Diego
Petersen Farah.
Ya pasaron
ocho días y no ha pasado nada. Los candidatos siguen empecinados en las mismas
estrategias, para bien de uno y mal de todos los demás. Siempre lo mismo, como
con Raúl Velasco.
Andrés
Manuel juega a que ya todo está definido. Sin rubor, dice que va 20 puntos
arriba, aunque esa diferencia no la tenga ni Obama. Meade dice que ya va en
segundo, pero como en el viejo anuncio de Volkswagen, “aunque sea en su
cabeza”. Anaya insiste en que ya solo quedan dos, pero la realidad es que él
como segundo sigue más pegado al tercero que al primero. Y Margarita nos quiere
hacer creer en que está crece y crece. Es más que evidente que el único que
entiende de qué va una campaña electoral es López Obrador, que de eso sabe
todo, mientras que los otros tres dejan ver que nunca hicieron campaña ni
siquiera para representante de su salón.
Pero nada
está cambiando entre otras cosas porque todos siguen haciendo lo mismo. La
estrategia de Meade de provocar a los adversarios con el tema de los ingresos y
la situación patrimonial ya no pegó. Nadie se va a montar en un debate que el
electorado no está pidiendo. Su declaración 7de7 pasó sin pena no gloria porque
nadie está discutiendo ese asunto. Si después de cinco semanas con la misma
cantaleta no han podido posicionar el tema, es momento de que busque otro.
Ricardo
Anaya tiene un problema grave: su discurso no emociona. Es plano, aburrido,
repetitivo y muy pero muy lejano de los intereses y las emociones de los
votantes. Se le olvida que el puesto en disputa es el de presidente de la
república y no el de director de sistemas de una empresa de innovación. Qué
bueno que tenga todas esas ideas y sea un geek. pero lo que los electores
buscan es alguien que los represente. El voto no es racional, es emocional y
Anaya aún no lo entiende.
Andrés
Manuel sigue marcando la agenda e imponiendo su triunfo como un hecho
inevitable. Eso en una campaña vale oro y es la mejor manera de mantenerse
arriba. En lo que puede estar equivocándose es que si quiere que comiencen a
verlo como presidente tiene que comenzar a comportarse como tal, esto significa
sobre todo dejar se ser acomodaticio, mandar mensajes claros y tener un
discurso coherente. Mientras siga enviando mensajes ambiguos sus adversarios
seguirán vivos.
El punto de
quiebre será el debate del 22 de abril. Si ahí Meade o Anaya logran romperle el
saque a Andrés Manuel alguno de los dos puede regresar al partido. Pero si
Meade y Margarita atacan a Anaya, y Anaya ataca a Andrés en su tono de Ted
Talk, a López Obrador le bastará con hablar más despacio que de costumbre y
dejar correr el tiempo para no equivocarse.
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