Javier Risco.
Hace una
semana no sabíamos hacia dónde íbamos, mucho menos pensábamos de lo que éramos
capaces. Teníamos tantas cosas en la cabeza que nos creíamos superados.
Volteábamos hacia todas partes buscando alguna explicación o alguna solución
expedita; el próximo año, 2018, lejos de ser futuro nos mostraba un pasado
conocido, nos sentíamos arrinconados entre opciones conocidas y corrupciones
aceitadas.
Hoy somos
distintos, hemos entendido que –desde
siempre– en nosotros está lo que queremos como sociedad. No olvidaremos estos
días, pero vienen los más difíciles, la esperanza se convierte en milagro y
esperar lo peor llena los espacios en blanco de las crónicas de la ciudad.
Nos han sacudido la razón y con estos
nuevos ojos solucionaremos los problemas del pasado. ¿Cuánto durará esta
inercia? No lo sé, pero tenemos que aprovechar que nos hemos quitado la máscara
de la desconfianza. Con esa mano que ayuda a levantar una piedra, con ese
silencio en busca de alguien que nunca habías visto, y con ese dolor tan presente,
debemos construir ciudadanía, exigir justicia.
El sismo del
19 de septiembre no sólo abrió heridas, grietas y paredes, también abrió el
hambre de los mexicanos de tomar acción, de no esperar respuestas, sino a
darlas, regresó la fuerza de exigir y el coraje para no agacharnos, para ser
coherentes, cooperativos, para anteponer a todos y enterrar el egoísmo.
Es ese coraje, esa voluntad de
transformar, esas ganas de exigir lo que es nuestro derecho lo que debe
impulsarnos ahora para retomar aquellos temas que 7.1 grados de magnitud
pusieron en pausa, pero que no han quedado en el olvido, sino que ahora se
harán más presentes.
Porque no
olvidamos a Mara Castilla, la joven veracruzana asesinada en Puebla, porque no
es suficiente que haya un presunto responsable en prisión ni basta con
sancionar a una plataforma de transporte, ni con clausurar el bar donde se le
vio por última vez, porque violaba el horario permitido, no basta porque en México también duelen las miles de mujeres que son
víctimas de violencia e impunidad, y cada una merece justicia y políticas
públicas que las protejan.
Porque NO olvidamos que este país solidario se
merece una Fiscalía fuerte, autónoma, porque no basta con que los partidos
crean que nos hacen un favor negociando un pase automático, porque no es
suficiente quitar a una persona, si no tenemos la certeza de que quien llegue
esté comprometido con investigaciones independientes que combatan la corrupción
que nos aplasta. Porque no olvidamos que aún se necesita una #FiscalíaQueSirva.
Este sismo NO nos hizo olvidar que aún hay 43 padres
que buscan a sus hijos desde hace 36 meses, ni olvidamos que 15 personas
ejecutadas extrajudicialmente en Tlatlaya no han recibido justicia ni sus
familias respuestas.
El 19 de
septiembre despertó a los miles de ciudadanos que no han dejado atrás la
exigencia de condiciones más equitativas para los candidatos independientes,
que en estas semanas deberían hacer un triple esfuerzo para generar una
estructura que les permita ser una opción competitiva en las próximas
elecciones.
Porque
ningún muro en la frontera les quitó a niños de San Diego y de Tijuana las
ganas de cantar "Cielito Lindo" como señal de la unión y el amor que
supera odios raciales e intolerancia de gobiernos.
Porque aún no olvidamos que Javier Valdez,
Miroslava Breach y un centenar de periodistas más siguen sin justicia y miles
más están expuestos por hacer su trabajo.
Debemos
llevar esta empatía, esta razón a los temas nacionales, porque si somos capaces
de organizarnos para limpiar una zona derrumbada, podemos también construir un
sistema de justicia eficaz y autónomo. Porque si somos capaces de alimentar a
cientos que quieren salvar vidas, somos capaces de alimentar a cientos de
comunidades olvidadas por el Estado. Porque si somos capaces de encontrar cinco
días después a un mexicano vivo en los escombros, debemos de ser capaces de
tomarnos de la mano y exigir un país a la altura de los ciudadanos que hemos
demostrado ser.
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