viernes, 26 de abril de 2019

Piedras simbólicas.


Por Diego Petersen Farah.

Colocar la primera piedra de una obra es un símbolo de poder, es la germinación de un proyecto por el dedo divino del Presidente, Gobernador, Alcalde o cualquier autoridad en edad de merecer. Es el dedo creador ejerciendo su voluntad. Pero poner una primera piedra simbólica, como anunció el Presidente López Obrador que hará el próximo lunes en Santa Lucía, es el símbolo del símbolo, un metasímbolo, es la voluntad de la voluntad. Esta tan absurdo como lo que hacía Peña Nieto de inaugurar obras inconclusas (como la Línea Tres el tren eléctrico de Guadalajara). Si fuéramos serios le chiflaríamos a cualquier autoridad que haga esto, pero para suerte de los presidentes no los somos.

La primera piedra de Santa Lucía será simbólica porque es falso que sobre ella se edificará un aeropuerto. Santa Lucía no solo no tiene proyecto ejecutivo, ni siquiera un diseño conceptual porque para ello se necesita tener los estudios aeronáuticos que no son enchílame otra o caliéntame otra chela. Hacer las cosas bien implica tiempo de estudio y análisis de datos para tomar las decisiones correctas. El señor Riobóo, el asesor del Presidente en esta aventura, tiene la corazonada, porque es alguien con experiencia, de que ahí se puede hacer un aeropuerto civil dado que ya hay uno militar, pero no hay aún un estudio de factibilidad definitivo que nos diga que se pueden operar simultáneamente, sin riesgos y con eficiencia (esta último es fundamental) los aeropuertos de México y Santa Lucía.

La primera piedra simbólica tiene más que ver con el momento político. Si alguna habilidad destacada tiene López Obrador (y vaya que tiene varias) es la de cambiar de tema a su antojo. Tras la crisis mediática por su silencio sobre el asesinato de una familia en Minatitlán, la primera gran piedra en el camino con la que se topa en cinco meses, el Presidente puso en una sola semana tres temas que le han sido particularmente rentables ante la opinión pública: el combate al huachicol, donde aventó cifras muy suyas por decirlo de alguna manera e imposibles de validar; dejó ver de nuevo la posibilidad de hacer una consulta para enjuiciar a ex Presidentes, el as bajo la manga porque esa la gana con 99 por ciento, pero que será solo una eterna amenaza; y el aeropuerto de Santa Lucía que es el símbolo, carísimo, de derrota del neoliberalismo.

López Obrador estará este fin de semana en Minatitlán y lo mejor que puede pasar es que saque el empate a cero, esto es, que salga de ahí sin recibir gol. Pero, lo más probable es que, como está el ambiente, pierda por más de uno. Si las redes se calientan sábado y domingo el lunes estaremos hablando de otro tema, de otras piedras, la simbólica y si se quiere también del montón de piedras del cerro inadvertido. Un error de diseño en una obra que no ha comenzado es una anécdota; la incapacidad del Estado de brindar seguridad entierra presidentes.

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