Gustavo De
la Rosa.
Cuando daba
clases de Introducción a la Filosofía en los ochenta, ofrecía este ejercicio a
mis alumnos de preparatoria: Cuando se
logra encontrar la falsedad absoluta se ha encontrado también la verdad, pues
sólo basta invertir la primera para descubrir la segunda. Había olvidado esta
anécdota hasta que, durante estas campañas, noté que el candidato Meade miente
mirándonos directo a los ojos.
La primera de sus mentiras es su
presunción de honestidad y anticorrupción, que ha repetido tan insistentemente
que él y sus asistentes de campaña ya creen que van convenciendo. Y así van
mentira tras mentira.
Dice que fue un funcionario eficiente
para el beneficio de los mexicanos, que el país progresó durante los sexenios
en que sirvió, que respeta los derechos humanos y que lo indigna la corrupción
de los funcionarios de Gobierno.
Promete que logrará una educación de
excelencia; asegura que habrá escuela, trabajo o negocios para todos los
jóvenes; hospitales públicos para todas las familias y que todos los niños, al
nacer, tendrán derecho a la salud, buena nutrición, educación y hogar.
Afirma que combatirá la inseguridad con un modelo
integral, garantizando a los mexicanos igualdad en acceso a la alimentación,
educación, salud, recreación y un empleo digno; que la prioridad serán las
mujeres y que todos avanzaremos parejos, alcanzando un piso mínimo de
oportunidades y calidad de vida.
Y acusa a López Obrador de ser populista.
Todos los males que dice que
combatirá son los que han producido las administraciones públicas federales
para las que su padre y él han trabajado; no se puede entender por qué dice todo esto a menos
que realicemos el mismo ejercicio filosófico mencionado anteriormente e
invirtamos el sentido negativo a afirmativo, o viceversa en este caso, para
entender su mensaje:
Si dice “no soy corrupto”, la verdad
es “sí soy corrupto”; “trabajé para todos los mexicanos” se lee como “no
trabajé para todos los mexicanos, sólo para unos cuantos”; “garantizaré
igualdad en el acceso a la alimentación, educación, salud, recreación y un
empleo digno” se convierte en “mantendré las grandes desigualdades que
existen”.
Todo lo que dice que va a cambiar, en
realidad es lo que va a mantener.
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