Martí Batres.
Detrás de las sonoras escaramuzas que
rodearon el nombramiento de los integrantes de la Comisión Reguladora de
Energía (CRE) existe una disputa de fondo, una disputa por el proyecto
nacional.
Los supuestos malos desempeños en las
comparecencias, el rechazo de la oposición a las ternas, la descalificación
sumaria de todos los aspirantes, las ofensas, las orejas de burro, la presión
para incorporar otros nombres, la negativa para los acuerdos, la exigencia de
presentar una controversia, el amago del amparo, la acusación de las firmas, en
fin, todo eso, no es sino el conjunto de manifestaciones de un intento por
evitar un cambio de orientación en las políticas energéticas.
No es casual que estos nombramientos
son los únicos de todos los que le ha tocado resolver al Senado que no se
concretaron en el órgano legislativo. Grados militares, magistrados electorales
locales, magistrados electorales federales, consejeros del INAI, titular de
radiodifusión pública, titular de Notimex, consejeras de la CNDH, ministro y
ministra de la Corte, Fiscal General de la República, secretarios de Estado,
subsecretarios de Relaciones Exteriores, embajadores, cónsules, es decir todos
los nombramientos y ratificaciones han salido airosos, todos menos unos... los
de la CRE.
¿Por qué hubo acuerdos en todos? ¿Por
qué se lograron las dos terceras partes en todos? ¿Por qué se llegó a acuerdos
hasta en los que parecían imposibles? ¿Por qué en este caso no?
Porque éste es uno de esos casos que
quedaría perfectamente encuadrado en lo que se ha llamado economía concentrada.
“La política no es otra cosa que economía concentrada”, es una frase que se atribuye a
Lenin. La frase es certera, sobre todo en casos como este.
EN LA CRE SE GESTIONARON DURANTE AÑOS
ENORMES NEGOCIOS ENERGÉTICOS PRIVADOS ENTRELAZADOS CON INTERESES POLÍTICOS.
Mientras las empresas energéticas
públicas eran abandonadas, saqueas y endeudadas, crecían importantes redes de
inversiones de particulares en las que tenían injerencia directa personajes
encumbrados en el poder político.
En la CRE SE DECIDEN PERMISOS PARA INSTALAR
GASOLINERAS, CONSTRUIR PLANTAS DE GAS, COMPRAR VEHÍCULOS PARA TRASLADAR EL
ENERGÉTICO, ETC. DE ESTA COMISIÓN DEPENDEN MUCHAS AUTORIZACIONES PARA LA
APERTURA DE NEGOCIOS.
Todo esto
explica por qué en otras épocas fueron
nombrados en la CRE, en la Secretaría de Energía y en otras responsabilidades
energéticas exsecretarios particulares, hijos de secretarios de Estado, ex
presidentes de la Coparmex y hasta personajes con nivel de estudios de secundaria.
Sin embargo,
los que en otros tiempos tenían el
gobierno para proponer nombramientos y la mayoría legislativa para
ratificarlos, hoy no tienen ni el uno ni la otra.
La opción que ganó el gobierno ha
procedido ahora a realizar los nombramientos correspondientes.
Hay una nueva estrategia para el
sector energético. No tiene nada de raro. Hubo discursos opuestos en esta
materia durante la campaña electoral y la ciudadanía optó por el cambio. Lo
extraño y criticable sería que hoy se avalara a los mismos equipos, perfiles y
proyectos de la etapa neoliberal.
El nuevo gobierno tiene el reto de
mantener viva la inversión privada ya existente en el sector y de rescatar, al
mismo tiempo, a las empresas energéticas públicas que los antiguos integrantes
de la CRE buscaron aislar y ahogar.
Y desde
luego, los nuevos miembros de la CRE
tendrán que poner su esfuerzo y talento en juego para coadyuvar de manera
decisiva a erradicar la corrupción que se da en una gran cantidad de contratos,
concesiones y permisos.
La disputa por la CRE no es de formas
ni de firmas; no es técnica ni de perfiles. Es una disputa por el proyecto de
nación, entre las concepciones que no quieren terminar de irse y las que van
llegando.
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