Gabriel Sosa
Plata.
Una colega
me preguntó si algún Presidente electo o “virtual Presidente electo” había
utilizado Facebook y otras redes sociales, como lo hizo Andrés Manuel López
Obrador la semana pasada, para hacer una aclaración o réplica, en este caso del
polémico fideicomiso “Por los demás”.
Que yo
recuerde, no, ni Felipe Calderón ni Enrique Peña Nieto. No olvidemos que
Facebook nació en 2004, Youtube en 2005 y Twitter en 2006. Son redes
sociodigitales que llevan poco tiempo entre nosotros, pero que están
modificando de manera importante la comunicación entre gobernantes o
“virtuales” gobernantes y gobernados. ¿O no Donald Trump?
A diferencia de muchos otros
políticos, López Obrador ha sacado un enorme provecho de las redes
sociodigitales (¡benditas sean!) para comunicar, para establecer una relación
más estrecha o cercana con la ciudadanía, con mensajes en sencillos, generados
desde un jardín, una calle o, como ocurrió hace algunos días, en lo que parece
ser su oficina de campaña.
En muchos de sus videos no hay encuadres
especiales ni escenografía especialmente diseñada para la grabación ni
vestimenta “acorde” a su posición política ni maquillaje ni mucho menos
teleprompter. Simplemente es una grabación en video (suponemos desde un
teléfono celular), que sin edición ni posproducción se sube de inmediato a las
redes ¡y listo! En pocos minutos se viraliza y es tema en los grandes medios de
comunicación.
Para no pocos expertos en imagen y en
comunicación política, lo hecho por López Obrador sería contraproducente,
distinto a lo que señalan los manuales de marketing. Al político y mucho más al que será
Presidente, por lo general, se le graba, se le retrata para exaltar una
posición de poder y se cuidan los más mínimos detalles en la construcción de su
imagen. El “virtual Presidente electo”
rompe esa lógica discursiva y presenta un cuadro de austeridad, acorde a su
discurso político, que por lo visto le ha funcionado. Algo así no hubiese
ocurrido con Peña Nieto, un personaje construido cuidadosamente desde la
televisión, o con José Antonio Meade, si hubiese ganado las elecciones.
Esta sencillez en su manera de hablar
y en la manera de llevar su mensaje en las redes sociales, genera empatía,
porque aparece como alguien cercano, que no posa, que es como cualquier persona
y que no requiere de intermediarios (por ejemplo, una entrevista con un
conductor afamado en un horario estelar de la televisión) para comunicar algo,
lo que sea. Esto también es interesante: para ese primer mensaje se
privilegiaron las redes sociodigitales. Con ello se evitó cualquier tipo de
mediación o interpretación, que poco pudo haber contribuido a su causa. Ya
luego vino la conferencia de medios.
Un hecho,
sin embargo, no debemos pasar inadvertido. López Obrador ha aprovechado
eficazmente las redes sociodigitales, pero su uso no dista mucho de lo que
hacen la mayoría de los políticos. En su relación virtual con los usuarios de
Facebook o Twitter la comunicación es totalmente vertical, como sucede en los
medios tradicionales. Excepcionalmente
responde o interactúa con quien lo felicita, lo critica, le pregunta o le
solicita algún apoyo. Es lógico que él no tiene tiempo de responder
personalmente, pero sí lo puede hacer su equipo de comunicación. En esto
también debe impulsarse un cambio.
PRENSA FIFÍ.
En el mensaje
referido sobre el fideicomiso, hubo otros símbolos. López Obrador se hizo
grabar, a su espalda, con un enorme cuadro con la imagen del Presidente Benito
Juárez y pequeñas esculturas del mismo Juárez, Emiliano Zapata, José María
Morelos, Ricardo Flores Magón y Francisco Villa, colocadas sobre una pequeña
mesa. Esto personajes, dijo al final del video, “nos guían… nos inspiramos de
los ideales y de lo que hicieron en otros tiempos por luchar, por hacer valer
la libertad, la justicia, la democracia, para hacer valer la soberanía
nacional”. También estaba la escultura de Lázaro Cárdenas, pero no la mencionó.
No creo que haya sido intencional.
Poco antes de mostrar “su galería”,
reiteró sus calificativos a la “prensa fifí”, a los conservadores, a la derecha,
por la difusión, “de mala fe”, para “enlodarnos”, de lo resuelto por el INE
sobre el fideicomiso.
“El gobierno -dijo- era un comité al
servicio de una minoría con toda una burocracia dorada a su servicio,
incluyendo, desde luego, a voceros, a la prensa fifí”, que “ha difundido mucho”
las supuestas ilegalidades de dicho fideicomiso. También recordó que el
periódico Reforma publicó hace algunas semanas que Morena había gastado 59
millones de pesos en la impresión del periódico Regeneración, cuando en realidad
se trataba de un monto de 59 mil pesos.
“Le pedimos que aclarara”, pero no lo
hizo, dijo López Obrador. “Entonces no hay ética… ¿Qué les
pido a los conservadores? Pues que actuemos todos con responsabilidad, con
integridad, con principios y que también no confundan. No soy autoritario.
Ellos quisieran estar calumniando con la máxima de que la calumnia cuando no
mancha tizna y quedarnos callados”. Y advirtió: “Cada vez que haya una calumnia en contra de nuestro movimiento, tengo
el derecho de réplica y voy a contestar en buenos términos, de manera fraterna.
Ofrezco una disculpa si a veces digo las cosas fuertes, pero necesitamos ya que
haya un cambio también de actitud. Ya basta que la derecha se dedique a mentir,
a calumniar”.
López Obrador tendrá que
acostumbrarse a la prensa que le cuestiona. Así funcionan los medios de
comunicación en un Estado democrático. Y muy bien hará en responder a dichos
cuestionamientos o a las calumnias en contra de él o de su movimiento, pero “de
manera fraterna” y no con calificativos, como lo ha hecho en diferentes
ocasiones, porque es una manera de acosar a periodistas desde una posición de
poder.
No es lo mismo ser candidato o
dirigente de un partido político que Presidente da la República. La
desinformación se revierte con información. Como futuro jefe del Ejecutivo cuenta y contará con
espacios de sobra para aclarar su posición sobre cualquier tema de la agenda
nacional y fortalecer el derecho a la información de la ciudadanía.
El próximo gobierno tiene varias
herramientas a su alcance para reforzar la ética, la independencia, la
responsabilidad de los medios de comunicación, sin dañar la libertad de
expresión ni el periodismo de investigación ni la crítica, como la regulación
de la publicidad gubernamental bajo principios de pluralidad y diversidad, la
tutela y garantía de los derechos de las audiencias (que nulificó el gobierno
de Peña Nieto), el fortalecimiento de los medios públicos y comunitarios, la
abrogación de la anacrónica Ley de Imprenta, la reelaboración de ley
reglamentaria del derecho de réplica, la ciudadanización de la Comisión
Calificadora de Publicaciones y Revistas Ilustradas, entre otras acciones. De
eso y no de la “prensa fifí” deberíamos estar hablando. Los lectores y las
audiencias también deseamos y reclamamos una nueva actitud del gobierno y de
los medios que no se han adaptado a la nueva realidad democrática.
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