Adela
Navarro Bello.
Desde su
salida del Gobierno de Chihuahua hace prácticamente tres años, César Duarte
huyó de ese estado. Con dos grandes entidades norteamericanas allende la
frontera chihuahuense como lo son Texas y Nuevo México, sus pasos fueron
cortos.
Fue avistado
en El Paso. La sociedad con la que solía tener relaciones lo llegó a ver en los
lugares que comúnmente visitan en los Estados Unidos. El café, el restaurante,
la tienda departamental de su coincidencia. Incluso se aventuraban a nombrar el
complejo residencial donde vivía el ex Gobernador, al igual que otros mexicanos
con la situación económica lo suficientemente holgada para poseer una vivienda
en la Unión Americana.
Total que
decían entre ellos que si no lo detenían era porque no querían. No estaban muy
de acuerdo con el nuevo Gobernador Javier Corral. Lo veían más a la izquierda,
muy populista, muy reaccionario. Les preocupaba –y les preocupa- que no
disminuya la inseguridad y la violencia. Que se haya enfrentado al Gobierno de
Enrique Peña Nieto y realizado marchas y mítines en su contra, en lugar de
encabezar estrategias para contener al crimen organizado y a los delincuentes.
Como quien dice le tachaban que hacía más borlote que generar resultados en
beneficio de todos.
Pero en
algo coincidieron Gobernador y sociedad: César Duarte es un corrupto protegido
por el Gobierno federal. Lo confirmaban cada vez que cruzando la frontera lo
encontraban, discreto pero visible.
Los dos
primeros años de Gobierno de Corral y los dos últimos de Peña, la corrupción en
torno al caso de César Duarte se confirmó con la misma velocidad que su
expediente fue minimizado en el ámbito federal. La terquedad del Gobernador
Javier Duarte sirvió para que desde la Fiscalía General del Estado con
información de áreas como la Secretaría de la Función Pública local, pudieran
establecer el entramado de corrupción que llevó al ex Gobernador y a sus
colaboradores a desfalcar por más de seis mil millones de pesos a aquel estado,
y por lo menos desviar 250 millones de pesos. La deuda pública que heredó el
panista del priista ascendió a más de 48 mil millones de pesos.
Logró Corral
que en el Estado antes que en la Federación se generaran órdenes de
aprehensión. Detuvo a algunos, los procesó, pero del ex Gobernador nada. La
realidad era que la Procuraduría General de la República, institución que
feneció en el Gobierno de Peña Nieto, encubría con la incapacidad de sus
funcionarios y la malicia política de su titular, al ex Gobernador. Ahora sí
que era el hombre más buscado de Chihuahua, pero no por el Gobierno de la
República.
Pero el
Gobernador Corral estuvo tan cerca, que logró que el entonces Presidente
Enrique Peña Nieto y miembros de su gabinete buscaran el amparo de la justicia
para protegerse de las investigaciones, solicitudes de información, citatorios,
por parte de las autoridades de Chihuahua.
Llegó el
nuevo Gobierno, el de la cuarta transformación, y también la Fiscalía General
de la República. Los de Chihuahua, como muchos otros mexicanos, esperaban que
la justicia por fin llegara. Pero han pasado nueve meses y nada. A pesar de
contar con tres órdenes de aprehensión en su contra, una ficha en la Interpol
para su búsqueda, y que no ha salido del continente, a César Duarte no lo han
detenido.
Esta semana
el periodista Carlos Loret de Mola reveló en su columna de El Universal, dos
fotografías del ex Gobernador. Está sentado sobre una silla alta y con los
brazos sobre una mesa de iguales dimensiones, de las que llaman periqueras y
son comunes en bares y restaurantes temáticos de entretenimiento. Es un bar,
describe el columnista, que se ubica justo frente a un hotel que el ex
mandatario ha elegido como escondite. Un vistoso Marriot en la ciudad de
Alburquerque, Nuevo México, una de las dos más grandes de aquel estado junto a
su capital Santa Fe.
Pero en la
Fiscalía General de la República siguen sin encontrarlo. Ni los duchos de la
Interpol han dado con él, que se esconde a la vista de todos.
Un común
denominador tienen los priistas perseguidos del sexenio pasado, los ex
gobernadores Javier y César Duarte, el ex director de Petróleos Mexicanos y la
ex Secretaria de Desarrollo Social, Rosario Robles: se estima en
investigaciones locales y análisis sobre los delitos de los cuales se les
acusa, que parte del dinero desviado, desfalcado o defraudado, fue destinado a
la inversión en campañas políticas del Partido Revolucionario Institucional.
El otro
denominador común es el ex Presidente Enrique Peña Nieto.
En sobradas
ocasiones el Presidente Andrés Manuel López Obrador ha declarado que no
investigará a los ex presidentes a pesar que así lo prometió en campaña, y
durante 12 años fue su principal bandera de lucha política, señalar la
corrupción y acabar con la misma.
El día de
ayer el Juez que conoce de la investigación que mantiene en prisión a Rosario
Robles por el caso conocido como la “Estafa Maestra”, deslindó de la indagación
a José Antonio Meade Kuribreña, luego de que había requerido el documento de
entrega-recepción de la Secretaría de Desarrollo Social que dejó Robles y
recibió Meade, suponiendo que éste debió conocer –pero tampoco hizo algo al
respecto- de las irregularidades para sacar miles de millones de pesos de la
secretaría.
Después de
amedrentar con llamar a declarar al ex Presidente Peña, el abogado de otro
prófugo de la justicia, Emilio Lozoya Austin, se ha quedado callado. La madre
del ex director de Pemex, que fue detenida en Alemania, logró que un Juez
suspendiera en definitiva la orden de captura en su contra.
Javier
Duarte de Ochoa, quien liberó un video donde pretende hacer evidente que su
captura fue pactada con el Gobierno de Peña Nieto, ahora hace uso de redes
sociales para fijar su postura sobre el acontecer diario de México y sobre su
caso, evidenciando que cuenta con medios para estar informado y para
interactuar, así sea con la ayuda de terceros, con el exterior de la prisión,
aun de manera virtual.
César Duarte
se esconde públicamente. Quienes le conocen lo ven, al periodista Loret le
proporcionaron imágenes del mismo en un lugar público donde no se le ve
preocupado. Tampoco se aprecian cambios en su fisonomía. Es el mismo acusado de
peculado agravado y desvío de recursos que el Gobierno de Peña no quiso detener
y que la Fiscalía General de la República en la cuarta transformación, tampoco.
Un video de
un ex Gobernador, las fotos de otro, la suspensión a la orden de aprehensión
contra la madre de un ex funcionario, el deslinde a José Antonio Meade de la
investigación de la “Estafa Maestra”, todos casos que parecen hilvanarse en el
manto de impunidad que cubre al ex Presidente de México, Enrique Peña Nieto. La
impunidad que trasciende administraciones federales en favor del priismo que
ocupó la Presidencia de la República.
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