Gustavo De
la Rosa.
Si escribir
sobre el pasado es difícil, escribir sobre el futuro lo es diez veces más, aun
así sobre eso serán mis próximas entregas a SinEmbargo.
Los partidarios de Morena celebramos
el triunfo de una opción diferente al régimen cleptocrático que venía
administrando nuestra patria, y este nuevo Gobierno tiene seis meses para
diseñar un cambio verdadero y profundo que se construya en paz.
En este sentido,
veo dos tareas importantes: la política
de asistencia social y la política salarial, y en ambos casos se trata de
combatir la desigualdad que destruye al país. La política asistencial tiene la
ventaja de ser más rápida y menos conflictiva con los dueños del dinero, porque
el dinero del Gobierno es el que se utiliza para brindar asistencia a los
jóvenes, ancianos y mujeres.
Pero la política salarial tiene la
ventaja de ser más profunda y construir más sólidamente a la sociedad mexicana,
aunque enfrenta la oposición de los dueños del país que venden mano de obra
barata a empresas foráneas mientras ellos ganan construyendo naves industriales
y asociándose minoritariamente con estos inversionistas extranjeros. La base
del desarrollo industrial del país en los últimos 30 años reside precisamente
en mantener los bajos salarios en el país.
La historia
de los salarios mínimos profesionales, que tenían una visión de progresividad,
refleja el desarrollo de un país que dejó de ser una nación jornalera para convertirse
en una asalariada, pero estos se pensaron de acuerdo con las especialidades de
1970 y requieren una actualización. Actualmente
faltan muchos nuevos salarios profesionales, aunque los más importantes serían
un salario mínimo industrial (que no debe ser inferior a 300 pesos diarios) y
un mínimo general de por lo menos 200 pesos diarios.
Y hay que hacerlo rápido porque la
potencia y fuerza del movimiento social que alimenta al partido Morena está en
su clímax y sus adversarios están mareados, por eso deben darse el golpe y
desde el Gobierno establecer salarios industriales que empiecen a construir una
nueva sociedad.
La otra decisión de trascendencia
histórica es la libertad, honorabilidad y responsabilidad sindical; para esto
el Gobierno puede dar un golpe de timón, pero la responsabilidad de mantener y
mejorar sus condiciones de vida es de los propios trabajadores; por esto los
obreros deben tomar la dirección de sus sindicatos y el Gobierno no debe
intervenir a menos de que se cometan ilícitos en la vida interna de las
organizaciones. La libertad sindical, conlleva la responsabilidad de respetar
las leyes y a sus compañeros, y el manejo honesto y transparente de los
recursos.
Aunque la asistencia a sectores
vulnerables y emergentes es indispensable, si se extiende por mucho tiempo y a
muchos sectores sociales se convierte en perniciosa, una clase obrera
fortalecida por sí misma va construyendo otra nación.
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