Ricardo Ravelo.
Tierra de capos y lavadores de
dinero, la Comarca Lagunera es una región donde el narcotráfico y todas las
versiones del crimen organizado operan con absoluta impunidad. La policía forma
parte de los cárteles de la droga que ahí operan, los hombres poderosos, los
dueños del dinero, imponen su ley y no existe autoridad alguna que ponga freno
a la violencia que campea por doquier.
Es tierra de nadie.
En este escenario de violencia y de
impunidad se maneja el periodista Juan Monreal López, propietario de la revista
impresa y electrónica El Demócrata Norte de México, quien hace unos días fue
demandado por daño moral.
Quien lo
acusa es Leticia Herrera Ale, ex alcaldesa
de Gómez Palacio, Durango, quien es hija del extinto empresario Carlos Herrera
Araluce, durante años señalado como el padrino de la droga en La Laguna.
Juan Monreal
ha realizado una labor informativa muy
valiente en esa región y sin duda que por esa razón su vida corre peligro. Ha
sido amenazado de muerte en varias ocasiones y ahora está enfrascado en un
juicio con una de las familias más poderosas de Durango, por décadas señalados
públicamente de servir a los intereses del narcotráfico y al lavado de dinero.
Hay que
recordar que antes de morir, el señor
Carlos Herrera, fundador de la empresa Chilchota, fue atacado a balazos por un
comando armado, presuntamente Los Zetas –cártel que arribó a la Comarca
Lagunera enfrentándose a los cárteles de Sinaloa y de Juárez –porque se
aseguraba que Herrera era el que otorgaba las concesiones a diversos grupos
criminales.
Esto lo dijo Enrique Ruiz Arévalo en
2007, horas después de haber sido secuestrado en Torreón, Coahuila. El
coordinador antisecuestros fue llevado a una casa de seguridad donde le
vendaron los ojos y fue interrogado bajo tortura. Luego fue asesinado. Ni su
cuerpo apareció.
En un video
estremecedor, difundido por los medios de comunicación, Ruiz Arévalo declaró que Carlos Herrera estaba involucrado en el
narcotráfico, que él asignaba las plazas a los grupos criminales y mencionó que
su escolta cuidaba a una de las esposas de Joaquín Guzmán Loera cuando visitaba
La Laguna, a donde con frecuencia iba de compras.
Todo esto
forma parte de una historia documentada y pública. Por eso no es un caso menor el que enfrenta Juan Monreal López, quien
ha solicitado el apoyo de amigos y colegas, así como del gobernador de Durango,
José Rosas Aispuro, cercano a Leticia Herrera, para que frene el conflicto.
Pero ni el gobernador ha podido resolverlo. Ante Leticia Herrera, Rosas Aispuro
se debilita. Le tiene miedo, se asegura.
El encono entre Juan Monreal López y
Leticia Herrera surgió porque la ex alcaldesa de Gómez Palacio se ha molestado
por las publicaciones que ha hecho Monreal respecto a la corrupción en el
ayuntamiento duranguense, los negocios al amparo del poder, como la adquisición
de terrenos, entre otros. También porque se le ha cuestionado debido a sus
prolongadas ausencias.
Pero quizá
lo que más molestó a Leticia Herrera fue
una nota en la que Monreal dio a conocer que Paco Bardán, quien fue coordinador
de la campaña de Leticia Herrera, tiene un pasado criminal: cuando fue
funcionario del área de alcoholes en Coahuila fue sorprendido por agentes
federales en posesión de armas, pastillas psicotrópicas y bolsas de cocaína,
según escribió Monreal.
Por esa razón fue detenido y
encarcelado. A través de diversas maniobras políticas y tráfico de influencias,
Bardán fue liberado bajo el argumento de que la droga que le hallaron había
sido sembrada y sus abogados aludieron que los responsables de ese hecho fueron
los dueños de bares y cantinas afectados con las clausuras de sus negocios.
Cierto o falso, el hecho es que Bardán reapareció al lado de Leticia Herrera
como su coordinador de campaña a pesar de sus antecedentes.
Juan Monreal
es quizá uno de los periodistas mejor
informados de La Laguna. No es el único que ha enfrentado denuncias por daño
moral. Otros, sin embargo, no han sobrevivido para contar sus experiencias,
pues han sido asesinados o desaparecidos por el poder criminal impune que
impera en La Laguna.
LA SITUACIÓN QUE ENFRENTA EL
PERIODISTA ES DEL CONOCIMIENTO PÚBLICO Y DE LAS AUTORIDADES: LAS QUEJAS POR EL
ACOSO Y LAS AMENAZAS QUE ENFRENTA SON DEL CONOCIMIENTO DEL GOBERNADOR DE
DURANGO, TAMBIÉN DE LA COMISIÓN NACIONAL DE DERECHOS HUMANOS, DEL CONGRESO DE
LA UNIÓN Y DE LA SECRETARÍA DE GOBERNACIÓN.
No hace falta decir que Juan Monreal
corre peligro y en cualquier momento puede ser asesinado si las autoridades no
intervienen para frenar este conflicto.
Está por
verse en los tribunales si el periodista incurrió en daño moral. Hasta donde se puede analizar, el
periodista no ha mentido. Lo que ha
hecho público está sustentado en hechos y en documentos. No hay dolo. Tampoco malas intenciones, como alega Leticia
Herrera en su demanda. En todo caso el periodista estaría en todo su derecho de
acusar a la ex alcaldesa de Gómez Palacio de amenazas de muerte y de un
persistente acoso por parte de sus colaboradores.
No hay que
olvidar –y se espera que las autoridades
no soslayen este hecho –que Leticia Herrera proviene de una familia poderosa y
con muy mala fama en La Laguna. A su padre se le atribuyeron varios hechos,
desde narcotráfico hasta presuntos asesinatos que jamás se han investigado. Un
caso, por ejemplo, fue el asesinado de tres pilotos que se hospedaron en un
hotel propiedad de Herrera. De ahí fueron secuestrados, presuntamente por
Sergio Villarreal Barragán, “El Grande”, quien había ordenado darles “piso”. El
Grande, según los señalamientos de Ruiz Arévalo, era el jefe de la plaza del
narcotráfico en La Laguna, posición a la que arribó con la venia del señor
Herrera Araluce, según declaró Ruiz Arévalo antes de morir.
Estas y otras historias dan cuenta de
qué tipo de personas son las que ahora tienen a Juan Monreal en situación
difícil. Es la guerra entre la prensa crítica y el poder criminal.
JUAN MONREAL PUEDE SER ASESINADO EN
CUALQUIER MOMENTO. Y LAS AUTORIDADES DE DURANGO LO SABEN, PERO NADIE HACE NADA.
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