Valeria Moy.
Morena
arrasó el domingo. Era previsible.
No sólo por
la mala campaña de uno de sus contendientes, la pesada lápida del otro y la
batalla que sólo se dio entre ellos, sino por el profundo hartazgo de la
población frente a temas verdaderamente reprobables como la corrupción, la
falta de oportunidades para muchos, la pobreza, la desigualdad.
Coincido en
que son problemas lacerantes para el desarrollo del país y para la vida de
millones de mexicanos. No coincido, sin embargo, con algunos planteamientos
hechos en la campaña ni con varias de las soluciones propuestas por el futuro
presidente o su equipo.
El triunfo
fue arrollador. La victoria en la elección presidencial fue con 52 por ciento
del voto. Me llama la atención que algunos detractores todavía digan que 48 por
ciento de los electores no votó por AMLO. La mayoría es innegable. Y el reclamo
de cambio también lo es.
Pero no
dejemos que la victoria presidencial nos impida ver la verdadera magnitud del
triunfo. De las 32 entidades
federativas, la preferencia para presidente la tuvo Andrés Manuel López Obrador
en 31.
De los nueve estados en disputa,
Morena se llevó cinco. La suma de los cinco revela la enorme importancia
económica que tienen.
En conjunto representan 28.3 por ciento
del PIB, incluyendo la Ciudad de México que genera 17.2 por ciento del mismo.
Sin embargo, tres de los estados en los
que gobernarán — Chiapas, Tabasco y Veracruz — se encuentran en una situación
económica particularmente delicada. Prevalecen en ellos la informalidad, la
baja creación de empleo formal, la baja escolaridad y por supuesto la pobreza.
Chiapas, de hecho, es donde la
pobreza como porcentaje de la población es mayor en el país, bajo cualquiera de
las mediciones, y Veracruz es el segundo estado donde hay más personas en
pobreza, seguido de Chiapas. A diferencia de otros estados y del país,
gobernarán entidades con economías frágiles por lo que el reto será aún mayor.
En la Ciudad de México lograron once
alcaldías, de las 16 posibles.
La elección del domingo también le
otorgará a Morena la mayoría en 19 congresos locales. De los 27 estados en los
que se renovaron los congresos estatales, Morena obtuvo la mayoría (respecto a
las curules de mayoría relativa) en Baja California Sur, Colima, Chiapas,
Ciudad de México, Durango, Guerrero, Hidalgo, Estado de México, Michoacán,
Morelos, Oaxaca, Puebla, Querétaro, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora, Tabasco,
Tlaxcala y Veracruz. Esto sin contar los legisladores locales que a pesar de
haber ganado por otro partido se moverán a la mayoría en cuestión de días, dado
que todos conocemos cómo funciona el “pragmatismo” de los políticos.
En ambas
cámaras sucedió lo mismo. La petición al electorado de que votara por el carro
completo funcionó. Quizás las coaliciones no se mantengan ya que pasaron las
elecciones, pero si por el momento sumamos las curules que obtendrá Morena por sí
mismo y en coalición, tendrá 218 de las 300 de mayoría relativa. En total,
tendrán 310 diputados. Pero pueden ser más una vez que las cosas se acomoden y
algunos diputados de otros partidos se den cuenta de que en realidad quieren
estar con Morena.
De las 96 bancas por mayoría relativa
y primera mayoría del Senado, Morena y su coalición tendrán 54 senadurías. En
total lograrán 69 de las 128.
Desde el
domingo en la noche hasta hoy escucho y leo sobre el tsunami de Morena. Un
tsunami liderado por completo por la figura de su líder fundador, pero apoyado
por un equipo que hizo una gran campaña.
Pero cada
vez que escudo el término tsunami vienen a mi mente las imágenes de los dos
tsunamis reales que he visto en años recientes. Recuerdo las escenas del maremoto
de Indonesia en 2004 y las del de Japón en 2011. Sigue sorprendiéndome el
arrastre del mar y la magnitud de las olas, pero quizás me impactan aún más las
escenas del agua cuando retrocede llevándose todo lo que está a su paso.
Morena
tendrá un poder enorme. Todos hemos visto a funcionarios, de todos los
partidos, que abusan de su poder, por pequeño que éste sea, desde quienes
atienden en los trámites para licencias o pasaportes hasta gobernadores y
presidentes.
¿Cuáles
serán los contrapesos? Hay quién dice que con tales mayorías no habrá pretextos
para implementar las propuestas. Difiero. Los contrapesos siempre son
necesarios y lo serán aún más con algunas de las propuestas planteadas por AMLO
y su equipo. El poder marea, corrompe y probablemente desquicia a quienes
tienen mucho.
¿Qué hará
Morena con tanto poder? ¿Qué hará López Obrador? ¿Y su equipo? ¿Estarán
dispuestos a escuchar? ¿Quiénes serán las voces que intenten dar un equilibrio
a este nuevo acomodo? Más que nunca, los contrapesos serán necesarios para no
vivir la resaca del tsunami.
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