La hija del
Maquío Clouthier, es una revelación
mediática, por su desempeño en los sets de televisión por su papel de
coordinadora de la campaña presidencial de López Obrador.
La sinaloense escucha, reflexiona,
argumenta, confronta y desarma con una agilidad sorprendente a representantes
de los adversarios del candidato de la coalición “Juntos haremos Historia”.
Su acento
norteño, seguro y contundente, habla no
solo de una mujer experimentada en las lides electorales, sino de convicciones
políticas que contrasta inmediatamente con quienes están en la política por
otras circunstancias menos edificantes, más la política como negocio.
No se amilana, sino enfrenta con
severidad a oponentes del tamaño mediático de Jorge Castañeda, Javier Lozano o
Aurelio Nuño o entrevistadores rudos y con claras preferencias partidarias que
buscan descalificar con todo a su representado.
Sabe cuál es su tarea en los medios
de comunicación y el papel que están jugando las redes sociales en la decisión
del voto: Defender la propuesta de AMLO y el rostro diverso, plural e inédito
de la coalición y para ello si es necesario expone sus diferencias con el
tabasqueño, como fue el caso de la inclusión en la lista al Senado de Napoleón
Gómez Urrutia.
Y vaya es
diversa la coalición “Juntos haremos Historia”, es en un sentido estricto un
frente político, pues en ella confluyen sectores conservadores que se han
separado del PAN y el PES, sectores progresistas variopintos de la política y
la sociedad incluso radicales y hasta grupos antisistema, como son los
provenientes del magisterio u otras expresiones políticas regionales.
Todos parecen estar contentos con su
imagen, su estilo directo, fluido y contundente, su gran capacidad de
argumentación que delata un gran conocimiento de los temas nacionales y de los
entresijos de la política, que aprovecha con inteligencia los lapsus, errores e
inconsistencias de sus contertulios frecuentemente varones.
Tiene muy claro lo que está en juego
en esta elección presidencial y sabe cuál es su papel como coordinadora de la
campaña, lo ejerce a voluntad y con ese tesón donde sin duda está la escuela
que enseñó su padre a muchos y que a ella le mereció ser perseguida en Culiacán
luego de actos de resistencia civil de 1986.
Su imagen trasmite empoderamiento de
las mujeres, he leído en redes a mujeres que dudan de AMLO, pero dicen
abiertamente que van a votar por el tabasqueño gracias al talante crítico y los
argumentos que ella expresa en cada intervención en los grandes medios y en
cada mensaje en redes sociales.
A muchas de ellas les agrada ver con
que libertad que enfrenta a tipos conversos, insoportables, como es el
infumable Javier Lozano quien, con el viejo cuento de la “oferta de liberación
de criminales” que habría hecho AMLO, lo ha puesto en ridículo al punto de
llamarlo “analfabeta funcional”, porque en horario estelar le dijo que lee,
pero no comprende lo leído, y aquel sacudido solo logró expresar un melifluo:
Vámonos respetando.
Sabe que
viene lo fuerte de la campaña, que están en marcha las mejores estrategias en
contra de su candidato, y ello que exige tener respuestas razonadas, rápidas y
precisas para conservar la ventaja que hoy ofrecen todas las encuestas de
intención de voto que prácticamente llega al 50 por ciento (Reforma dixit).
No es nada
fácil, sobre todo, cuando se aprovecha cualquier expresión que ponga en duda la
justificación, oportunidad y viabilidad de sus ofertas políticas y es que en
una campaña los adversarios cuestionan todo y tienen puestas las antenas para
sacar tajada de los exabruptos discursivos de AMLO.
López
Obrador, cae con frecuencia en ese hoyo de las respuestas a bote pronto y hay
que sacarlo de ahí con los mejores argumentos, y esa es la tarea de la
coordinadora de campaña además de guiarlo con cautela por el camino espinoso de
una elección presidencial.
Como estratega tiene claro cuáles son
las fortalezas del candidato para convertirlas en oportunidades, en votos;
igual, cuáles son las debilidades para estar atentos en las amenazas que pueden
provocar en la campaña.
Y eso no es fácil con un candidato
como AMLO, que va en la tercera candidatura presidencial, que “se las sabe de
todas, todas” y frecuentemente, aunque se diga lo contrario no practica la
autocontención verbal en temas sensibles, polémicos o polarizantes, pero
tampoco da marcha atrás en sus yerros, va como dicen los políticos españoles,
en una fuga permanente hacia adelante.
¿Pero de donde sale esta mujer que es
una revelación mediática en la política nacional? Además de ser hija de Manuel
Clouthier que es un distintivo político, una marca electoral, ella como Manuel
su hermano, ha construido una identidad propia que se traduce en un
robustecimiento de algo que podríamos llamar ya clouthierismo, es decir, una
forma de concebir la política, una manera de hacer política, una idea del
ejercicio del gobierno y un estilo de trasmitir el mensaje político.
Tatiana,
recuerda, en una de sus intervenciones que participó en las luchas que desplegó
en los ya lejanos años ochenta, en los movimientos de resistencia civil que
ocurrieron en la segunda mitad de los años ochenta en Culiacán seguramente como
militante del PAN que en esos años vive su mejor momento, luego se va a vivir a
Monterrey donde forma una familia, no obstante, su activismo político continúa participando
en el partido y en organizaciones de la sociedad civil.
En el PAN
permanece hasta 2005, seguramente desencantada como su hermano del gobierno de
Vicente Fox, fue coordinadora de elecciones locales y federales, fue diputada
federal suplente en la LV y titular en la LIX legislatura y en 2009 en un
acuerdo para usar el registro del partido Nueva Alianza se presentó como
candidata independiente al gobierno municipal de San Pedro Garza García,
quedando en tercer lugar de la contienda con el 23 por ciento de los votos.
En las
organizaciones de la sociedad civil es notorio su activismo en la Alianza de
Organizaciones Ciudadanas, Red Cívica, Opción Ciudadana, Grupo San Ángel y
Evolución Mexicana, además de ser miembro de Women’s Democracy Network, un
grupo de promoción de la Cultura de la legalidad, además de ser colaboradora de
medios como Reporte Índigo, columnista de El Porvenir y El Financiero, autora
de tres libros: Crónica de un Fraude Anunciado (1992) en coedición; Curul 206.
Una visión del Congreso (2006) y Maquío, mi padre (2007).
Esta
trayectoria data desde los años ochenta cuando el panismo se renovaba, que
buscaba salir del ostracismo doctrinario, para convertirse en gobierno y esa
corriente fue pieza clave en los triunfos sinaloenses no reconocidos en 1983 y
la primera concertacesión ocurrida en Mazatlán en 1989, y es lo que explica
mucho la personalidad y talante de Tatiana que con su punch pone a prueba la
firmeza de comunicadores oficialistas y voceros de otras candidaturas
presidenciales.
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