¿Dónde están los muertos de
Chimalpopoca y Bolívar? ¿Quiénes son? Se han convertido en fantasmas, en las
figuras más misteriosas de la desgracia. En el cuarto amanecer después del
sismo, en el predio donde hubo un edificio de cuatro pisos que albergaba dos
fábricas textiles, y una de juguetes, ya no hay nada. Ya está limpio. De todo.
Desde la tarde y hasta entrada la madrugada, máquinas pesadas barrieron para
darle paso al baldío. Ahí, donde pudieron estar cientos de trabajadores
indocumentados de la industria textil mexicana.
Porque los fantasmas de Chimalpopoca
y Bolívar sí existieron. Tuvieron nombres y vidas. Hasta antes de las 13:14,
hora de temblor, iban a trabajar a ese sitio.
Así lo
demuestra un cúmulo de papeles encontrado entre los despojos y que está bajo el
resguardo de esta casa editorial. Se trata de un folder que contiene listas de
proveedores, clientes, correos electrónicos, diagramas y currícula.
Doblados, averiados, con señas de
lluvia y huellas de pasos, en esos papeles abandonados están escritos nombres
en caracteres chinos y coreanos. Está el currículum vitae de Ying Xia Lai, una
joven considerada como desaparecida, en chino mandarín. En él, narra que
aprendió español como segundo idioma por intereses sociales.
También el boleto de avión de Chin
Chien Ju, quien voló de Los Ángeles a la Ciudad de México en 2014 y quien
también es buscada, según las redes sociales.
Rescatistas en el sitio describieron
para SinEmbargo que tras 24 horas de trabajo estaban a punto de llegar a un sótano.
Ese hallazgo hizo crecer la idea de que en el predio había algo más de las
fábricas de telas que en apariencia podían apreciarse. Algunos de los
voluntarios que acudieron a la escena creen que el sitio escondía un taller de
trabajo. Eso ya no puede saberse.
A las 17:00
horas del viernes 21, el cuerpo de Granaderos de la Secretaría de Seguridad
Pública de la Ciudad de México ingresó a la zona y tomó la custodia del predio.
Los cientos de voluntarios que desde la
primera hora de la tragedia llevaron víveres, así como los rescatistas que se
mantuvieron en el pico de la montaña de escombros, fueron desalojados. Cuando
salió el sol, la esquina estaba limpia de cascajo. Y el vecino “callejón del
triunfo”, por donde se podía llegar a las ruinas de la fábrica, había
tranquilizado su trajín de los días posteriores al sismo.
Enseguida,
elementos de la Marina Armada de México acordonaron el predio y así, declararon
el punto final de la labor del rescate. No se ha cumplido ni siquiera una
semana de la tragedia, y en la colonia Obrera ya hay que volver a empezar.
El 19 de
septiembre de 2017, este es el punto de la Ciudad de México de las malditas
coincidencias. El mismo día de hace 32 años un sismo entregó una verdad. Las
costureras trabajaban a destajo, contra el tiempo marcado por relojes gigantes,
sin poder ir al baño. Los derechos humanos y laborales eran “tijereteados” en
talleres clandestinos. Esa crisis originó el Sindicato 19 de septiembre, el
primero en México en el que predominaban mujeres. Pero esa asociación no
alcanzó a remendar nada.
El pasado martes, la industria volvió
a quedar al descubierto. Dos fábricas textiles se fueron al suelo sin que se
supiera cuántos trabajadores había en ellas.
Esta es una historia de la industria
textil, cuyo aparato laboral está basado en unos 300 mil trabajadores
informales, de acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística
Geografía e Informática (INEGI).
Según datos
del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Industria de la Costura,
Confección, Vestido, Similares y Conexos 19 de septiembre, los costureros
sobreviven con salarios que van de 650 a 700 pesos a la semana, apenas dos mil
800 pesos al mes.
Si en 1985,
las fábricas se cayeron por saturación de máquinas y mercancía; en 2017, ¿qué
ocurrió? ¿Quiénes son los que cayeron en la fábrica de textiles en 2017?
¿Cuántos eran? Son preguntas que rebotan en el silencio al caer la noche del 23
de septiembre en el predio de Chimalpopoca y Bolívar.

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