local por la vía
plurinominal.
Los casos se
multiplican en la elección de diputados y alcaldes. Por ejemplo, Napoleón Astudillo Martínez, el primo del
gobernador de Guerrero, Héctor Astudillo Flores, es candidato a diputado
federal del distrito nueve en Acapulco.
Otros descendientes de políticos que
figuran en las listas de candidatos son Luis Donaldo Colosio Riojas, hijo del excandidato presidencial
del mismo nombre asesinado en 1994, y candidato a diputado local por Movimiento
Ciudadano; también está el caso de
Agustín Basave Alanís, hijo del exdirigente nacional del PRD, quien buscará un
escaño en el Congreso de Nuevo León, con el mismo partido.
Manuela del Carmen Obrador, prima del
presidenciable Andrés Manuel López Obrador, también compite como candidata a
diputada federal por Morena.
En cuanto a
la elección de alcaldes, figura el caso
de Fernando Elizondo, hijo y nieto de dos exgobernadores de Nuevo León, quien
se registró como candidato independiente a la alcaldía de San Pedro.
Mención aparte merece Jorge Emilio
González Martínez, conocido como El Niño Verde, hijo del fundador del Partido
Verde Ecologista de México (PVEM) del mismo nombre, quien en 1999 se benefició
de una reforma del artículo 58 de la Constitución, la cual redujo la edad
mínima de 30 a 25 años para poder acceder al cargo de senador. Para el actual
proceso electoral, ocupa el primer lugar en la lista de candidatos
plurinominales del mismo partido.
El lado más
oscuro.
Los expertos advierten que los
límites entre dinastías familiares y relaciones de poder no están siquiera regulados,
y que no en todos los casos se puede considerar nepotismo, entendido como la
desmedida preferencia que algunos dan a sus parientes para las concesiones o
empleos públicos.
Para el
académico Carlos Ramírez, en el país
existe una tradición de vínculos familiares en la política, que hace que la
línea entre los lazos de parentesco y el nepotismo sea muy delgada.
“La
distinción tiene que venir de la carrera de cada uno. Se acostumbra a que
familias del mismo apellido participen en política y hagan su propia carrera.
Pero para que sea nepotismo, tiene que haber un nombramiento o beneficio a un
familiar sin experiencia política previa”.
El académico recuerda la polémica
frase del expresidente José López Portillo “el orgullo de mi nepotismo”, en
referencia al nombramiento de su hijo José Ramón, como subsecretario de
Programación y Presupuesto, y explica que favorecer a familiares “es parte de
la tradición; siempre que alguien llega a un cargo público, los familiares son
beneficiados. Por eso la gente no tiene claro que el nepotismo tiene que ver
con la corrupción, porque viene de épocas históricas”.
El experto
añade que, hasta hace 30 años, este tipo
de corrupción familiar se daba sólo en contratos y concesiones a empresas de
familiares, pero en los últimos años las candidaturas “se han vuelto más
lucrativas”.
Aunque en
las leyes federales no está tipificado como delito, ni existe ningún requisito
que prohíba el parentesco para ser elegible, algunos estados han establecido
sus propias normas para limitar los vínculos familiares en el acceso a puestos
de mando.
Por ejemplo,
el artículo 68 de la Constitución de Oaxaca
exige “(para ser electo a gobernador) no tener parentesco de consanguinidad en
los cuatro primeros grados, ni de afinidad en los dos primeros, con el
gobernador saliente”.
Familias con
distintas filias políticas.
Una
situación distinta es la de miembros de una misma familia que militan y
contienden por cargos públicos desde partidos diferentes.
Ramírez
señala que en estos casos la competencia es “legítima”, ya que más allá de
llevar el mismo apellido, cada uno se forja su propia carrera política de forma
independiente.
Es el caso
de la familia Clouthier. Cinco de los hijos del excandidato presidencial Manuel
de Jesús Clouthier del Rincón, conocido como Maquío, militan en distintos
partidos. Su hija Tatiana Clouthier es candidata plurinominal al Senado, y se
desempeña como coordinadora de campaña del candidato presidencial Andrés Manuel
López Obrador.
Por otro
lado, su hermana Rebeca es candidata del PAN a la alcaldía de San Pedro Garza
García, en Nuevo León; otro de sus hermanos, Manuel, es candidato al Senado
como independiente.
Aunque no
compiten en estas elecciones, está el caso de dos de los hermanos de López
Obrador: Pedro Arturo, quien fue candidato a diputado por el PRI; y José
Ramiro, quien lideró el PRD en Tabasco.
Los que no
son familia.
La polémica
ha acompañado también a casos en los que, aunque el candidato comparte el
apellido, no mantiene vínculos familiares. Un ejemplo es una noticia falsa en
la que se difundió que el candidato presidencial Ricardo Anaya y el secretario
de Hacienda, José Antonio González Anaya, son primos. Verificado 2018 ya lo
desmintió.
También el
candidato presidencial independiente Jaime Rodríguez Calderón, conocido como El
Bronco, ha sido señalado como familiar del expresidente Felipe Calderón, que
lleva el mismo apellido, aunque no tienen relación de parentesco.
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