Georgina
Morett.
Al parecer,
de la elección de 2006 a la fecha ha cambiado todo, menos Andrés Manuel López
Obrador. El partido que lo postuló ya no es el mismo, a pesar de que gran parte
de sus militantes sí lo son; el PRD es casi inexistente en la actualidad; la
lucha por las libertades individuales no la encabeza ningún instituto político;
el PRI, ni de chiste tiene el voto duro de entonces, y no hay un actor político
capaz de aglutinar a los demás.
A estas alturas de la campaña, cuando
llevamos apenas 19 días, el candidato de Juntos Haremos Historia puede darse el
lujo de burlarse de sus contrincantes, de decir mentiras, de enfrentarse a uno
de los empresarios más fuertes del país y, al parecer, no pasa nada: continúa
creciendo en las encuestas, pésele a quien le pese, y todas las acciones que se
perfilan para pararlo han dado contra la pared.
Se decía que
si Jaime Rodríguez, El Bronco, aparecía en la boleta, le quitaría votos;
también que pegarle al candidato de Por México al Frente, Ricardo Anaya, le
daría votos al aspirante de la coalición Todos por México.
Pero nada de eso ha sucedido. De
acuerdo con la última encuesta del periódico Reforma, el único beneficiario de
las campañas en contra de Anaya ha sido, precisamente, López Obrador.
Como señaló Carlos Slim en su
conferencia de prensa, los empresarios están preocupados por el destino de sus
inversiones, después
de las declaraciones que ha hecho el puntero López Obrador respecto a la
construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM).
Sin embargo, a pesar de que ya hay
voces en contra, el candidato no sólo goza de cabal salud política, sino que
además parece inmune al golpeteo de quien sea.
En 2006, más
o menos por estas fechas, los gobernadores priistas jugaron un papel
fundamental para dar el viraje y esto permitió el triunfo de Felipe Calderón.
En ese tiempo, el PRI gobernaba 17 entidades y era un partido cohesionado, pero
actualmente no cuenta con esa fuerza ni existe un personaje político que tenga
la estructura económica y territorial, como la tuvo Elba Esther Gordillo con el
SNTE; por estos y muchos otros motivos, López Obrador puede no cambiar, ya que
fue la realidad la que se transformó, llevó a la ciudadanía al enojo y
desdibujó a los partidos.
Ganó la
telenovela.
El debate de
los candidatos a la Ciudad de México era el quinto lugar, de acuerdo con lo más
visto en izzi y, por supuesto, el primer lugar lo tenía la telenovela Tenías
que ser tú, y eso que no es la estelar de Las Estrellas.
Pero nadie
podría echarle la culpa a la gente, ya que fue bastante aburrido y poco claro.
Tanto candidato hizo muy pesado verlo y cayeron en las descalificaciones, pero
sin argumentos sólidos, ni siquiera se prepararon con material estadístico. Es
increíble tanta pobreza intelectual.
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