Javier Risco.
En mayo de
2011 Javier Sicilia habló del PERDÓN. Lo hizo después de que fueran capturados
los asesinos de su hijo, les quería ver a la cara, estas fueron sus palabras:
“Yo quisiera hablar de cosas que para mí son muy importantes, que es el perdón
y el encararlos con su propia miseria en el sentido de que el tema del perdón
es un tema complejo, profundo […] el perdón una gracia, algo gratuito que nace
de la caridad, yo no creo en la caridad sin la justicia, ni perdón sin la
justicia, van de la mano, pero la justicia tiene que ser la reparación en sus
corazones porque a nosotros no nos pueden reparar la vida de nuestros hijos
aquí”, nunca los vio, sin embargo, el perdón también salva a los adoloridos.
Ayer la
palabra “perdón” cayó como una cubeta helada en el primer foro para la
pacificación del país que se llevó acabo en Ciudad Juárez, Chihuahua.
El perdón no
siempre cura. Así lo dijo frente a cientos de víctimas el próximo presidente de
este país, Andrés Manuel López Obrador: “y estar dispuestos a perdonar, yo lo
dije en campaña y lo repito ahora, coincido con los que dicen que no hay que olvidar,
pero sí estoy a favor del perdón, respeto mucho a quienes dicen ni perdón ni
olvido, yo digo olvido no… perdón sí”.
A esta
sentencia que vaticina un desacuerdo inicial en lo que será un tema prioritario
en su sexenio, las victimas de décadas de violencia reviraron: “los familiares
de las víctimas de desaparecidos rechazaron con gritos y protestas su proyecto
de perdón”, según la crónica publicada por el periodista Jacobo García del
diario El País, quien fue testigo presencial de este evento. “Sin justicia no
hay perdón”, fue otra de las reacciones que logró retratar la periodista
Marcela Turati, quien también cubría el Foro Escucha.
Y es que
vaya que es delgada la línea del perdón, el proceso funciona de maneras
distintas según el tamaño de la tragedia, un índice imposible de medir y mucho
menos si hablamos de la estrategia de un gobierno de alternancia que ha
prometido una transformación y en el que 6 de cada 10 mexicanos han depositado
su confianza.
El ambiente
en Juárez hace décadas que está lejos de ser sencillo, es una ciudad que se ha
convertido en el génesis de las buenas intenciones por parte de gobiernos que
quieren acabar con el crimen organizado y que hoy vive otra jornada de
violencia que cala profundo. Ayer leía una nota de la periodista local Rocío
Gallegos en el portal La Verdad de Juárez, quien mostraba el escepticismo de
las víctimas hacía un recuento de los planes de seguridad planteados en la
región desde hace décadas desde el sexenio de Ernesto Zedillo hasta Enrique
Peña Nieto y de cómo esa sociedad se ha convertido en un laboratorio.
A las
víctimas de Juárez ya no les bastan las promesas de mejora, los familiares de
aquellas miles de desaparecidas, los padres y hermanos de los muertos en fuegos
cruzados ya han tenido mucho de remedios que suenan prometedores, pero que los
dejan en una laguna de sangre que ya se desbordó.
Ya pasaron
por la cooperación tripartita que significó, en el año 2000, la creación de
Bases de Operación Mixta; ya saben que el Plan Integral de Seguridad Pública
del gobierno foxista no paró los muertos y que la creación, en 2004, de una
Fiscalía Especializada en los Homicidios contra Mujeres no ha hecho que decenas
de hijas, hermanas y madres un día simplemente no lleguen a casa.
Las víctimas
de la violencia de Juárez ya vieron fracasar la Estrategia vs. el Narcotráfico
que, en 2010, implementó Felipe Calderón, lo mismo que el Plan Antiviolencia de
EPN.
Ayer alguien
les dijo que perdonaran, pero ¿cómo perdonas sin verdad y sin justicia?,
¿perdonar a quién?, y ¿cómo evitas que la lista de víctimas y victimarios que
requieran “perdón”, deje de crecer? A una ciudad que hace unos días fue primera
plana por un fin de semana de 30 asesinados, 11 de ellos torturados, ya no le
basta discursos de mágicas soluciones, en la realidad que viven, los abrazos no
los protegen de los balazos.
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